"Siento que al irme a vivir a Maldonado dejé muchas cosas, como poder salir con amigos. Pero esto es lo que quiero para mi vida, esto es con lo que siempre soñé".
LEONEL GARCÍA
Déborah Rodríguez tiene la risa fácil, trencitas y las uñas pintadas de rosado. Achina los ojos, oscuros, pequeños y vivaces, y arruga la nariz cuando ríe. Y ríe seguido. Tiene 16 años, cumplirá 17 el 2 de diciembre. Vestida de pies a cabeza por Nike, su proveedor de indumentaria deportiva, está por comenzar a practicar en la Pista de Atletismo del Parque Batlle. Es un día entre semana. Su entrenador en Maldonado, Andrés Barrios, le dio permiso para venir a Montevideo y le dejó una rutina. Calentar y trotar, trabajar abdominales y dorsales. Antes, su llegada no pasa desapercibida.
"¡Hola, bombón!", "¿Cómo andás? Te saludamos ahora porque después, con tantas notas...", "¡La Déborah, divina!" Ella saluda y es saludada por entrenadores, alumnos y atletas. Déborah se abraza con quienes más la conocen; muy especialmente con Margarita Grun, quien fuera su primera profesora en el atletismo, cuando la hoy promesa del deporte uruguayo tenía cuatro años.
"Amo correr. Mi madre (la ex corredora Silvia Güelmo, hoy empleada administrativa), me trajo acá por primera vez y la gente, hermosa, siempre me trató muy bien, y me decía que tenía condiciones. Eso me motivó para seguir adelante. Yo vengo de una familia de deportistas, hice gimnasia, natación, también practiqué ballet, pero casi del primer momento supe que el atletismo era lo mío", dice la adolescente. No sufre acosos, pero es centro de miradas. "¿Te puedo sacar una foto?", pregunta una chica, celular en mano. La respuesta es sí. "¡Déborah!", grita un niño de no más de cinco años, sentado con su familia en las gradas de la pista. Ella lo saluda con la mano.
Déborah se toma unos segundos para responder si se siente diferente a cualquier chica de su edad. Y en su contestación se mezclan risas espontáneas con expresiones más serias. "Hay veces que sí, y hay veces que no. O sea, ¡soy normal! ¡Soy como cualquier otra chiquilina! Pero me fui a vivir sola al Campus de Maldonado a los 14 años para hacer lo que quería, sacrificando muchas cosas. Eso ya me hace distinta. Yo siempre hablé con mis amigas de todo, y cuando les conté no lo podían creer. `Qué de más irte a vivir sola`, `qué de más zafar de los viejos`. Pero yo no lo siento así. Siento que dejé muchas cosas, salir más con amigos, pero siempre soñé con esto; esto es lo que quiero hacer y lo que quiero para mí".
"Esto" es destacarse en el atletismo. En 400 metros vallas, es récord nacional absoluto, oro sudamericano en menores y en juveniles -una categoría superior a la suya-, y bronce a nivel mundial en menores. Se codeó con la elite del deporte en el Mundial de Berlín, donde logró una nueva marca para Uruguay (ver aparte). Irse a vivir y entrenar a Maldonado, en el último semestre de 2007, no fue una decisión fácil. El padre, Elio, ex jugador de fútbol y hoy director técnico de la tercera de Liverpool, recuerda que ameritó una prolongada reunión familiar.
Déborah había comenzado a trabajar con Andrés Barrios, el entrenador del Campus, a principios de ese año. Primero viajaba dos o tres veces a la semana, ida y vuelta, Montevideo-Maldonado. Eso duró, recuerda Elio, unos seis meses. El físico no iba a soportar tanto. "En la mañana terminaba de estudiar y se subía al ómnibus. Se esforzaba mucho, volvía muy cansada. Entonces, Andrés nos dijo que para una mayor calidad de entrenamiento y rendimiento iba a tener que quedarse allá. En el Campus estaba mejor, se alimentaba mejor y no salía apurada. Yo creo que así como nosotros hicimos el esfuerzo de extrañarla, ella también tuvo que poner mucho de sí".
