Estela Rubio lo tenía muy claro. El día que se jubilara se iba a anotar en un coro. Hasta entonces trabajaba ocho horas en un banco, más el tiempo que le insumían otras tareas… los horarios no le daban. Pero el día llegó, comenzó a averiguar y terminó anotándose no en uno, sino en dos coros que le resultaron complementarios.
Es así que desde 2018 reparte su semana entre los ensayos de Voces de la Ciudadela y Asociación Coral Cantemus, dos ejemplos de los muchos, muchísimos, coros vocacionales que hay en todo el país. Se dice que en Uruguay habría unos mil coros.
Voces de la Ciudadela, por ejemplo, comenzó siendo el coro de la Presidencia de la República dirigido por Andrés Mirza. Pero la pandemia cambió su rumbo porque como psicólogo Mirza comenzó a tener mucho trabajo en la mutualista Círculo Católico y debió abandonar el coro. Tomó la posta Freddy Bessio —el hijo del Zurdo—, que le imprimió un carácter más descontracturado y le dio un repertorio de canciones más populares que surgen de las propuestas que los propios integrantes hacen a fin de año. Bessio hace una selección y los coreutas votan cuáles quieren interpretar. Los temas son en idioma español.
En tanto Cantemus, según define Estela, es un coro “más profesional” creado en 2007, año en que debutó musicalizando una misa celebrada en la Iglesia de Tres Cruces invitado por la Embajada de Panamá para conmemorar el día de su independencia. En este coro hay mucha gente que sabe leer música, aunque no es condición para ingresar porque es algo que se va aprendiendo con el tiempo. Eso le pasó a Estela.
“Yo soy de las personas que solo cantaba en la ducha. Soy la prueba de que a cantar se puede aprender; todos pueden cantar”, asegura Estela a Domingo y recuerda que en Cantemus hasta lo hace en idiomas que no conoce, como el alemán o el latín. “En este coro el repertorio lo marca la directora —María Inés Curutchet—, pero como tenemos compañeros venezolanos hacemos a su pedido muchas canciones que son típicas de ellos”, apunta.
Se podría decir que Estela es como el ejemplo típico de quienes cantan en los coros vocacionales de Uruguay. En general se trata de mujeres de mediana edad o más, y son varios los casos que integran más de una agrupación.
“En Uruguay hay muchos coros femeninos y algún coro masculino. En este momento creo que solo está el Coro de Hombres Gay”, reseña Marysel Caraballo, secretaria de la Asociación Coral del Uruguay (Acordelur), asociación que reúne a más de 1.000 socios y unos 100 coros y que este año está cumpliendo 25 años.
El presidente de Acordelur, Raúl Montoro, que canta en el coro de la Facultad de Artes de la Udelar y en el Ensamble Oikos, señala que en los coros están faltando tenores y bajos, lo cual definió como “histórico”. Marysel, integrante del Grupo Coral Quantum que dirige Víctor Mederos (también director del Coro Juvenil del Sodre), acota que eso hace años no pasaba. Retirada del departamento de Identificación Civil de la Policía, donde trabajó 35 años, Marysel canta desde que estaba en el liceo, en Colonia, en años en los que asegura que muchos hombres se sumaban a las agrupaciones corales.
No existe ese problema con los coros de murga, donde sí predominan los hombres y sin ninguna vergüenza. “Sobre todo en Montevideo, la murga atrae, hay un público más volcado a ella”, comenta Marysel y añade que, atendiendo a esa realidad, en Acordelur se han organizado talleres de murga con Tato Cunha, director del coro del TUMP.
La edad es otro tema. “Se ha envejecido lo que es la gente que integra los coros”, se lamenta el maestro Mario Occhiuzzi, director de Aparcanto, coro que creó hace 35 años y que lleva ese nombre porque en sus inicios cantaban en un apartamento, que era además el que compartía con su esposa Ana cuando recién se casaron. “En ese momento, el promedio de edad estaba entre los 16 y los 20 y pico de años; ahora tengo coreutas entre los 20 y los 63 años”, dice.
Estela cuenta que cuando hacen un llamado de voces para Cantemus, fijan un límite de edad porque sino se presenta gente muy mayor. “Los más jóvenes andan en los 40 o 45 años”, apunta.
Luchar contra prejuicios
“El coro es como la prima fea de la familia”. Así lo definió una vez la esposa de Mario Occhiuzzi y para el director no se equivocó.
“La gente cree que los coros son aburridos. Incluso una vez una madre de un alumno me preguntó si yo usaba ropa deportiva porque siempre me veía de traje. Se tiene la idea de que si cantás en un coro sos una persona triste o que toda tu rutina es cultural. ¡Y a mí me encanta ir a ver los partidos de Defensor Sporting o de Welcome!”, comenta el director coral entre risas.
