GABRIELA VAZ
En el Uruguay de 1960 había un gobierno colegiado, el desempleo alcanzaba el 10% y la inflación crecía sin parar. Mientras sendos conflictos sociales empezaban a germinar, Zitarrosa escribía su primera canción, Peñarol salía campeón de la Copa Libertadores y la televisión en blanco y negro era privilegio para pocos. La facultad en la que ingresaban más estudiantes, por amplio margen, era Derecho.
El Uruguay de 2007 tiene a su primer gobierno de izquierda, la economía está estable, el desempleo bajó a un dígito después de ocho años y la inflación se mantiene dentro de lo previsto. El mayor conflicto que atraviesa el país trasciende fronteras y no avizora solución; las papeleras son noticia desde hace más de un año. El rock nacional vive su auge, el fútbol no ve una copa internacional desde 1995 y el gran suceso de la tevé consiste en mirar la cotidianeidad vacía de 18 jóvenes encerrados en una casa. La facultad más asistida, por amplio margen, sigue siendo Derecho.
Al parecer, y como indica el doctor en Filosofía Pablo Da Silveira, las elecciones de los estudiantes han cambiado bastante menos de lo que se ha modificado el mercado de trabajo en las últimas décadas.
La Universidad de la República (Udelar) intenta mantenerse al día y ofrece cerca de 100 opciones profesionales, más títulos intermedios, especializaciones y postgrados. Ante tantas posibilidades, cabe preguntarse con qué criterios elegir el camino adecuado. Vocación, futuros ingresos o inserción laboral suelen ser las variables manejadas por los futuros universitarios. Pero también juegan factores como la compatibilidad de tiempos (muchos optan por carreras cortas por este motivo) o la simple inercia, es decir, ir para donde se arrima la mayoría, explican los expertos.
La universidad estatal registró 17.000 inscripciones al año en el último quinquenio. La matrícula ha aumentado sin prisa ni pausa. Mientras que en 1960 fueron 3.676 los estudiantes que se inscribieron en la Udelar, en 2005 la cifra llegó a 17.495. El mismo ascenso se da en las universidades privadas. Actualmente, de los 90.000 estudiantes de educación superior registrados en Uruguay, cerca de 20.000 concurren a institutos privados.
Con este estado de situación, los encargados de diseñar los planes de estudio terciarios se ven ante el desafío de articular las enseñanzas con las posteriores exigencias del mercado laboral; en definitiva, la mayoría ingresa a la universidad en pos de un empleo para vivir. ¿Cuál es la relación entre la formación académica y la realidad productiva del país? ¿Colman los egresados universitarios las expectativas del mercado? ¿Qué papel juegan los propios estudiantes?
TRADICIONES. Entre los criterios para elegir una carrera, la mencionada "inercia" adopta un papel preponderante, al menos en los últimos años. Muchos estudiantes eligen profesiones tradicionales por simple descarte o bien creyendo que la constancia de asistir a determinadas facultades siempre será útil en un currículum.
El ejemplo por excelencia es la Facultad de Derecho. Ya en 1960 tenía un total de 4.415 estudiantes, casi el doble que los que estudiaban Medicina, que entonces era la segunda opción preferida. Casi medio siglo después, el panorama se mantiene con algunos matices. En 2005, la mayor cantidad de inscripciones se registró como siempre en Derecho (2.141), pero seguida de Ciencias Económicas (1.700) -carrera que en el 60 quedaba tercera en las preferencias-, Ciencias Sociales (1.521), Psicología (1.373), Humanidades (1.324) y recién en sexto lugar reaparece Medicina, con 1.052 inscriptos ese año.
Para el abogado Pablo Landoni, investigador del Programa de Estudios en Educación Superior de la Universidad Católica, si bien las carreras tradicionales siguen siendo masivas, también son las que sufren mayores índices de deserción. "En Derecho, Medicina y otras, el 50% de los estudiantes que ingresan a primer año no termina la carrera, y un 33% no finaliza siquiera primer año". A su entender, esto se debe al desencuentro entre las expectativas que trae el bachiller con lo que recibe y a la masificación, un drama que las instituciones clásicas no han logrado superar.
