el personaje

Ricardo Pascale: "Cuando creo es cuando me siento más libre"

Artista y economista, ahora prepara un viaje a Perú para exponer sus esculturas, reeditará un libro y sostiene que el conocimiento aplicado es la llave hacia el futuro.

Ricardo Pascale
Foto: Francisco Flores

Sería natural encontrarse con Ricardo Pascale y hallar a un hombre que a los 75 años mira principalmente hacia atrás para repasar logros y lo que haya quedado pendiente. Pero Pascale sigue mirando hacia adelante en las dos disciplinas que le marcaron la vida y siguen pautando su cotidianidad: la economía y el arte. Continúa ejerciendo la docencia como profesor emérito y además está revisando uno de sus libros más importantes, Decisiones financieras, para una futura y nueva edición, la séptima que tendrá ese título.

Es que, como explica, hay varias cosas de esas páginas que se han oxidado, y él se impone a sí mismo estar más o menos al día de lo que ocurre en el área que lo llevó a ser presidente del Banco Central dos veces, durante las respectivas presidencias de Julio María Sanguinetti.

Pascale recibe a Domingo en el living de su casa, sentado en un sillón que mira hacia una mesa ratona que abajo del vidrio (en el cual su esposa apoya dos tazas de un muy rico café), tiene una pequeña biblioteca. Los libros, todos de arte, se amontonan uno arriba del otro en el espacio que va desde la madera soporte hasta el grueso vidrio. Hay un único libro que sobresale entre tanto arte: Peñarol, serás eterno como el tiempo..., de Enrique Benech.

—Veo que mantiene su condición de hincha de Peñarol...

—En realidad este libro está acá por la tipografía de la portada, que es de Julio Vilamajó.

Y uno que pensaba que Pascale iba a empezar a recitar integraciones del equipo al cual adhiere. Él se saca de encima a Peñarol enseguida. Hay cosas más importantes sobre las que conversar. Como, por ejemplo, por qué sigue ejerciendo la docencia. "Estoy tratando de devolver una deuda que tengo con el Estado, con la sociedad uruguaya. Todos pagaron impuestos, todos me pagaron la educación. Entonces, de alguna manera esto es tratar de pagar una deuda, que, la verdad, nunca voy a terminar de pagarla".

No es habitual encontrarse con alguien que hable de tener una deuda con Estado y querer saldarla. Las más de las veces, el Estado es una entelequia a la que hay que reducir, y si se puede, escabullirse de sus tentáculos administrativos y burocráticos. "Sí, un poco es así. Es que estoy hablando de un Estado en el cual los que estudiábamos éramos muchos menos. No estoy diciendo que eso estuviera bien, claro. Pero había otros oficios, la sociedad era distinta. Como éramos tan pocos, tuvimos acceso a los mejores maestros, y eso fue muy importante. Además, hay que estudiar. Mi abuelo siempre me decía que estudie dos horas por día, y es un buen consejo. Siempre me gustó mucho estudiar. El saber es acumulativo".

El gusto por formarse y cultivarse lo lleva de inmediato a uno de sus temas predilectos: "El conocimiento como bien económico es un bien no rival ¿Qué quiere decir eso? Que no se agota. Si yo le regalo una banana y usted se la come, ya está. No queda nada. En cambio, si usted entra a Internet se descarga mi libro en formato PDF y otros hacen lo mismo, entonces el conocimiento se esparce, se difunde".

Es que para Pascale, el conocimiento aplicado a la economía es lo que nos va a impulsar como país. En su visión, hay que aplicarlo a todo lo que se haga y produzca. Ya no importan tanto como antes los recursos naturales. Lo que es relevante es cuánto saber se le inyecta a eso que se produce. "Podemos seguir exportando carne, pero tenemos que exportar una carne única, una que nos posibilite fijar nuestros precios, no que nos los fijen otros. No hay ningún país desarrollado que no haya apostado o no esté apostando a la economía del conocimiento", asevera.

Y agrega que es optimista, que se puede lograr porque cuando Uruguay quiso consensuar algunos temas, lo consiguió.

Cuando Pascale habla de esto lo hace tanto desde el lugar de economista como el de un ciudadano que ocupó cargos importantes y tiene opiniones políticas definidas. Dice que le "hace ruido" escuchar hablar de economía desde un lugar técnico. "La economía es básicamente una ciencia social. Estudia al hombre. Le metemos matemáticas, pero a la hora de actuar son otras cosas las que determinan una decisión".

—Digamos que usted va a una reunión y están Mario Bergara, Javier de Haedo y Antonio Elías (todos economistas de distintas orientaciones políticas). ¿Hay cosas en las que ya están de acuerdo de antemano, antes que empiecen las discusiones?