Para Déborah fue dejar la casa paterna de la Unión y el Liceo 14 de 8 de Octubre y Propios. Con mayor intensidad si se encuentra en período competitivo, entrena de lunes a sábado en Maldonado. Esta rutina es más difícil para alguien que se define como muy sensible. "Tengo una familia increíble que, gracias a Dios, siempre me apoyó. Extrañé muchísimo, cambiar a un entorno al que no conocés, vivir sola con el equipo, para mí es muy difícil.... Bueno, fue muy difícil porque ahora, con dos años arriba, ya me acostumbré... aunque sigo extrañando mucho", comenta.
Joya. Hay esperanzas puestas en esta joven delgada de 1,74 metros de altura y 63 kilos de peso. El presidente de la Confederación Atlética del Uruguay, Leonardo Salvarrey, dice que "es una joya, no un diamante en bruto porque ya tiene algunas pulidas". Su entrenador, Andrés Barrios, asegura que Déborah "ya dejó de ser una promesa". Pero ninguno gasta a cuenta; ambos sostienen que aún es joven, que todavía debe crecer y madurar, y que los desafíos más fuertes son los que están por venir.
Barrios dice -y ella está de acuerdo- que tiene que trabajar más en su concentración. En Berlín quedó asombrada con el recordman Usain Bolt, a quien vio en la misma pista. "No le dije nada, ¡estaba tan nerviosa que ni me animé! Me encanta la personalidad que tiene. Cuando todo el mundo está concentrado antes de largar, él se pone todo `acá estoy yo, y nadie más`, aunque capaz que está re-nervioso por dentro, ¡y el estadio se viene abajo! Eso me fascina, le hace bien al atletismo. Anima a la gente e intimida a los rivales".
-¿Te pasó algo parecido?
-En el Mundial de Menores. Creo que el público se inclinó hacia mí, quería que yo ganara. Eso fue porque Uruguay no es casi conocido a nivel mundial, y que yo saliera bronce impresionó.
-Hablás de concentración, ¿se siente el público cuando corrés?
-No. No escuchás absolutamente nada. Estás tan concentrado en tu carrera, en tu andarivel, que no sentís nada. Me ha pasado que la gente después te dice "¿no escuchaste que te grité?" Y no oís nada.
De gustos y sueños. Debido a la distancia, su tiempo libre prefiere dedicarlo a su familia y a su novio Diego, jugador de las inferiores de Defensor. Le gusta más el cine, tomar mate en la rambla o comer una pizza con amigas que salir a bailar. Leyó a Harry Potter y las Crónicas de Narnia, pero se queda con las películas. "Me gustan las cosas fantasiosas".
Su mochila de viaje incluye lo sagrado y lo profano. En esto último, salta a la vista la parte "normal" de la Déborah adolescente. Es imposible que no lleve su mp3 ("Escucho de todo, pop, rock, música romántica, Alexander Píriz, Ricardo Arjona, Shakira, ¡y el reggaetón para divertirme!"), sus perfumes, cremas y cosméticos ("¡Soy fanática, me encantan, no puedo estar sin ellos!"), así como su Biblia ("Soy cristiana", afirma. ¿Católica? ¿Evangelista? "Cristiana", reafirma con una sonrisa) y un libro titulado "Cambia de ritmo", escrito por el español Jaime Fernández Garrido, quien fuera capellán evangélico en cuatro Juegos Olímpicos. "Me lo presentaron como la `Biblia del deporte`, y está basado en experiencias de distintos atletas. Te deja pensando". La fe no parece un tema menor en su vida: la expresión "gracias a Dios" es casi tan frecuente en ella como su risa.
Paralelamente a sus entrenamientos, cursa segundo año de Administración de Empresas en la UTU de Maldonado. Los tres meses de competencia que ha tenido en el extranjero este 2009 le han pasado factura. ¿Bajas? Sería más fácil contar las altas. Sus faltas le han hecho peligrar el año pero, según dice mamá Silvia, el instituto dispondrá de mesas especiales para que rinda los exámenes, en consideración a que su ausencia se debió a que representaba al país en sudamericanos y mundiales.
