Competencia y vida después de Momo

Por más dinero que se movilice en el Carnaval, nadie puede vivir de él. Jorge Irigoyen también trabaja para televisión, teatro y publicidad. Pero su proyecto preferido para el resto del año es su grupo de títeres, La Loca Compañía.

Mariela Gotuzzo da clases particulares de vestuario y maquillaje; incluso dicta cursos en la Cárcel de Mujeres. Federico Gauthier hace esculturas, pinturas, accesorios y arreglo de salones para fiestas temáticas. Fernando "Lobo" Núñez vive de sus tambores y de la música. Desde hace años toca con Ruben Rada. Pero también ha sabido darse maña como albañil, carpintero, mozo e incluso marinero.

Sobre sus competidores, Gotuzzo no tiene quejas y Gauthier señala que hay muchos maquilladores "celosos" de lo que hacen y no gustan compartir conocimientos. Irigoyen enfatiza primero que no hay competencia desleal entre los escenógrafos, pero luego reconoce haber tenido algún disgusto: "Me duele mucho si un muchacho que se formó conmigo, a quien le enseñé cosas, me quiere serruchar las patas donde trabajo". Delicias de la fiesta de Momo.

Entre la renovación y la tradición

La historiadora Milita Alfaro señala que la tecnificación "benefició en la profesionalización del Carnaval", pero "perjudicó en que dejó de ser una manifestación meramente popular".

Para técnicos como Jorge Irigoyen y Federico Gauthier, los espectáculos se vieron beneficiados en la puesta estética. "Renegar de los cambios es medio tonto", resume el escenógrafo.

En las Llamadas, y desde su perspectiva de artesano pero no de técnico, Fernando "Lobo" Núñez nota evoluciones e involuciones. Reconoce una mayor difusión, pero otras cosas le rechinan: "Treinta tambores en una comparsa son suficientes; 80 es excesivo, no permite escuchar. No me gusta ver gente en zancos, lanzallamas... además, la comparsa que tiene la mejor cuerda es la que tiene que ganar. Para mí, lo de la ropa y las bailarinas no existe... si durante todo el año salen solo los tambores. Si hacemos un espectáculo para el turismo, bárbaro, pero que le cambien el nombre...".

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