INFORME

A la voz de ¡aura!: el pericón ahora es patrimonio inmaterial cultural. ¿Cuál es su vigencia?

Bailado en las escuelas y en las fiestas gauchas y patrias es ahora revalorizado

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Bailando el pericón
Juan Pablo Flores Iborra

El compañero de Analía no quería bailar. “Ni conmigo ni con nadie”, recuerda. Pero sonó la música y salieron al escenario. Él, obligado. Ella llevaba el pañuelo al cuello y el uniforme impecable. “A mí ya me gustaba la danza pero no sentía ningún arraigo ni conexión. La recuerdo sin sentido, poco disfrutable, aunque, afortunadamente, no llegó a ser traumática”, cuenta.

A pesar de que la experiencia fue “poco feliz” -quizás muchos nos podemos reconocer en este mismo recuerdo de nuestra infancia-, ese pericón que bailó en sexto de escuela marcó su interés por lo que ahora es patrimonio inmaterial cultural de nuestro país. “Volví a bailar pericón como parte de mi formación como bailarina en la Escuela Nacional de Danza, División Folclore, y pude tener otra perspectiva. Al experimentar la práctica comunitaria de esta danza, lejos de las estructuras y exigencias de la escena, pude comprender su verdadero valor y potencia”, dice Analía Fontán a Domingo, compiladora de Pericón: Aura, libro que se presentará el 10 de agosto en el Auditorio Adela Reta del Sodre.

Lejos de lo que puede pensar un bicho de ciudad, el pericón “vive y lucha”, ha resistido al tiempo y es bailado y disfrutado por miles de personas en todo el país. Son frecuentes los “periconazos” y está presente en cualquier baile por aniversarios de los pueblos o centenarios de las escuelas, en las tradicionales fiestas gauchas, en las fiestas patrias o en los cumpleaños de los abuelos en campaña. Y, además, suceden cosas increíbles. Por ejemplo, Alén Brol y Silvana Carabajal, directores de Compañía La Folklórica, han visto hasta un pericón bailado a caballo; y Jorge López Arezo, docente e investigador del Centro de Arte Ceci Gatto, de Rivera, ha participado de un periconazo por el que “perdieron la cuenta” de los participantes porque ya tenían 500 parejas de niños en el ruedo y se sumaron maestros, padres y vecinos (y busca repetirlo a fin de año). Uruguay hasta supo tener el récord del pericón más grande del mundo. O quizás lo más increíble es que, aun sin participar de ninguna de estas actividades, todo uruguayo puede tararear la melodía del Pericón Nacional como, dice Analía, “casi como reflejo o reminiscencia de una memoria auditiva colectiva que resiste el olvido”.

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Estampas Criollas

¡Pare la música!

“Lo que la gente está esperando son las relaciones”, resume Daniel Luzardo, integrante del grupo folklórico Rescatando Tradición de Salto. Por esto las colocan a la mitad del espectáculo, el que empieza y termina, además, con un recitado; su toque particular.

El bastonero ordena parar la música y detiene el baile. Cada pareja recita estas coplas de carácter amoroso y humorístico en las que se apela al ingenio, la picardía y la improvisación. Lejos de quedarse en el siglo XIX, una de las investigaciones de Analía recoge, por ejemplo, que antes el hombre podía declamar: “Niña de ojos azules / de los labios colorados / tu madre ha de ser mi suegra / y tus hermanos mis cuñados”; pero ahora la china escucha: “ATR 24 7 / y no me das ni la hora / Tenés mi récord de mensajes / llenos de sticker de cora”.

Este intercambio es uno de los momentos del pericón que más le gustan a Jorge porque dice que “el ambiente rural tiene mucha picardía”; eso sí, aunque se exprese algo “picante” siempre es “con respeto”. “Acá tenemos muchas familias mezcladas y es un lleva y trae que a veces es en español y otras en portugués”, cuenta divertido.

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Compañía La Folklórica

Antes y después de las relaciones se suceden las distintas figuras según dicte el bastonero o la bastonera (ahora puede ser una mujer la que dé las voces de mando).

Seguro que recuerda el balanceo de la escuela: es el paso básico lateral comenzando con el pie derecho, en tres tiempos, valseado (luego se repite con el pie izquierdo). Más entreverado es el molinete que es la toma de manos derecha con derecha mientras se realiza un trayecto circular por el escenario en sentido horario y que se convierte en contramolinete si se toma al compañero con la otra mano y se hace el recorrido al revés.