"Ahora es medio imposible que suba las materias, lo que pienso hacer es dar los exámenes libre, más dos materias que me quedaron del año pasado, todo junto. Los profesores me ayudan. Me esfuerzo por hacer bien las dos cosas, pero es difícil. De todos modos, este año no terminó para mí", dice la joven. Su ritmo de vida también le ha dificultado socializar con sus compañeros más allá de las clases. "Cuando no estoy en la UTU, estoy entrenando. Y cuando ellos arman la salida del fin de semana, yo me vengo a Montevideo".
Más allá del atletismo, del que le gustaría vivir en el futuro, Déborah quiere tener estudios terciarios. Abogacía o educación física es la duda. Si de metas deportivas se habla, anhela representar a Uruguay en los Juegos Olímpicos de 2012, 2016, "y si puedo más, también." No habla de medallas, pero se permite ilusionar. "Hay que soñar, aunque soy menor y todavía falta mucho, ¿por qué no? Lo estoy soñando y lo estoy imaginando".
Peso. A los 14 años ya vivía sola y a los 16 ya está habituada a las notas y los pedidos de autógrafos. Por el deporte, estuvo en Brasil, Perú, Colombia, Argentina, Italia, Alemania, Polonia y República Checa. Se sacó fotos con Tyson Gay ("¡En el Mundial dormía en la habitación enfrente a la mía!"), entrena a diario en el Campus con Andrés Silva, otro muy destacado atleta uruguayo, a quien admira, y la recibió el presidente Tabaré Vázquez. Se muestra natural y relajada al enfrentarse a la cámara. "¡Me encantan las fotos!"
-¿Cómo llevás el peso de ser conocida?
-Bien, con tranquilidad. Sé que hay gente que con una, dos o tres notas se marea. Pero tengo una familia que me pide que lleve las cosas con humildad. Andrés (Barrios) también me ha enseñado a mantenerme humilde. Ellos me bajarían los humos si un día se me suben a la cabeza. Yo voy a seguir así, rezo todos los días para que no cambie de personalidad. Mis padres me educaron así, que nunca me olvide de donde vine.
Entorno. Lo último lo dice con seriedad, la misma que muestra cuando asegura que jamás apelará a los anabólicos, cuestiones tan reñidas con la ética como habituales en la alta competencia de este deporte, sobre todo en las grandes potencias. Salvo su presente en Maldonado y un par de años en Chile, siendo muy chica y cuando su padre todavía era futbolista profesional, Déborah siempre vivió en la casa de calle Pernas. La misma que está a más de 20 cuadras de la pista del Parque Batlle, distancia que esta "joya" del atletismo pensaba cubrir caminando, al caer la tarde.
Es un hogar obrero, al decir de Elio, el padre: "Siempre trabajamos para darles a nuestro hijos (ella tiene dos hermanos: Ángel, mellizo, y Martín de 21 años) todo lo que les puede dar una familia de clase media-baja. El plato de comida siempre estuvo, aunque no fuera caviar. Eso sí, nunca sobró. Como padres, nuestra obligación era incentivarle los estudios. Y como su madre y yo practicamos deportes, sabíamos que si se rodeaba de gente deportista, así como de gente que estudia, su entorno iba a ser sano".
Más allá de los sponsors -Nike, La Asistencial- y el apoyo -Intendencia de Maldonado, Ministerio de Turismo y Deporte, Comité Olímpico Uruguayo- que hacen que Déborah no tenga que pagar para competir o entrenarse, ella no puede vivir del atletismo, meta casi utópica en Uruguay. Todavía sus padres, no sin poco sacrificio, deben darle dinero para gastos (como la tarjeta del celular), brindarle más comodidades para su habitación en el Campus y, de ser necesario, pagarle un profesor particular para sus estudios.
El atletismo no es una mina de oro. No cabe hacer un paralelismo con el fútbol, donde ya en el baby es común ver padres desesperados con tener un futuro crack en casa. La familia Rodríguez-Güelmo tiene claro que no podrá "salvarse", económicamente hablando, con las habilidades de la joven. "Nosotros estamos para apoyar a nuestros hijos, en lo que quieran hacer", enfatiza Elio.
