Buscó en América al marido sudamericano de sus sueños y finalmente lo encontró en su Rusia natal

Gracias al Mundial de 2018, Margarita Isupova conoció al amor de su vida, un uruguayo que la trajo a vivir a Montevideo, donde ella da clases de inglés.

Margarita Isupova
Nota a Margarita Isupova, especialista en formacion en idiomas, en La Latina Cafe en Montevideo, ND 20230813, foto Francisco Flores - Archivo El Pais
Francisco Flores/Archivo El Pais

Margarita Isupova (36 años) es rusa, pero siempre se sintió muy atraída por la cultura latinoamericana y su gente. Visitó Colombia, Panamá, Perú, Brasil… Vivió ocho meses en Chile y fue en ese país que empezó a soñar con tener un esposo sudamericano. Su búsqueda no dio resultado ni allí, ni en Brasil, así que retornó a Moscú soltera.

Lo que no se imaginó en aquel entonces era que ese amor sudamericano lo iba a encontrar en su propio país, durante el Mundial de Fútbol de 2018. Federico, un uruguayo que había viajado como un hincha más para alentar a la celeste, comenzó a seguirla en Instagram. ¿Motivo? Margarita estaba ofreciendo tours para turistas y Federico estaba interesado en contratar uno.

“Yo enseñaba idiomas, pero por placer decidí dar paseos para extranjeros que estaban de visita en Moscú. Entonces le empecé a dar ‘like’ a fotos con el hashtag #Mundial o #Moscú 2018 para promocionar y le puse un ‘like’ a una foto suya”, cuenta de su primer contacto con el uruguayo.

Se conocieron personalmente y compartieron tiempo juntos hasta que Federico viajó a Nizhni Nóvgorod a ver el partido Uruguay-Francia, que terminó con derrota de los dirigidos por el maestro Tabárez. “Volvió a Moscú muy triste. En ese momento tenía que ir con sus amigos a Barcelona para pasar unos días allá y luego volver a Uruguay”, recuerda.

Margarita fue hasta el aeropuerto a despedirlo, a las 2 de la mañana. Cuando llegó, él le preguntó: “¿Tenés algo para hacer hoy”. Como era sábado, su día libre, ella le contestó que pensaba salir a caminar. Entonces Federico le dijo: “¿Te gustaría que te acompañara?” “¿Cómo vas a acompañarme si te vas a Barcelona?”, fue su reacción. Fue en ese momento que se enteró de que el uruguayo había cambiado el pasaje para quedarse 24 horas más en la capital rusa. “Así empezó todo”, confiesa.

Quedaron en contacto por las redes, por video, por comunicaciones online… y cuatro meses después Margarita decidió visitar Uruguay por primera vez. Se quedó seis meses. Ya eran una pareja de esas que dependen del viaje de uno o del otro para encontrarse. “Durante un año y medio, por temas legales y porque tenía mi negocio de enseñanza de idiomas en Moscú, tenía que ir y volver”, explica.

Su primer año completo en Uruguay fue nada menos que el 2020. Llegó el 22 de febrero y el 13 de marzo se estaba declarando la emergencia sanitaria. “Fue muy difícil. Yo le preguntaba a Federico: ‘¿Esto es Uruguay?’ Y él me decía: ‘No, Margarita, no es Uruguay’”, comenta sobre la vida atípica a la que obligaba la pandemia.

“Me mudé al Uruguay por amor”, dice. Tenía planes de regresar en invierno a su país, pero las fronteras se cerraron. De la única manera en la que podía irse era en un avión de repatriados. Pero con Federico les dio miedo no volverse a ver más, así que decidieron que se quedara y que arreglarían todo el tema “papeles”. Se casaron el 21 de enero de 2021.

Qué hacer

En 2012, Margarita creó su empresa de enseñanza de idiomas, más concretamente de inglés. Cuando se mudó a Montevideo siguió trabajando en forma online, pero con la dificultad de la diferencia horaria.

“Cuando me levantaba, a las seis de la mañana, en Rusia eran las 12 y ya tenían bastantes preguntas; eso me costaba muchísimo. Entonces empecé a arreglar todo para vender mi empresa en Rusia y trabajar en Uruguay. Trabajé como profesora en compañías uruguayas, hasta que me asocié con la inglesa Busuu, una gran empresa en el aprendizaje de idiomas, y ahora doy cursos para empresas e individuales. También preparo para entrevistas de trabajo o cosas más específicas”, señala. En materia presencial, lo único que tiene son los clubes de conversación (ver recuadro).

Margarita también es alumna, en este caso de idioma español. “Estoy estudiando casi todos los días”, cuenta quien cuando llegó solo sabía decir cosas básicas: gracias, quiero café, buenos días, buenas tardes.