Para Occhiuzzi la población está poco informada sobre la realidad de los coros. “Falta un acercamiento mucho mayor a la actividad coral y conocer un poquito la interna. Los coros son algo lindo, entretenido”, sostiene.
Raúl Montoro, por su parte, aporta otro prejuicio: la actuación de un coro “no se considera un espectáculo”. La explicación que encuentra es que el lugar natural para cantar son las iglesias por su acústica adecuada para la polifonía. “Entonces la gente no se siente atraída a ir. Pero también pasa lo mismo con las salas, aunque hay gente que se especializa en hacer espectáculos distintos y novedosos”, señala.
Montoro considera que hay directores que se encierran en una burbuja y no suelen ir a ver otros conciertos corales. “Eso nos limita. Hay algunos que lo hacen, que viajan, y eso les permite formarse y escuchar otras cosas, porque hay cosas lindas sonando por ahí”, afirma.
Occhiuzzi también identifica dificultades en el armado de algunos repertorios. “Hay que buscar que sean de actualidad. Hay que irse renovando o aggiornando continuamente más allá de las canciones que ya está probado que funcionan y son marca registrada en todo el mundo”, reflexiona.
Otro motivo de queja es el poco apoyo que se recibe tanto del Ministerio de Educación y Cultura y de intendencias. caso la de Montevideo, así como de parte de los medios de comunicación. De estos últimos, por ejemplo, Acordelur logró una vez mucha difusión para la presentación del Estudio Coral de Buenos Aires, pero según Montoro eso ocurrió porque es un coro que dirige Carlos López Puccio, integrante de Les Luthiers. En cambio, cuando tiempo después actuó en Punta del Este Tous Ensambles, uno de los coros más refinados de la Argentina que dirige Emiliano Linares, no hubo la misma difusión y no asistió casi nadie. “Ahí decidimos abandonar la producción de espectáculos como forma de motivar la actividad coral”, confesó.
Hay gran variedad de coros en todo el país
En Uruguay hay coros a nivel de Educación Primaria (no obligatorios) y Secundaria (todos los liceos públicos tienen un coro). A estos hay que sumar los de enseñanza privada. Instituciones como Magisterio o el IPA tienen uno. Hay coros universitarios; coros institucionales (Banco República, por ejemplo); coros de colectividades; coros de padres de instituciones (caso del Colegio Alemán); instituciones deportivas como Biguá o Urunday tienen coro. A todos estos se les suman los coros que pertenecen a una persona o grupo de personas. Además están los coros de adultos mayores.
Se calcula entonces que en nuestro país se llegaría a unos 1.000 coros. El único pago es el Coro del Sodre.
Asociación muy activa
Más allá de los obstáculos mencionados, Acordelur es una asociación que trabaja mucho para que el canto coral funcione y que todos los que quieran puedan cantar. Su creación fue idea del maestro Francisco Simaldoni, quien falleció este año a tempranos 60 años por un cáncer y al que la asociación le rindió homenaje en octubre pasado con un concierto en la sala Vaz Ferreira. “Fue muy movilizador para toda la comunidad coral. Quedó gente afuera. Fue una cosa muy rara porque veías gente que se peleaba en la puerta para entrar a escuchar coros”, recuerda Montoro.
“Acordelur es muy variopinto en calidades”, describe su presidente. “Tenemos coros muy académicos formados por gente que sabe cantar, que lee partitura y trabaja con un nivel bastante profesional, y tenemos otros coros que recién empiezan o que de repente tienen herramientas muy sencillas, pero eso hace que pongan todo el entusiasmo aunque la calidad de lo que se escucha no sea la mejor”, explica. “Somos aficionados que cantamos”, sintetiza quien vive de una imprenta familiar.
Para ser parte de la asociación hay que pagar una cuota anual de $ 375 (se bajó un 25% por el 25 aniversario). Después en cada coro hay un aporte personal que se destina a pagarle al director, el lugar de ensayo si no se tiene y los materiales de trabajo necesarios. Pero eso lo administra cada grupo de acuerdo a su realidad.
Lo que Acordelur ofrece a nivel general es organización “de festivales, encuentros, bienales de composición y arreglos corales, concursos y talleres de diversa índole con la participación de maestros y coros uruguayos y extranjeros”, según se informa en su sitio web.
Realizan cuatro festivales por año: otoño, invierno, primavera y cierre. Son viernes y sábado y por lo general tienen lugar en la Iglesia Evangélica Valdense porque es muy adecuada por su acústica y tiene un buen espacio para el brindis de fin de año.
