Crece estrés policial

| Cada año aumenta la cantidad de policías y bomberos que requiere atención psicológica. De 2003 a 2010 el número se multiplicó por más de 12. Los casos crónicos también están en alza. Se cree que es solo la "punta del iceberg" ya que muchos funcionarios temen ser asistidos. Sanidad Policial desarrolla una nueva metodología de atención a tres niveles.

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LEONEL GARCÍA

Un policía es un blanco. Así lo resume la psicóloga Graciela Ceschi, jefa de la Unidad de Estrés del Hospital Policial. Está en sintonía con declaraciones oficiales. "Lo mataron por ser policía", dijo el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, al referirse al asesinato, el 8 de marzo, del agente Juan Morales Lacuesta, en Paso de la Arena. Pero esto, el convivir con la muerte y a veces encontrarla, es solo un elemento de una mezcla a punto de estallar.

La suma de componentes prosigue: turnos extensos y rotativos, condiciones laborales que distan de ser las mejores, poco contacto con la familia y mucho con individuos que no dudarían en mandarlos al cajón, vivir situaciones extremas con peligrosa periodicidad, atestiguar desgracias de todo tipo, portar un arma y usar uniforme. Ser un blanco. Ganar poco y -una consecuencia que va de la mano- vivir endeudado. "Si usted junta todo eso por mucho tiempo... detona", afirma Ceschi.

Cada vez hay más uniformados que "detonan". Así lo reflejan las estadísticas de la Unidad de Estrés. En 2002 nació bajo el nombre de Unidad de Distrés Funcional y atendía solo a aquellos policías y bomberos que habían sufrido un estrés postraumático o agudo (luego de sufrir una herida en una balacera, actuar en un siniestro fatal, ser testigo de la muerte de un compañero, matar a una persona en un operativo o ser tomado como rehén). Pánico, irritabilidad, insomnio y hasta rechazo a volver a su lugar de trabajo son algunos de los síntomas. En 2003 atendieron solo 18 casos. Para 2005 ese número trepó a 150. Y en 2010 fueron 222.

El año pasado la operativa cambió. Es que el Departamento de Psicología Ocupacional, también en la órbita de Sanidad Policial, era el que se encargaba desde 2007 de los casos de estrés crónicos, aquellos producidos por años de enfrentar episodios de extrema tensión. Desde 2010, unos y otros, agudos y crónicos, se atienden en la Unidad de Estrés.

Sus responsables afirman que cada año aumenta el número de consultas, que el porcentaje de casos crónicos (un 54% del total en 2010) también se incrementan, y que esto es únicamente la punta del iceberg.

Y bajo el agua persiste el problema en su mayor magnitud. Leonardo Anzalone, subdirector nacional técnico de Sanidad Policial habla de un efecto dominó. "Yo tengo un funcionario que está desenfocado en su parte emocional y eso va a repercutir en lo laboral y en lo familiar". Si bien ni en el hospital ni en los gremios de los uniformados manejan cifras exactas, está el convencimiento de que el índice de suicidios de estos trabajadores públicos es superior al de la población en general. Los casos de violencia doméstica y de adicciones también son muy frecuentes.

Según publicó El Observador el pasado lunes, de 2008 a la fecha hubo 16 policías procesados por delitos de abuso de autoridad, violencia e incluso homicidio en procedimientos policiales. Y no se puede descartar al estrés, como generador de conductas violentas, como una de las posibles causas.

"El estrés es el enemigo número uno del policía", afirma Luis Clavijo, presidente del Sindicato Único de Policías del Uruguay (SUPU). Al igual que otros gremios de uniformados, considera insuficiente el apoyo psicológico que reciben los funcionarios. "Hoy hay un accidente de tránsito y el agente tiene que levantar los pedazos de un niño... y como tal cosa, al rato tiene que seguir prestando servicio. Y mañana tiene un tiroteo, matan a uno o él mata a uno, y lo vuelven a mandar a trabajar enseguida. Y todo eso sin darle una contención psicológica. Creo que eso no es lo correcto".

ir a ellos. La unificación del servicio trajo de la mano un cambio en la política de abordaje del tema: prevenir más que curar, como indica el refrán. Ir hacia los funcionarios policiales de todo el país y no esperar pasivamente a que ellos se acerquen a la unidad. "Cuando vienen acá (a la Unidad) ya tienen un estrés que ha estado evolucionando y pueden ser casos difíciles de revertir. Y como en toda enfermedad es mejor atacarla en sus inicios", explica Anzalone. Luis Heuhs, director nacional de Sanidad Policial, lo resume así: "Se trata de detener el efecto bola de nieve".