—Sí, las hay. Que el déficit fiscal tiene que ser bajo, ya no se discute. Que la inflación no es una cosa saludable y que perjudica a las clases que tienen ingresos fijos, tampoco. Pero hace 40 años incluso esos temas se discutían mucho.

Eso sí: a la hora de asignar recursos y fondos necesariamente van a comenzar las polémicas, agrega. Ahí entra a tallar la filosofía y la orientación política de cada uno. "Cuál es el fin último de la economía? El bienestar de los ciudadanos. En ese sentido, la economía tiene algo parecido al arte, que también persigue el bienestar de la gente", comenta mientras mira un cuadro de Germán Barcala.

Tránsito

Su vinculación con el arte empezó cuando ya era un hombre adulto, con responsabilidades y otra profesión. Habitualmente quienes empiezan a recorrer los caminos del arte en la adultez rara vez llegan a sacar a relucir sus obras más allá del círculo de familiares, amigos y conocidos.

Pascale, claro está, tuvo un importante capital social al cual acudir para difundir su obra inicialmente, pero a esta altura de su trayectoria por la escultura en madera —su principal disciplina— está claro que tenía el talento y la constancia para trascender al pasatiempo y ser un artista reconocido, tanto por sus pares como por quienes habitualmente visitan los infinitos vericuetos que nacen de la expresión artística. Acá, una selección de las distintas facetas de su obra. 



Foto: ricardopascaleart.com
Foto: ricardopascaleart.com
Foto: ricardopascaleart.com
Foto: ricardopascaleart.com
Foto: ricardopascaleart.com
Foto: ricardopascaleart.com

Rodeado de cuadros y esculturas, muestra y habla con orgullo de ellas. "Esos dos cuadros son de Antonio Saura, el hermano de Carlos, el director de cine. Un capo", dice sobre dos pinturas en su comedor y enseguida empieza a entusiasmarse señalando obras de Antoni Tapiés, de Joan Miró y varios más.

Es que la economía podrá seguir llamando su atención, pero el arte lo moviliza. Si estuvo sentado hasta ese momento, cuando la conversación deriva hacia el arte es incapaz de quedarse quieto. Sube hasta una habitación de su casa y baja con una laptop. Quiere mostrar algunas de las obras en las que está actualmente trabajando, y que lo llevarán a Lima el próximo 16 de abril para una muestra titulada Lima: El elemento. Antes de abrir la computadora dice: "Con esto me fui al carajo", y se ríe. Se trata de una muestra de casi 15 obras que presentará en la capital peruana, todas ellas en madera pero muy distintas a las que le han reportado mayor reconocimiento y notoriedad.

No son esculturas "convencionales", y Pascale recuerda que cuando recién había empezado a estudiar bajo la mentoría de Nelson Ramos, este le había dicho —al ver sus entonces más recientes dibujos— que se estaba saliendo del papel, que sus trazos parecían estar pidiendo corporizarse. De ese comentario de Ramos a la decantación de Pascale por la escultura no hubo muchos más pasos.

Ahora, en cambio, parece estar regresando a la bidimensionalidad. "Y al color", agrega. También parece haber un acercamiento al arte conceptual en ese minimalismo constituido por pequeñas piezas de madera pintada que estarán sobre paredes y que, en parte, fueron inspiradas por las cuerdas vibrantes de las ecuaciones diferenciales.

Antes de abrir la puerta de su casa para despedirse se da vuelta y explica por qué, cuando está creando, es cuando se siente más libre: "Ahí uno está solo, en un viaje en busca de sus esencias, de reencontrarse con el niño que fue, el que no tenía ningún miedo a la hora de pintar y mezclaba colores con total libertad".

Aversión al cambio

"Cuando asumí como presidente del Banco Central, la situación era muy complicada: 120% de inflación; 10% de déficit fiscal, bancos quebrados, 30% de caída de salario real, caída del producto de 15% en los últimos años, una deuda externa agobiante, una deuda interna importante por la devaluación de 1982... Era muy complicado. Pero también vi que más allá de las discrepancias, de que había heridas abiertas, hubo por parte de todos la voluntad de cuidar de la democracia que recién habíamos recuperado. Por eso soy optimista que hoy podamos llegar a consensuar temas importantes a nivel político, porque lo vi, no me lo contaron. Y en lo económico, sentí que tanto el Partido Nacional como el Frente Amplio, por más que hubiese discrepancias con la política económica, nos dejaron hacer", dice Ricardo Pascale. La experiencia fundamenta el optimismo al que hace referencia. "Estamos, me parece, en un momento óptimo para llegar a consensos sobre ciertos temas, como la educación o la economía del conocimiento. Tenemos grandes virtudes como país. No quiero tirar pálidas, pero da la sensación que tenemos cierta aversión al cambio y al riesgo. Y eso está en la base de la innovación".

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