COMPORTAMIENTO

Los chicos vigilan la conducta de sus padres

Cuestionadores e implacables, los niños de hoy exigen de sus progenitores un mayor compromiso con la vida saludable, las reglas de tránsito y la ecología. Son la generación “conciencia”.

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Entre las causas, se cuenta que los canales infantiles están "hiperpedagogizados"

A Roxana Segatori el planteo le llegó de Santino, su hijo de 11 años. Salían de la farmacia y ella le contó que había comprado un protector de factor 50 porque el sol estaba muy fuerte. Con mucha naturalidad, Santino le respondió: "Está bien lo del protector, pero si dejaras de fumar tal vez tirarías hasta los 80". Roxana no lo podía creer. Pero no era la primera vez que le pasaba: su hija Renata, de 13, también se lo había cuestionado. Y no sólo el cigarrillo: también lo de olvidarse de la bolsita cuando sacan el perro, tirar papeles por la ventanilla del auto y colgarse de la bocina en el peaje.

Es que la de hoy es una generación diferente. Se trata de chicos que, influidos por dibujos animados y programas infantiles pedagógicos, nuevos contenidos curriculares en las escuelas y un amplio acceso a la información, les plantean con espontaneidad cambios de hábitos a sus padres o cuestionan conductas que atentan contra la vida sana, el cuidado del ambiente y el respeto de las reglas de tránsito. Un desafío cotidiano para padres, abuelos y tíos, que ahora tienen una relación mucho más horizontal con los niños.

"Son reacciones superespontáneas —dice Roxana—. Aunque en ese momento yo quedé mal, me gusta que me llamen la atención y me gusta esa conciencia que tienen ellos. En muchas cuestiones ellos me educan".

Esta conciencia ecológica, de llevar una vida más sana o de comportarse correctamente en la vía pública que por momentos descoloca a los adultos, se da gracias a la información que reciben hoy los chicos no sólo de las instituciones educativas a las que asisten o de los medios audiovisuales que consumen, sino también de la que les dan sus propios padres. Por eso, atentos a su entorno, los más pequeños enseguida advierten las contradicciones de los adultos y dan su opinión.

La psicopedagoga Elvira Giménez de Abad cree que este tipo de conductas en las que los chicos observan y marcan los errores que cometen los adultos son más actuales porque tal vez existe menos distancia entre padres e hijos que la que existía hace algunos años. Y en definitiva, los chicos aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

"Pero eso no quiere decir que en otras épocas los niños o adolescentes no se dieran cuenta de las contradicciones de los adultos. Tal vez no era tan fácil expresarlo. Por otra parte, en años anteriores no había información acerca de algunos temas, como por ejemplo que el fumar hace tanto daño. Los chicos de hoy ya lo saben y les piden a sus padres que dejen de fumar", dice Giménez de Abad.

Pedagogía televisiva.

Un factor clave para que se manifieste esta conducta de los chicos es el cambio en el contenido de los dibujos animados y los programas televisivos infantiles.

Un fenómeno que la doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del Conicet Carolina Duek llama hiperpedagogización de los contenidos televisivos. Es decir, programas que resultan una suerte de continuación curricular, donde siempre hay una moraleja o un aprendizaje, y que le permiten a la tele hacerles un guiño a los adultos. De esta manera, pese a sus diferencias, la matriz de contenidos de canales como Discovery Kids, Disney Channel o Paka Paka tendieron a confluir en un mismo punto: la hiperpedagogización.

"Cuando las redes sociales y las computadoras amenazaron el protagonismo de la tele, ésta se especializó y quiso mostrarse como que ya no era un problema. En los programas infantiles ahora hablaban del alcohol en gel o de comer zanahoria y apio", dice Duek.