El cierre de 2024 se sustituyó por el festejo de los 25 años de la asociación, el cual tendrá lugar el próximo miércoles 18 de diciembre en la Sala Zitarrosa, a las 20 horas, con entrada libre. Participarán 13 coros: Voces y Compases, A Todo Riesgo, La Gran Flauta, Grupo Vocal Bilú, Coral Itaty, Grupo Vocal Antaño, Seminario Canta, Los de Siempre, Concuerda Polifónico, Grupo Coral Quantum, Zumbando, Republicanto y Anverso.
En el sitio web de la asociación se puede encontrar el libro digital Cantar al Darno, un homenaje que se le hizo a Eduardo Darnauchans convocando a arregladores uruguayos para que transformaran temas del músico para cantar en coro. “El objetivo era darlos a conocer este año en un concierto, pero no dio el tiempo. Ya lo haremos”, anuncia Montoro.
Desde hace tres años Acordelur apoya también la formación coral de los estudiantes de Enseñanza Secundaria en la órbita pública. “La inspectora, Andrea Tejera, es muy afín a eso porque también es cantante de coro”, detalla Marysel Caraballo sobre los Encuentros Regionales Corales de Primavera que se hacen en todo el país y cuyos gastos corren por cuenta de la asociación. “Es impresionante, van 500, 600 chicos a cantar en cada espectáculo”, apunta sobre una instancia en la que han participado músicos como Alejandro Balbis y Mariana Ingold.
Vale destacar que en 2012 Acordelur fue distinguida con el Premio Morosoli Institucional por su aporte al Uruguay Cultural.
De ser coros de iglesia a crear una asociación
A fines del siglo XIX, en las iglesias del Uruguay se comenzaron a dar los primeros pasos en el canto coral con la formación de coros que cantaban en los oficios religiosos.
A principios del siglo XX se formaron los primeros grupos corales, como la Asociación Coral de Montevideo y la Coral Guarda e Passa.
En la década de 1950 hubo un efervescente movimiento coral en el país. Se fundaron numerosos coros con directores de alto nivel, que comenzaron a incursionar también en el exterior y a organizarse para mejorar el nivel interpretativo, la búsqueda de medios y la creación de escuelas corales.
En 1984, un grupo de directores y coreutas intentó organizar la Federación de Coros de Montevideo, pero por diferentes motivos se desvaneció a poco de comenzar.
En octubre de 1996 se realizó un nuevo intento y surgió la Asociación Uruguaya de Canto Coral (Audecco), pero no se llegó a consolidar por dificultades administrativas.
Finalmente, el 13 de diciembre de 1999, en Tarariras (Colonia), se redactaron y se firmaron los estatutos de la actual Asociación Coral del Uruguay (Acordelur), aprobados por el Ministerio de Educación y Cultura el 16 de enero de 2001. La asociación estuvo inactiva por temas económicos entre 2004 y 2010, cuando retomó sus actividades hasta el presente.
(Fuente: Acordelur)
Viajar
Otra de las características de muchos de los coros son los viajes que hacen, ya sea dentro del país como fuera de fronteras. Por ejemplo, con Voces de la Ciudadela, Estela se ha presentado en varios puntos del interior; recuerda especialmente el último festival Encanto de Mar en Piriápolis. Pero con Cantemus llegó a Chile y a la Argentina,y para el año que viene están proyectando una gira por Europa. “Pensamos hacer España y Portugal. Ya tenemos los contactos con los festivales en los que podemos llegar a participar”, cuenta a Domingo.
Por su parte, Raúl Montoro viajó a Torrevieja (España) con el Ensamble Oikos, coro que se especializa en música nórdica. “Se dio por casualidad buscando un apoyo económico de Ibermúsica y nos seleccionaron con todo pago, menos los pasajes, para ir a cantar habaneras, cosa que ni siquiera estaba en nuestro repertorio ni en nuestra historia. Nos fue bárbaro, salimos hasta en Televisión Española”, relata con entusiasmo.
Lo bueno de cantar
Marysel Caraballo ha notado que en el último tiempo ha habido “un renacer de la actividad coral”. Sobre todo luego de la pandemia, época en que todos los coros debieron detener su actividad por obvias razones. “Hay como una cosa de entusiasmo, de volver a juntarse”, constata.
Para la coreuta no importa cómo se cante, el objetivo es disfrutar y que eso trascienda. “Que la gente se reúna, cante, vaya a espectáculos… que haga cosas, no importa lo que salga. Nosotros siempre les decimos a los liceales que la herramienta del canto, el instrumento, lo van a poder usar toda la vida. Es un aprendizaje para toda la vida”, remarca.