Esta política preventiva constará de tres niveles de atención. El primero estará a cargo de los propios policías, bajo la premisa que nadie conoce a sus compañeros mejor que ellos mismos. Un número aún no determinado será seleccionado y adiestrado para detectar señales de alerta. Heuhs, Anzalone y Ceschi coinciden en el perfil idóneo para los funcionarios escogidos para esta tarea: empáticos y con capacidad de escuchar, experientes, dignos de confianza, y conocedores del comportamiento del colega con quien trabajan todos los días, para poder detectar cambios en su conducta. El director nacional se pone en el lugar de estos "policías psicólogos", aunque voluntarios y sin potestades técnicas, y describe su modus operandi: "Yo noto un cambio en su personalidad. Entonces, antes de que empiece el efecto `bola de nieve`, intento acercarme, charlar contigo sobre qué te pasa, si hay un problema laboral o familiar. Y si eso no es suficiente, te derivo al segundo nivel".

El segundo nivel ya será técnico. Se capacitará a 43 psicólogos en todo el país (32 en el Interior), divididos en las 30 unidades ejecutoras del Ministerio del Interior para que sean el nivel intermedio de contención. "La idea es unificar una metodología de trabajo para que el funcionario pueda ser tratado, con las mismas herramientas que acá (el Hospital Policial), en el departamento o división en donde trabaja", explica Anzalone. Si en esas dos primeras etapas no logran buenos resultados, recién entonces se derivará el caso a la Unidad.

Se cree que esta metodología comenzará a funcionar con el correr de este año. Para anteayer estaba prevista una primera tarea de capacitación para psicólogos de Cerro Largo, Treinta y Tres y Artigas. Estas jornadas se repetirán en el resto del país. Anzalone reconoce que la selección de los "policías psicólogos" del primer nivel será la tarea más difícil. "Ya estamos comenzando a trabajar con los jefes de las unidades para saber quiénes serían los idóneos. Calculo que a más tardar en dos meses se comenzaría con la capacitación".

miedos. Ir hacia donde está el problema y no esperar a que éste llegue es también una necesidad. De los 222 funcionarios que se acercaron en 2010, solo 89 (el 40%) lo hizo por voluntad propia. El resto llegó por iniciativa de la dependencia donde prestaban servicio o derivados de otras secciones de Sanidad Policial.

Es que hay varios pruritos presentes. Por un lado, resalta Ceschi, está el mito de que si alguien se acerca a esta Unidad es porque "está loco". También está el miedo a ser objeto de burlas por sus compañeros. Pero el mayor temor es a que le quiten el arma y, con eso, no seguir ejerciendo su tarea o poder traer un ingreso extra a su casa a través del servicio 222 (ver nota aparte).

El antiguo modelo, cuando los funcionarios ya llegaban "detonados" a la consulta, arrojaba un 30% de altas en tratamientos que podían durar hasta tres años. Los abandonos se situaban en un 10%. El 60% restante terminaba en una Junta Médica que decidía una posible derivación a otras dependencias de Sanidad Policial o que, incluso, podía resolver que el individuo no pudiera seguir ejerciendo su función. "Por eso se creó esta Unidad y este sistema -explica Ceschi-. Es más fácil prevenir que recibir a alguien con los síntomas ya instalados".

Anzalone está convencido que con este nuevo modelo esta problemática será más fácil de atacar. "Dentro de un año y medio podremos ver su impacto, que debería repercutir en mejores números".