“En los países de Latinoamérica a los que fui, hablaba en inglés, por eso no necesité tanto el español. Con mi esposo hablamos en inglés, pero me quiero conectar con sus padres, esa es mi gran motivación para aprender español”, confiesa.

En lo que respecta a su propia familia, está toda en Rusia. Sus padres están divorciados y está en contacto con ellos a diario. Además tiene una hermana que vive en Moscú y una tía que reside en Crimea. “Su situación es difícil, pero no se quiere mover de su tierra”, apunta. Aún no la han venido a visitar; no cree que su padre lo haga, a su madre la espera pero más adelante.

¿Piensa formar su propia familia? Dice que le da miedo que en Uruguay la gente tenga tantos hijos, que en Rusia con uno alcanza. “Con Federico lo estamos pensando, peeeero… creo que él también tiene miedo, pero si vienen son bienvenidos”, acota.

Por el momento se ocupa de su pequeña perrita yorkshire. Nunca había pensado en tener una mascota, pero influenciada por el Uruguay terminó haciéndolo y hoy le sirve de compañía. La bautizó con un nombre ruso que a los uruguayos les cuesta pronunciar: Tyapa. “Federico me dijo que todos le iban a terminar diciendo Chapa y eso es lo que pasa cada vez que me preguntan cómo se llama”, cuenta entre risas y aclara que estaba advertida, así que no se puede enojar.

En su tiempo libre le gusta mucho salir a correr temprano en la mañana. En invierno lo hace en el gimnasio, pero cuando empieza a amanecer más temprano sale a la rambla. “Intenté hacer windsurf, pero no sé si es lo mío. No me gusta depender de otro y para hacerlo tengo que coordinar con el entrenador”, explica.

También ama leer y ha probado ir al teatro, pero por el momento no a obras habladas. Entonces elige espectáculos del Sodre o del Teatro Solís donde no haya parlamentos que entender.

Cuenta que ha recorrido varios departamentos del Uruguay, como Maldonado, Rocha, Colonia, Lavalleja o Artigas.

En cuanto a las costumbres uruguayas, no se ha visto en la necesidad de tomar mate —lo probó— porque su esposo no lo hace. Prefiere el café y si es de La Latina, la cafetería de su mejor amigo en Uruguay, mejor. “Creo que tiene el café más rico de la ciudad”, desafía.

Las comidas no son un problema porque ha vivido fuera de su país 19 años, entonces está acostumbrada a comer de todo.

¿Extraña Rusia? “No tanto el país, sino a mi gente. Soy muy cosmopolita y pienso que el mundo es mi país. Tengo una muy buena vida aquí, tengo amigos uruguayos, rusos… amigos nuevos. Mi amigo más viejo tiene 85 años. Disfruto la vida en Uruguay, así que por ahora me gustaría quedarme. Lo que más disfruto es de la gente”, sentencia.

Sus clases

Clubes para aprender y para hacer amigos

La Latina es mi segunda casa”, dice Margarita sobre el pequeño café que está en Pocitos, en Avenida Brasil y Ellauri, y que ella utiliza para sus clubes de conversación.

“Tengo cuatro grupos y viene gente de Uruguay, Venezuela, Colombia, Perú, Rusia, Alemania... nos juntamos y hablamos en inglés. Son 50 personas en total. Es un club para enseñar la cultura cosmopolita”, detalla.

Agrega que sus alumnos se han transformado también en sus amigos. “Mi club de conversación es como una reunión de amigos, muchos lo dicen”, acota. Admite que una de las razones de armar estas instancias fue para conocer gente y poder generar nuevas amistades. Su mejor amigo en Uruguay es el dueño de La Latina y ella lo afirma con mucho orgullo porque sostiene que “tiene el café más rico de la ciudad”.

Margarita estudió lingüística en Moscú. En la Universidad, cursó primero literatura y ruso para extranjeros. “Decidí cambiar y estudié para enseñar inglés y alemán... pero no hablo mucho alemán”, apunta. Luego estudió en una institución vinculada a la Universidad de Cambridge y obtuvo el certificado de profesorado de inglés para hablantes de otras lenguas.

“Cuando enseño prefiero que mis alumnos no aprendan solo conmigo porque es mejor aprender con otras personas. Así pueden escuchar diferentes acentos, diferentes explicaciones, diferentes culturas... porque aprendemos inglés no solo para hablar con uruguayos, sino con el mundo”, remarca.

Cuando llegó al Uruguay hablaba muy poco español, lo mínimo necesario para “sobrevivir”. Hoy toma clases de este idioma casi a diario con el principal objetivo de poder comunicarse con sus suegros, dado que con su marido se comunica en inglés.

Margarita Isupova
Nota a Margarita Isupova, especialista en formacion en idiomas, en La Latina Cafe en Montevideo, ND 20230813, foto Francisco Flores - Archivo El Pais
Francisco Flores/Archivo El Pais

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