Conspiradores solapados

MARTÍN FABLET

Podrán los dildos, olisbos o consoladores quitarnos nuestra tan merecida hegemonía? ¿Dónde quedaríamos si las mujeres encontraran sustitutos más fieles, eficaces y hasta incansables? De todas maneras, esta búsqueda, conflicto o competencia barata es más que antigua. En yacimientos mesopotámicos pueden verse rupestres pinturas donde lujuriosas damas hacen buen uso de falos artificiales; todos ellos bien lubricados con aceite de oliva. La historia es testigo, de nuestra estoica postura frente a estos solapados conspiradores, y como corresponde, hemos sabido salir victoriosos sin mayores complicaciones.

La mayoría de los chiches que se venden en los porno shops son difíciles de camuflar y por ello algunas dicen paso. Se los ve como muy obvios y a muchas (salvo Mónica Farro) no le gusta vincularse ni que las vinculen a ellos.

Sigue habiendo cierto grado de vergüenza o prurito especial, el atávico "qué dirán". "Esto no es mío… alguien me lo metió". Es que para las recatadas, estos accesorios sugieren carencias o excesos, nada dignos de compartir. Secretos muy íntimos guardados con gran recelo. Resulta difícil para ellas acercarse a los puntos de compra, ya que en su gran mayoría resultan bastante sórdidos.

Gracias a las reuniones del tipo "Tuppersex" la cosa viene mejorando, más que nada en lo que refiere a privacidad y desenfado. Pero la estética sigue siendo medio "alcahueta" de esas oscuras y sucias prácticas.

Algunas mentes creativas, pretenden encontrar una solución definitiva al asunto. Recurriendo a técnicas camaleonescas, estos pícaros señores, ofrecen su parafernalia erótica en forma de brochas de maquillaje, lápices de labios, flores decorativas o patitos de hule. La usuaria muy discretamente puede llevar en su cartera un potente amante sin que nadie lo note. Soportan minuciosos registros por parte de niños y otros curiosos.

Es importante que se mantenga atento a este tipo de innovaciones que conspiran contra nuestra más preciada función. La censura siempre opera de su lado, pero si no es posible detectar al sustituto, negro se verá su destino.

En el film La cruda realidad se ve como la protagonista (Katherine Heigl) porta un vibrador con control remoto inalámbrico. Para ello no hay resguardo posible.

Recuerde que ella podrá esgrimir un sin fin de excusas, algunas muy dolorosas de escuchar. De todas maneras guarde compostura. Los machos no se intimidan con vulgares vibradores.

Sepa que hace más de un siglo que a los viejos consoladores se les añadió electricidad para que vibrasen. Al parecer fue un invento médico elaborado para remediar las dolencias de las mujeres diagnosticadas de histéricas.

La técnica empleada serían los golpes de orgasmos. Más tarde, su uso trascendió el ámbito meramente sanitario y se generalizó entre las más cochinitas a lo largo del siglo XX.

Por suerte, no todo es lujuria en este mundo. En los Estados Unidos, más precisamente en Texas, Mississippi y Georgia, se respira dignidad y por ello está expresamente prohibida la comercialización de esos burdos y aburridos sustitutos. Dígale no a los olisbos, y sí al original, la diferencia es casi imperceptible.

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