A lo largo de la historia se han recopilado más de 70 figuras. Una de las más vistosas, a juicio de Alén Brol, codirector de Compañía La Folklórica, es la “corona azul y blanca” que queda formada por una rueda grande que gira en sentido horario con todos los bailarines de la mano y mirando hacia afuera con los pañuelos extendidos. Por supuesto que nadie las realiza todas. Si eso sucediera se reeditaría lo que quedó registrado en algunos libros y crónicas de antaño: pericones que duraban toda la noche. “Son testimonio de que la danza era tan entretenida que se bailaban figuras sin parar”, apunta el riverense. Y añade: “La canasta es una de las complicadas; es cuando quedamos hombro con hombro con las manos cruzadas entre todos”.

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Jorge López Arezo

Más allá de los giros, el disfrute y el espectáculo, Walter Veneziani, investigador y docente en el área de la danza tradicional y el tango, apunta al simbolismo de algunas de las figuras, en particular, a la que se llama “espejo” por la que los bailarines se toman de las manos por encima de las cabezas formando un arco. “En el momento del espejo nos ponemos cara a cara y nos miramos a los ojos”, apunta. Y añade: “Es un integrante de tu comunidad que sabe tus coreografías extremadamente complejas. Es igual a decir ‘me reconozco en vos’. Estos valores están metidos como yuyitos en las piedras y están indisolublemente mezclados en el material del que están hechas las formas coreográficas”.

La figura que no debe faltar es la del “pabellón nacional” antes del final. Es el momento en el que las mujeres en ronda unen los pañuelos en el centro y los hombres van por fuera y juntos realizan un molinete doble. El bastonero grita fuerte ¡viva la patria! y el público siempre estalla en un aplauso (y Daniel confiesa que se le “eriza la piel”). Para Jorge “es una marca registrada” del pericón que se baila en Uruguay. En Rio Grande do Sul, por ejemplo, la figura se llama “rueda de carreta” y no necesariamente se hace con los colores de la bandera. Aquí se utilizan pañuelos celestes (aunque deberían ser azules como las franjas de la bandera), blancos y amarillos.

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Rescatando tradición

Con todo, Analía dice a Domingo: “Un indicador de la vitalidad y vigencia de una danza de tradición popular es su dinámica de transformación y resignificación. El pericón ha ido cambiando desde que se tienen registros de su práctica en el siglo XIX: ha ido variando su música, incorporando figuras, incluso cambiando de carácter según el contexto social de su práctica. Lo que permanece es que es una danza colectiva que se organiza en calles y rondas, en la que muchas parejas se desplazan para ir generando en el espacio distintas figuras (...) No hay pureza, ni impureza, ni bien, ni mal en el planteo coreográfico de esta danza. Podríamos hablar de coherencia, por ejemplo, cuando el pericón adquiere carácter patriótico cuando se incorpora el ‘pabellón nacional’ y los pañuelos conforman una gran escarapela con los colores de la bandera”.

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Bailando el pericón
Juan Pablo Flores Iborra
DANZAS FOLKLÓRICAS

“El pericón era la punta de lanza. Para empezar era la más obvia. Era como patearle un penal al arco de Salinas. No le podés errar”, dice Walter Veneziani, investigador y docente de danza tradicional y tango y codirector de Equipo Praxis, sobre la declaratoria del pericón como patrimonio inmaterial cultural. Ahora que finalizó el proceso cree que es momento de revisitar otras formas coreográficas tradicionales que también se merecen esa valorización, puesto que “tenemos una responsabilidad histórica”.

La lista es numerosa: el gato, la huella, el cielito, la media caña, la ranchera (la que señala como “la hermana divertida del pericón”), la polca, el chotis, la chimarrita (“tiene una coreografía hermosísima”), el carangueijo y el chamamé. Sobre el último, dice: “En el lejano sur sentimos que el chamamé es una cosa de los paraguayos pero, en realidad, en el norte y en el litoral no es así. En Artigas, Salto y Paysandú es un bien cultural muy importante”. Cada una tiene una historia y un estilo diferente. Por ejemplo, el chotis se baila con dos pasos para un lado, dos pasos para el otro y una vuelta de la pareja tomada de las manos. El gato, por su parte, tiene vueltas, zapateos y zarandeos.

En el caso del nuevo patrimonio inmaterial cultural, sus raíces se encuentran en las seguidillas españolas o en las contradanzas europeas con las que comparte su carácter festivo y colectivo. “Salen de Inglaterra, llegan a España y Francia y llegan al Río de la Plata. Acá empiezan a tener su propia vida, adaptándose a la vida del periodo gaucho y toman otra simbología. De hecho, durante la historia de nuestro país, el pericón ha sido un hilo que ha unido diferentes etapas silenciosamente y a pesar de que ha sido una práctica marginada de la cultura oficial”, comenta Leticia Cannella, directora del Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación.

Todas las danzas mencionadas son compartidas por la región. “Se bailaban en el territorio mucho antes de que se pasara raya y se dijera ‘esto es mío y esto es lo tuyo’. Los bienes culturales iban y venían para un lado y para el otro”, analiza Walter.