A nadie sorprende que los cambios en Uruguay, cuando existen, se den muy lentamente. Tal como indica el doctor en Filosofía y vicerrector académico de la Universidad Católica, Pablo Da Silveira, las elecciones de los estudiantes han cambiado bastante menos de lo que se ha modificado el mercado de trabajo. "Hay una estrategia que consiste en optar por formaciones muy generalistas, que después permiten adaptarse a oportunidades laborales relativamente variadas en lugar de un alto nivel de especialización. Quienes cursaron Derecho, hayan terminado o no, suelen trabajar en cosas muy diferentes".
De todas formas, hoy se actúa con más pragmatismo. "La mayoría de la gente que ingresa a la Universidad lo hace pensando en su futuro laboral. Eso vale incluso para aquellos que nunca van a terminar sus estudios. Muchos entran a la Facultad de Derecho teniendo más o menos claro que nunca van a ser abogados, pero tener unos años de estudios allí, o incluso presentarse a un trabajo como `estudiante` en lugar de como `desempleado` ayuda a ser tenido en cuenta. Por eso hay cierta racionalidad en seguir optando por carreras tradicionales. Pero tiene su costo, ya que esa estrategia conservadora lleva a perder otras oportunidades", dice Da Silveira.
TEORÍA Y REALIDAD. Una vez que el estudiante decidió qué carrera seguir, basta saber si la formación otorgada se adapta a lo que luego le exigirá el mercado laboral.
¿Cubre la oferta universitaria las demandas de empleo o es necesario "modernizar" las carreras, acortando las más largas y creando nuevos títulos? El rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, afirma que si bien los planes de la institución incluyen "lo que el mercado solicita", no pueden reducirse a ello. "Hay que considerar también el largo plazo, para lo cual el mercado suele ser poco confiable. Por ejemplo, se conoce bien el auge económico de la industria del software en Uruguay y las posibilidades laborales que se han abierto a mucha gente. Menos se conoce que uno de los puntales de ese auge es la decisión tomada hace 40 años en la Udelar -cuando el mercado no planteaba demandas en ese terreno- de impulsar la enseñanza y la investigación en el área de la computación. Hay que ofrecer posibilidades de estudio en todas las áreas, anticipándose en la medida de lo posible a las necesidades futuras, y yendo más allá de las demandas del mercado".
Tanto las universidades privadas como algunas facultades de la estatal poseen servicios de articulación con el mercado de trabajo, colaborando con los estudiantes en su búsqueda de empleo. Pero además, dice Landoni, estas oficinas constituyen una fuente de información para quienes diseñan los programas de estudio. "Brindan datos acerca de qué tipo de formación precisa el estudiante para competir por un trabajo".
Es que los cambios en el mercado laboral inciden -o deberían hacerlo- en el diseño de las carreras. "Las empresas buscan cada vez más formación específica de nivel terciario. Hablar más de una lengua es otra necesidad que ha aumentado sensiblemente, mientras que tener conocimientos en informática a nivel de usuario es indispensable", sostiene Néquer de la Llana, coordinador de operaciones de la consultora Manpower, que trabaja en el campo de recursos humanos. Del total de postulantes que se presentan en busca de trabajo, un 37% son profesionales universitarios.
DIVERSIFICAR. Actualmente, la mayoría de los estudiantes se vuelca a las áreas humanas; las tres facultades que aumentaron más su matrícula en la última década fueron Ciencias Sociales, Humanidades y Psicología. Mientras en 1995 tuvieron 609, 658 y 723 inscriptos respectivamente, en 2005 llegaron a inscribirse 1.521 estudiantes en Sociales, 1.324 en Humanidades y 1.373 en Psicología. Sin embargo, las tres áreas que se destacan en la demanda de trabajo son: las ingenierías, la comunicación y las ciencias empresariales, según analistas.
Para el rector de la Udelar, la institución debe ir más rápido en un camino que ya está recorriendo: el de la flexibilización y la diversificación de los planes de estudio. En ese sentido, apunta que se han impulsado cambios como la asignación a los distintos cursos de un número de "créditos", en particular para facilitar el tránsito de una carrera a otra con reconocimiento de lo estudiado antes. A su vez, se han puesto en funcionamiento carreras nuevas -como las licenciaturas en Biología Humana y en Turismo- y se están diseñando otras como las licenciaturas en Vitivinicultura, Ciencias de la Atmósfera, Desarrollo, Fotografía y varias más.
Es que las oportunidades laborales se encuentran en más lugares de los que se perciben a simple vista, apunta Arocena. "Ocurre en gran parte de las ingenierías, pero no sólo las más comentadas, como computación, sino otras como la ingeniería de alimentos. El diseño es otro ejemplo. Asimismo, el auge productivo del agro incrementó las posibilidades de los egresados del área agraria, así como el número de nuevas inscripciones en ella. También la preocupación gubernamental por la problemática social ha aumentado la demanda de gente calificada en esa área".