Pero no todos están convencidos. Clavijo, del SUPU, apunta a otros factores que alimentan el estrés policial y a los que la psicología no llega: si se tiene un servicio 222, la carga horaria puede llegar a 14 o 15 horas diarias, la baja remuneración salarial y las reducciones por préstamos contraídos -que pueden afectar hasta un 70% de los sueldos (ver aparte)-, a los que no duda en calificar como causante de varios suicidios. "Yo me animaría a decir que la Policía está enferma, y tengo miedo que sea tarde para curarla", dice, resignado, este dirigente sindical.

El miedo a perder el servicio 222

La consulta a este servicio no implica necesariamente el retiro del arma de reglamento, indica claramente el folleto de la Unidad de Estrés. La mención no es casual. El secretario general de la Coordinadora Nacional de Sindicatos Policiales (Conasip), Julio Pereira, afirma que "muchos compañeros son reacios a asistir porque si les constatan un problema les retiran el arma y no pueden hacer el 222. Por un lado se los ayuda, por otro se los perjudica".

Graciela Ceschi, jefa de la Unidad de Estrés, se apura en aclarar que quien toma la decisión de quitarle el arma a un paciente es el psiquiatra a cargo de la sección. "Eso puede ser porque es necesario que tome algún tipo de medicación. Y así no puede andar armado".

Leonardo Anzalone, subdirector nacional técnico, enfatiza que un policía armado y con medicación psiquiátrica es tan peligroso como otro con un avanzado estrés.

De todas formas, Ceschi aclara "que no han sido tantos los casos como cree el imaginario". Cuando se le consulta sobre cuántos son esos casos, primero responde con algunos segundos de silencio. "No se tiene registrado, además no es algo automático". Una eventual devolución del arma, agrega, insume un mínimo de tres meses.

Plata. El 90% de los funcionarios policiales es personal subalterno. Entre ellos, el grado más alto es el de suboficial mayor, cuyo sueldo nominal, sin tomar en cuenta descuentos ni compensaciones, es de $ 18.205,80 a enero de 2011. Por el mismo concepto, un agente de segunda (el escalafón más bajo) percibe $ 13.554,56; un agente de primera, $ 14.283,78; un cabo, $ 15.885,74.

De acuerdo con dirigentes sindicales consultados, perder el 222 (este año limitado a un máximo de 150 horas mensuales) le significa hoy a un policía entre ocho mil y diez mil pesos menos de ingresos al mes. Según el último Censo de Funcionarios del Ministerio del Interior, divulgado en 2008, 14.636 efectivos lo ejercían. Ese mismo censo señalaba que el 69% de los uniformados recibía descuentos en sus haberes por créditos solicitados.

Las cifras

27.966 Fuerza real disponible de efectivos policiales en Uruguay a enero de 2011. De ellos, 22.988 son ejecutivos (están en la calle).

1.560 Fuerza real disponible de bomberos en Uruguay, también a enero de 2011. Los que cumplen tareas ejecutivas son 1.440.

120 Casos de estrés crónico atendidos en la Unidad de Estrés del Policial en 2010. Los otros 102 casos fueron por estrés agudo.

El dato

Mayoría de seccionales, pocos granaderos

La Unidad de Estrés funciona en el sexto piso del Hospital Policial. En total ocupa unos 25 metros cuadrados. Se prevé una futura mudanza a la planta baja.

Al equipo lo componen ocho psicólogos, dos psiquiatras, una asistente social y dos empleadas administrativas.

Hay dos consultorios para tratamientos individuales y una sala para una terapia de grupo (que por el reciente incendio en el hospital, hoy está funcionando en el salón de actos).

Según la psicóloga Gabriela Ceschi, la principal causa de consulta son las dificultades a nivel laboral (condiciones de trabajo, horarios extensos, el tiempo sin ver a la familia). La segunda son dificultades de relacionamiento con sus compañeros. La tercera, relacionada con la primera, es por problemas familiares. "Es un círculo vicioso".

Los funcionarios de las seccionales son los más numerosos. Los bomberos vienen más por casos de estrés agudo que crónico.

Los que llegan con menos frecuencia son miembros de Coraceros y Granaderos. "Son los que tienen más espíritu de cuerpo", opina Leonardo Anzalone.

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