Por ese camino va Mario Ochiuzzi cuando afirma que cantar abre la cabeza y es además muy importante desde el punto de vista de la salud mental. “Con mi primo, el neuropsicólogo Roberto Ventura, estuvimos dando unas charlas sobre cómo los estímulos musicales en las casas de salud tiran las demencias para más adelante. Sé que hay doctores que dicen a algunos pacientes que pueden dejar de tomar los remedios, lo que no pueden dejar es de ir al coro”, comenta entre risas y en ese tono agrega: “Yo digo medio en broma que si no existieran los coros, colapsaría el sistema de salud”.
Además, destaca que desde el punto de vista de la formación de niños y adolescentes, integrar un coro enseña a crear hábitos.
“Acá es donde venimos a hacer terapia”, bromea Andrea Brassesco, directora del Coro de la Universidad Católica e integrante de Ensamble Oikos. “Se trata sobre todo de disfrutar porque cuando nosotros estamos felices y satisfechos con nuestro trabajo, el público lo nota y viene y te dice: ‘Me emocioné’, ‘se me erizó la piel con esta obra’. Eso es lo que buscamos transmitir”, remarca.
Estela, que cumplió su sueño de toda la vida, lo resume así: “Cantar nos llena el alma”.
Hoy celebran una Misa Criolla con homenaje
“Si hacés una misa tradicional, capaz que van 100 personas; a una misa cantada van unas 3.000”, dice Mario Occhiuzzi al referirse a la Misa Criolla, un clásico del canto coral que le da mucho trabajo realizar, pero que lleva adelante con entusiasmo siempre que se la piden.
Este año el que lo convocó es el nuevo cura párroco de la Iglesia de Lourdes, el padre Gonzalo Aemilius, con la intención de homenajear al cura párroco Robin Traverso, fallecido en 2020. “Yo empecé haciendo la misa con Robin al aire libre, después en el Stella Maris y luego en San Juan Bautista hasta que falleció”, cuenta Occhiuzzi.
El director del coro Aparcanto explica que la Misa Criolla se divide en cinco partes, que son las mismas de la misa ordinaria: Kyrie (una vidala-baguala), Gloria (carnavalito-yaraví), Credo (una chacarera trunca), Sanctus (un carnaval cochabambino) y Agnus Dei (un estilo pampeano).
“Con el tiempo lo que se hizo fue la Navidad Nuestra, que son seis cantos que se insertan dentro de los cinco mencionados: la Anunciación, que es un chamamé; la Peregrinación, que es con estilo de huella; el Nacimiento, que es una vidala catamarqueña; los Pastores, que es una chaya riojana; los Reyes Magos, que es un takirari, y la Huída, que es una vidala tucumana”, detalla.
El director coral comenta que ha hecho la Misa Criolla en todas las comunidades religiosas que hay en Uruguay. Además la ha grabado y por eso Aparcanto se ha llevado el Disco de Oro y el de Platino.
La Misa Criolla de este año tendrá lugar hoy, a las 19:30, en la Iglesia de Lourdes.
Otro tipo de misa que también se hace es la Misa Mestiza, que es una obra de compositores argentinos en la que se utilizan ritmos latinoamericanos. El Coro de la Universidad Católica, dirigido por Andrea Brassesco, la hizo en 2022 para festejar sus dos décadas de existencia e invitó al coro del colegio Seminario —Seminario Canta— para acompañarlo. La unión se mantuvo para los conciertos navideños de 2023 y 2024 (este año fueron los 10 y 11 de diciembre), en los que interpretaron villancicos europeos, africanos y americanos, tanto tradicionales como más novedosos.
Presentaciones navideñas y festejos
A esta altura del año son varios los conciertos —navideños y no navideños— que ya tuvieron lugar, pero alguno queda para poder disfrutar antes de cerrar el 2024 (todo con entrada libre).
Por ejemplo, el miércoles 18 de diciembre, a las 20 horas, en la Sala Zitarrosa está el Festival de Coros que celebra los 25 años de la Asociación Coral del Uruguay (Acordelur). Participarán 13 coros.
Por su parte, el Coro de la Universidad Católica (UCU), que ya tuvo sus dos conciertos navideños (ver otro recuadro), volverá a presentarse el jueves 19 de diciembre en la misa de cierre de la universidad. “Es una misa para la comunidad universitaria en la que nosotros cantamos al final como una forma de retribución”, explica Andrea Brassesco, directora de un coro que conforman tanto funcionarios como estudiantes y docentes de la UCU, con edades entre los 18 y los 80 años. La docente aclaró que desde el año pasado la UCU cuenta también con un coro estudiantil de la Licenciatura de Artes Escénicas.
Por último, el sábado 21 de diciembre, 19:30, en la Iglesia del Santísimo Sacramento (Las Esclavas; 26 de Marzo 972, esquina Ellauri) habrá un Concierto de Navidad del que participarán el Coro Departamental de Durazno (profesor Raúl H. Evangelisti), la Asociación Coral Cantemus y Arsis Coral de Montevideo.