No obstante, según la especialista, también apareció un desajuste enorme entre lo que ocurre en las casas y lo que se ve en la televisión: "Una cosa es esa ensalada de catorce ingredientes que preparan en El jardín de Clarilú y otra esa de lechuga y tomate que seguramente hicieron los padres después de todo un día de trabajo. Los adultos también hacen lo que pueden y en el momento que pueden", expresa.

Ecológicos.

Gladys Ruffini, madre de una nena de nueve años y un chico de siete, dice que a veces parece que tuviera a la misma Greenpeace en casa. Es que fueron sus hijos quienes le avisaron que habían puesto contenedores para separar la basura a la vuelta de su casa y hablaron por primera vez de la posibilidad de reciclar. También son los que se sorprenden cuando la gente fuma en lugares públicos y no pueden comprender que alguien —su mamá, por ejemplo— estacione en un espacio prohibido cuando eso conlleva una multa y encima un acarreo.

"Cuando me plantean algo así, les digo: Tenés razón y haceme acordar la próxima. Si no estás dispuesta a cambiar, no sirve de nada. Antes los padres no nos permitían la crítica. Hoy una tiene que ser más permisiva, y asume que la educación sea un camino compartido", considera Gladys.

No por casualidad desde hace más de una década el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi) trabaja directamente con chicos que comienzan el nivel inicial para capacitarlos en educación vial. "El ámbito vial es muy significativo para cambiar conductas. Y los chicos son como esponjas: todo lo que uno les transmite, lo toman, lo mastican y después lo multiplican en otros ámbitos y en sus familias", dice Marcelo Aiello, gerente general de Cesvi.

Prestame atención.

Hay otra situación típica en la que los chicos les reclaman a los padres: que dejen de una vez el celular o la tableta y les presten atención a ellos.

Roxana Morduchowicz, autora del libro Los chicos y las pantallas, afirma que este fenómeno es cada vez más habitual. Cita una encuesta de la Sociedad de Pediatría de Suecia del año pasado que reveló que cuatro de cada diez padres reconocen que el celular se interpone entre ellos y sus hijos.

"Esto que pasa en Suecia es una escena que se replica en todo el mundo. El problema de esto es la menor interacción entre ellos y que los chicos puedan sentir que tienen que competir contra la tecnología por la atención de sus padres. Y si además los padres, modelos de conducta en la casa, no largan las pantallas, ¿cómo decirles a sus hijos que lo hagan?", dice la especialista.

Justamente Giménez de Abad se refiere a la frecuencia con la que los padres tratan de justificarse cuando los chicos ponen en evidencia una conducta equivocada.

"Son justificaciones que no ayudan. La relación padres e hijos no es una relación simétrica, la autoridad son los padres; pero si un padre comete un error, lo mejor que puede hacer es asumirlo y tratar de revertirlo —dice la psicopedagoga—. Eso enseña y ayuda a que los chicos se desarrollen con sentido crítico, con autonomía y responsabilidad. Y eso no les quita autoridad a los padres".

Internet, televisión, vínculos y escuela

¿Cuáles son los cambios que generaron conciencia en los chicos? Primero: el acceso a la información. De la mano de Internet, la globalización y los dispositivos tecnológicos, los chicos acceden hoy a una cantidad de información a la que generaciones anteriores no accedían. Un ejemplo es el daño que causa el cigarrillo en la salud. Luego, la hiperpedagogización de los programa de TV: en su lucha por captar la atención de los más chicos, los dibujos animados y programas infantiles orientaron su contenido hacia lo pedagógico.

En tercer lugar, los nuevos contenidos curriculares: los chicos aprenden en la escuela contenidos que décadas atrás raramente se tocaban en el ámbito educativo, como el cuidado del medio ambiente, la educación vial o la alimentación saludable. Y finalmente, la relación con los adultos: al no existir ya un vínculo tan vertical entre padres e hijos, y por el contrario compartir más espacios juntos y estar más abiertos al diálogo, los chicos se animan a marcar las contradicciones o errores de los adultos con mayor naturalidad.

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