Un conjunto de cartas inéditas sobre Humberto Pittamiglio arroja nueva luz sobre la vida íntima del enigmático arquitecto, empresario y político uruguayo. La correspondencia, que terminó en una biblioteca italiana tras un largo periplo, revela la profunda relación sentimental que mantuvo durante años con el músico francés André Giot de Badet y muestra una faceta humana hasta ahora desconocida del hombre detrás del mito.
Las cartas llegaron a manos del escritor e investigador uruguayo Eduardo Cuitiño, autor de los libros El verdadero Pittamiglio (2020) y El código Pittamiglio (2022), quien las incluyó en su último trabajo, titulado Humberto Pittamiglio. Los documentos desconocidos de una vida muy especial.
Según comentó el escritor a Domingo, la información que le dieron en la biblioteca de Italia donde se encuentran los materiales es que fueron hallados en la basura de París, en las cercanías Louvre.
No obstante, tras la publicación de la información en El País, surgió otra versión: la que dice que las cartas fueron halladas a fines de la década de 1960 en Montevideo por el productor y curador teatral boliviano Andrés Neumann, quien creció en Uruguay, donde se inició en el teatro independiente como artista sonoro durante aquellos años. Actualmente, Neumman, de 82 años, vive en Argentina.
Fue Neumman quien informó sobre la existencia de las cartas al investigador uruguayo Juan Álvarez Márquez, que reside en Francia, el que a la postre se comunicó con el Castillo Pittamiglio de Montevideo, institución que finalmente dio noticia de las mismas a Cuitiño.
El autor de Humberto Pittamiglio. Los documentos desconocidos de una vida muy especial, viajó a Italia, donde reprodujo los materiales que hoy son el centro de su nuevo libro.
Así explicó Juan Álvarez a Domingo el derrotero de los documentos:
“Andrés Neumann, personalidad destacada de las artes, quién obtuvo los documentos a fines de setiembre de 1966, en Montevideo, en los días que siguen a la muerte de Humberto Pittamiglio. Alguien dio orden de vaciar la residencia y tiraron objetos en el patio trasero del Castillo, como relata el mismo Neumann. Frente a la situación pidió autorización y recuperó así la correspondencia”, señaló.
Y agregó: “Décadas después y motivado por mi trabajo sobre Badet me propone consultar ese archivo y hago una investigación en Pistoia (Italia). Ya en esa época había publicado André de Badet, el príncipe del Jagüel y era tarde para ingresarlo. Para que tuviese utilidad, informo al Castillo Pittamiglio, el que le comunica a Cuitiño su existencia”.
Un vínculo muy especial
Entre los documentos aparecieron pruebas conmovedoras de la relación que mantuvo durante décadas con el músico francés, el gran amor de la vida de Pittamiglio. También se hallaron imágenes inéditas. “Hay una fotografía de Pittamiglio de niño, hay fotografías de la madre, del padre, de todos los hermanos. Hay pila de descubrimientos que se pueden hacer en las cartas. Y muchos dibujos; él era un gran dibujante”, dice el Cuitiño.
La documentación permite observar una faceta poco conocida de quien fue socio de Adolfo Shaw S.A. en una de las constructoras más importantes del Uruguay, responsable de obras emblemáticas como el Hospital de Clínicas, el Palacio Municipal, el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo y parte del Estadio Centenario. Detrás del personaje asociado a castillos, símbolos esotéricos y leyendas alquímicas emerge un hombre profundamente enamorado.
André Giot de Badet pertenecía a una familia de origen francés vinculada al desarrollo de la zona de Colón. Músico, hombre de teatro y figura habitual de los círculos culturales parisinos, fue también amigo de Josephine Baker (con quien llegó a casarse para darle la nacionalidad gala) y de la poeta Delmira Agustini. Según Cuitiño, la relación sentimental entre Pittamiglio y André se desarrolló principalmente entre las décadas de 1920 y 1930. “Los trabajadores de la quinta contaban que estaban muy enamorados”, afirma.
Los testimonios recogidos por el investigador muestran hasta qué punto la relación desafió las convenciones de la época. Vecinos que trabajaron en la quinta de Colón recordaban que el romance era motivo de escándalo y que ambos jugaban strip póker sin preocuparse por las habladurías.
Pittamiglio lo mantenía
Las cartas halladas revelan además una dependencia económica creciente. André, acostumbrado desde niño a una existencia aristocrática, fue dilapidando una fortuna que parecía inagotable. Pittamiglio terminó sosteniéndolo durante años, hasta su muerte e incluso más allá con una pensión, mediante giros regulares de dinero.
Una de las cartas rescatadas resulta particularmente elocuente, y explícita: “No he podido pagar el alquiler de la mansión de Escos. Ahora he recibido una queja del propietario reclamándome el dinero. Ya ves mi querido Humberto, SOS, ¡ayuda por favor!, nada más triste que la realidad. ¿Qué tengo que hacer para que me gires más dinero, darte placer?”
En otra misiva, André le escribe utilizando un detalle tan pequeño como revelador: al comenzar el saludo “Mon Humberto”, reemplaza la letra “o” por un corazón dibujado a mano. Luego agrega: “Te adjunto estas líneas apresuradas junto con este artículo sobre Delmira (Agustini). Exprinter (un banco de la época) me acumuló 5.025 francos. No puedo expresarlo con palabras, así que te abrazo con todo mi corazón y te envío un cariño para tu familia”.
Entre los documentos apareció también un texto literario de Pittamiglio dirigido a André, una pieza impregnada de imágenes románticas y sensibilidad poética: “La luna, la plata, son los versos de un alquimista enamorado...”
La carta no publicada
Pero quizá el documento más impactante sea una carta escrita en 1941, en plena ocupación nazi de Francia. Cuitiño decidió no incluirla en su libro, aunque la cedió a Domingo. En ella, André evoca sin rodeos la intimidad compartida:
“¿Recuerdas cuando hacíamos el amor en lo alto de la torre de tu castillo en Pocitos? ¿Recuerdas la magnífica vista del amanecer cuando todos dormían? (...) Yo te hacía el amor en la cima, tú me hacías el amor en la cima... ¿Te acuerdas? ¡Fue hermoso Mon tres cher!”
Para Cuitiño, estas cartas muestran algo más importante que una historia sentimental. Revelan al hombre detrás del mito. “Lo que muestran es un Pittamiglio humano, de carne y hueso, que está de corazón abierto”, afirma. Y agrega una frase que resume toda la historia: “Realmente, Pittamiglio falleció con el corazón roto, roto de amor”