NOMBRES

Ben Affleck, una superestrella incombustible

Tiene dos Oscar y mucho éxito comercial. Pero todavía le queda una cosa por conquistar: prestigio como actor. ¿Lo logrará?

Ben Affleck
Foto: Creative Commons.

Hace tantos años que es una superestrella de Hollywood que parece que siempre estuvo ahí, luciendo esa mandíbula perfecta. Hasta cuesta pensar en una industria cinematográfica que no lo tenga como uno de sus centros gravitantes (pasa algo muy parecido con Tom Cruise). Y eso que hay leading men para  tirar pa’rriba en Hollywood: Di Caprio, Pitt, Oscar Isaac, Chris Pine, Bradley Cooper, Tom Hardy, Adam Driver, Ryan Gosling... Ben Affleck puede estar al lado de cualquiera de ellos sin perder ni un gramo de su star quality.

Ben Affleck
El hombre de la mandíbula perfecta. Ben Affleck en Armagedón.

Affleck nació hace 49 años y está en este negocio desde niño. Con apenas 7 años ya sabía lo que era el rodaje de una película —tuvo un pequeño papel en The Dark End of the Street, de 1981—, y con 12 ya formaba parte del elenco de la serie de televisión didáctica The Voyage Of The Mimi, que además lo llevó a trabajar a México, donde adquirió un  idioma español que todavía conserva.

No llegó ahí porque sus padres fueran parte del cine o la televisión. Su papá tenía aspiraciones a ser dramaturgo, pero eran eso: aspiraciones. Su madre, en tanto, era maestra escolar. Lo de la actuación medio que se le fue dando, dijo una vez. Tampoco es que su irrupción en el estrellato fuera en una película de gran presupuesto. En realidad, Affleck viene del cine independiente. Actuó en varias de las películas de su amigo, el director Kevin Smith, uno de los nombres más importantes del cine indie en los años 90, sobre todo conocido por Clerks, una película que inspiró a muchísimos a empezar a meterse en el séptimo arte (hoy, la estatura de Smith como director está bastante venida a menos).

Pero aunque viniera de los márgenes comerciales de Hollywood, sí supo lo que era la fama y el reconocimiento desde joven: a sus 25 años, ya tenía un Oscar, pero no como actor sino como guionista. Él y su amigo Matt Damon ganaron una de esas estatuillas por haber escrito el guion de En busca del destino (1997), una película dirigida por otro gran nombre del cine indie, Gus Van Sant.

afiche película Busco mi destino
En busca del destino.

A partir de ahí, Affleck entró a la “mesa chica” de las estrellas masculinas de Hollywood: empezó a actuar en superproducciones, a tener novias tan bellas como famosas, a ganar mucha plata y, en general, a disfrutar de las mieles del éxito. Armagedón, La suma de todos los miedos, Pearl Harbor, Daredevil... El privilegiado rostro de Affleck tenía que sostener todas esas grandes apuestas de la industria cinematográfica (aunque todavía tenía que tener compañía de alguna estrella más curtida, como Bruce Willis en Armagedón). Y el tipo cumplía. Aun siendo joven, ya tenía experiencia de sobra.

Pero en algún momento tanta exposición empezó a repercutir sobre su trayectoria. Daredevil (2003) —donde conoció a quien luego sería su esposa Jennifer Garner— fue bastante vilipendiada y ni que hablar de Gigli (2003), en donde actúa junto a su entonces nueva novia, la despampanante Jennifer Lopez. En ese trayecto, además, en algún momento empezó a transitar por uno de los caminos por los cuales su padre también había transitado: el del alcohólico.

Cuestión que en algún momento Affleck posiblemente pensó que todo bien con ser estrella, pero que tal vez había algo más para hacer que ser fachero. Así, en 2007, eligió ponerse atrás y no enfrente a la cámara. Ese año se estrenó la primera película que dirigió, Desapareció una noche. No se dio un papel a sí mismo, sino que quiso darle una mano a su hermano Casey, a quien puso de protagonista. Y como primera película como director, no estaba mal. Pero todavía quedaba mucha gente a la que había que convencer de que podía, también, ser un director, no “solo” una estrella.

Y no es que con Atracción peligrosa (2010), su segunda película como director, se empezara a hablar de él como un auteur. Pero sí hubo muchos que luego de verla dijeron “vaya. No es solo facha este tipo. Sabe cómo armar una buena película policial”.

Afiche película Atracción peligrosa
Robando bancos.

Affleck debe haber recuperado algo del entusiasmo, pasión y confianza que tenía cuando arrancó luego de constatar que Atracción peligrosa fue, sino un rotundo éxito, sí bien recibida como un policial sólido. Siguió de largo y dos años más tarde se consagró -al menos dentro de la industria- como director cuando presentó Argo, un thriller político ambientado en la época de la revolución de los ayatollah en Irán.

Por esa película obtuvo su segundo Oscar. Pero —de nuevo—no como actor sino como productor. El Oscar como intérprete probablemente le va a seguir siendo esquivo. No tiene el aura de Di Caprio o Daniel Day Lewis, por poner casos de casi siempre aspirantes a ese premio. Pero... Quién sabe... Si Will Smith o Eddie Redmayne ganaron un Oscar como actores, no debería ser imposible para Affleck.

Y más teniendo en cuenta que Affleck parece haber renunciado al nivel de estrellato que tiene desde hace años. En 2016 asumió el papel de Bruce Wayne/Batman, que es más o menos como convertirse en James Bond. Pero la experiencia lo dejó exhausto y en cuanto pudo se las tomó.

Ahora, entrando en la veteranía parecería satisfecho con seguir dirigiendo una vez cada tanto (en 2016 presentó Vivir de noche, una de gángsters basada en una novela de Dennis Lehane) y actuar en películas mid level, como The Tender Bar, dirigida por George Clooney o The Way Back, un drama en el que interpreta a un alcohólico que tiene la oportunidad de redimirse entrenando a un equipo juvenil de básquetbol.

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