Pocos adeptos a un área con desempleo cero
En 1995, la Facultad de Ingeniería ocupó el tercer lugar entre las preferencias de los estudiantes uruguayos; ese año se inscribieron allí 902 personas. Diez años después, mientras carreras humanísticas como Ciencias Sociales, Humanidades o Psicología duplicaron su matrícula, Ingeniería se mantuvo prácticamente igual: tuvo 909 inscriptos, pasando al séptimo escalón del ranking estudiantil.
Sin embargo, estos números no se condicen para nada con la realidad del mercado laboral. Hoy es prácticamente vox pópuli de tanto que se ha repetido: el área de ingeniería informática tiene desempleo cero en el país. Es que hay más demanda de ingenieros que profesionales preparados para la tarea.
Como indica Néquer de la Llana, coordinador de operaciones de Manpower, en Uruguay apenas un 16,7% de los egresados se especializó en Ciencias y Tecnologías. Las empresas solicitan a la consultora personal preparado de Ingeniería en general y en segunda instancia de Administración de Empresas.
Tal es el desbalance entre oferta y demanda, que muchas veces gente con formación en otras áreas pero con conocimiento en informática y ciencias duras se apropia igual de esos cupos laborales, dice el especialista en educación superior Pablo Landoni.
Ante este panorama, la empresa india Tata Consultancy Services acaba de inaugurar un Centro de Desarrollo del Conocimiento, con el fin de entrenar a empleados y público general en computación. La idea es formar personal capacitado en las áreas que la compañía necesita, ya que de otra manera no lo consiguen. Para ello, Tata invirtió 400.000 dólares y prevé desembolsar un millón por año.
Para Pablo Da Silveira, vicerrector académico de la Universidad Católica, este es uno de los problemas derivados de la estrategia seguida por muchos uruguayos tendiente a optar por formaciones generalistas y no especializadas.
"El mercado de empleo en el área de informática está creciendo mucho más rápidamente que la cantidad de personas que la estudian. Es probable que con el correr de los años eso se ajuste y la cantidad aumente, como ya está sucediendo. Pero los cambios en Uruguay son lentos", opina Da Silveira.
Hay 20.000 estudiantes en institutos privados
Alrededor de 20.000 estudiantes concurren a universidades privadas y su matrícula crece cada año. "El sector privado tiene mucha más flexibilidad para adaptarse a los cambios de contexto. Muchas de las carreras nuevas que existen, incluso algunas que hoy tiene la Universidad de la República, comenzaron en la órbita privada", afirma Pablo Da Silveira, vicerrector académico de la Universidad Católica, la más antigua del ramo.
Allí las facultades más asistidas son Ciencias Empresariales, Ciencias Humanas (que incluye la popular carrera de Comunicación) e Ingeniería, las cuales a su vez mantienen la inserción laboral más activa, según indica la secretaria general, Susana Monreal.
En tanto, en la Universidad ORT las carreras más concurridas son Sistemas, Gerencia y Administración, Contador Público, Comunicación, Diseño Gráfico y Arquitectura, mientras que las que poseen una tasa de ocupación superior al promedio son las ingenierías en Electrónica, Telecomunicaciones y Sistemas, Diseño Gráfico y Gerencia y Administración. Tal como explica la secretaria de la universidad, Myriam Broder, "las profesiones más solicitadas siempre son las vinculadas a las tecnologías de información -tanto a nivel terciario como técnico-, donde incluso los estudiantes no recibidos tienen posibilidades de conseguir trabajo".
Otra tendencia se da en la Universidad de Montevideo. Patricia Schroeder, directora de Marketing y Comunicación de la institución, señala que mientras una de las carreras más demandadas por los alumnos es Comunicación, la que tuvo más inscriptos este año fue Contador Público. A su vez, indica que la facultad que más creció fue Ingeniería, cuya matrícula aumentó 77% en cuatro años.
Respecto a la inserción laboral, los más requeridos son los graduados de Ciencias Empresariales y Economía; cada vez se solicitan más ingenieros industriales, dice Mario Molina, director de Prácticas y Salidas Profesionales de la UM.
Las universidades privadas logran una inserción por encima del 90%, aseguran sus responsables.