Déborah deja su risa de lado un par de veces. Una es cuando se toca el tema del racismo. Ella asegura no haber tenido problemas. Pero siempre hay un pero. "Jamás se me cerraron puertas pero, como en todos lados, siempre hay algún comentario... Pero yo estoy orgullosa de ser negra, afrodescendiente, y cualquier persona que quiera decirme algo o hacerme pasar mal por el color de mi piel, a mí me resbala".
-¿Hay envidia en este ambiente? ¿Te lo hicieron sentir?
-Hay sí, como en todas partes. Se refleja en... (busca la palabra) comportamientos... actitudes... Pero eso es algo que me da fuerzas para seguir luchando. Como dice mi madre, si hay envidia es porque logré algo. No todo ha sido color de rosas en esto. Es parte del aprendizaje, también rezo por ellos.
El camino elegido, el más largo y más difícil
Tanto el presidente de la Confederación Atlética del Uruguay, Leonardo Salvarrey, como el entrenador Andrés Barrios destacan las cualidades de la familia de Déborah Rodríguez, a quienes consideran un pilar fundamental de sus progresos.
Barrios también resalta las cualidades de la joven. "Maduró mucho en estos dos años. Hoy muestra gran responsabilidad en lo que encara, tiene muy buena disposición, tenacidad, espíritu de sacrificio. Eso sí, tiene que seguir creciendo. Aún no es la corredora que yo quiero que sea para dentro de cinco años". En el Campus de Maldonado viven, incluyéndola, 12 atletas. Barrios tiene entre sus dirigidos a otros importantes deportistas como Andrés Silva, Heber Viera y Valeria Britos. La convivencia de Déborah con sus pares es "excelente", afirma su entrenador.
Hay esperanzas puestas en ella, pero hay frenos que escapan a su talento natural. "A medida que crece, las exigencias son más fuertes. Cuando se llega a la categoría de mayores, no solo hay que luchar contra el potencial deportivo de otros países, sino contra el económico y las `ayudas` no éticas como las sustancias prohibidas (anabolizantes, esteroides, hormonas del crecimiento). En menores y juveniles podemos competir de igual a igual porque no hay plata por medallas o récords. Pero luego, hay quienes eligen el camino corto. Acá se opta por el largo, que es el del trabajo y el entrenamiento", afirma Andrés Barrios.
La infraestructura deportiva dista de ser la mejor. Salvarrey destaca que en Uruguay "hay muy poca cosa; por ejemplo, no hay centros de entrenamiento de alto rendimiento. Los logros se consiguen gracias a la habilidad de los entrenadores".
El presidente de la Confederación agrega que, para los potenciales talentos, las competencias locales no son suficientes, y que para tener una buena figuración en las próximas justas en el extranjero, como los Odesur de marzo, hace falta un trabajo a contramano. "Mientras en Uruguay se descansa en verano, los atletas van a reforzar su entrenamiento". Con miras a esa instancia, Déborah aprovechará que no tiene clases con un doble turno en el Campus.
Piropo DEL PRESIDENTE
Los 400 metros vallas es la disciplina en la que Déborah más se ha destacado. En 2008 logró el oro sudamericano en Menores en Perú; este año, obtuvo también el oro sudamericano en Juveniles en Brasil (una categoría superior a la suya) y el bronce en el Mundial de Menores, en Italia. En Mayores y en esa misma competencia, fue finalista (culminó sexta, ante atletas entre cuatro y quince años más grandes) en el Sudamericano de Perú de junio; en el Mundial de Atletismo de Berlín, en agosto, quedó eliminada en primera ronda, pero no sin antes batir el récord nacional femenino (en 59`21"). También tiene la mejor marca uruguaya en corredoras sub-18 en 100 y 400 metros llanos. Este año, el Círculo de Periodistas Deportivos le entregó el Charrúa a la revelación y el Comité Olímpico Uruguayo la Llama Olímpica a la mejor joven promesa. En julio, fue recibida por el presidente Tabaré Vázquez. "Fue muy amable, ¡y encima dijo que era bonita, no lo podía creer!" Fue elegida la Mujer del Año en 2009.