La investigadora Analía Fontán, también egresada de la Escuela Nacional de Danza, División Folclore, lo dice así: “La necesidad de reforzar nuestra identidad nacional responde más a lo político que a lo cultural. El pericón del otro lado del río se ve muy parecido al nuestro y se abraza en algunas provincias más que en otras, como en La Pampa, Córdoba y Entre Ríos. Siempre hay figuras que cambian, aun dentro de cada provincia o departamento; el pericón se transforma en cada contexto”. Y sigue: “Tanto Uruguay como Argentina lo reclaman como ‘nacional’; es igual que el tango y otras tantas expresiones culturales compartidas, un espacio de cultura común que lejos de diferenciarnos, nos conecta y nos hermana con los vecinos”. Para ella esto queda en evidencia en el uso de pañuelos celestes, blancos y amarillos, igual que en Argentina, en vez de utilizar azules como las franjas de nuestra bandera. “Se usan hace más de un siglo, aun antes que se definiera el color de la camiseta de nuestra selección de fútbol. Es una especie de daltonismo patrio que nos dejó la herida de haber sido separados de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, afirma.

En este sentido, Leticia recuerda: “Ni la danza ni el pericón son adornos de la cultura popular”. Y explica: “Todos nos emocionamos con el pericón, ya sea bailando o mirando. Nos pone en contacto físico y emocional. Nos permite abrazarnos. Nos permite seguir el ritmo de la música. Es una danza comunitaria”. Lo señala porque con otras expresiones culturales ha ocurrido que la gente deja de ser protagonista para ser espectadora porque solo son mantenidas, por ejemplo, por grupos de danza profesionales. “Desde el patrimonio y la salvaguardia de la práctica, nos preocupa su vitalidad (aunque todos coinciden en que “vive y lucha”). Está bien que existan grupos que bailen el pericón formalmente pero es importante que no sean los únicos. Todos debemos sentirnos capaces de bailarlo, no importa si lo hacemos bien o mal; lo importante es bailarlo”.

En la escuela.

Aunque Analía revisó decenas de documentos no encontró ninguno en el que se consigne la obligatoriedad de bailar el pericón en las escuelas. No obstante, esta práctica que se ha mantenido, al menos, por un siglo, ha hecho que esta danza sobreviva en el tiempo y que muchas veces sea el único contacto para aquellos que poco y nada saben de folklore.

Del punto de vista cultural, se entiende que el pericón es “un rito de pasaje”: lo bailan los alumnos de sexto grado que se despiden de la túnica y la moña azul. Walter lo ilustra de esta manera: “En la rueda está toda la generación cara a cara y lo desconocido está a sus espaldas. Las parejas pasan por el puente de pañuelos en una simbología de cambio de estado; ese es un umbral temporal, entrás como niño de escuela y salís joven de Secundaria”.

Un problema que ve Walter es que los saberes relacionados con esta danza se transmiten gracias a la “buena voluntad” de las maestras y en base a “sus recuerdos personales” pero que, al no ser una tarea de profesores de danza, se pueden perpetuar contenidos equivocados o no se enseña toda la riqueza de su historia. Al respecto, Daniel, de Rescatando Tradición, lamenta: “Veo a los niños que bailan el pericón sin sentirlo”. Antes de la pandemia había ideado un recorrido de clases por las escuelas del departamento que quedó suspendido y espera retomar pronto.

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Niños bailando el pericón
Juan Pablo Flores Iborra

Una de las cosas que pueden pasar inadvertidas es que el pericón que se baila en las escuelas (y el que usted puede tararear en este instante) es solo uno, el llamado Pericón Nacional, pero no es el único. Por eso la declaratoria de patrimonio inmaterial cultural es para el “pericón” sin ningún agregado de nacional. Así lo explica Leticia Cannella, directora del Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación: “El Pericón Nacional es el de Gerardo Grasso, quien generó (en 1887) una partitura recolectando trozos de los pericones que se tocaban en el campo. Son retazos de distintos músicos. Hoy existen el pericón musicalizado por Zitarrosa o el pericón de Drexler, entre otros”. En Argentina, por ejemplo, el pericón más famoso es el Pericón por María, de Antonio Podestá.

Un típico error que usted puede arrastrar desde la escuela es el paso que seguro hace si le gritan ¡aura! y tiene que pararse ahora y bailar el pericón. ¿Acaso pensó en levantar los brazos y hacer chasquidos? Es lo que siempre ven Alén y Silvana en la primera clase, no importa la edad de sus alumnos. “Todos hacen la mímica de subir los brazos y hacen castañetas. Pero el pericón de Grasso en ningún momento tiene esa posición. Las manos van tomadas o la dama sostiene la pollera o el varón va con las manos en la cintura”, explica el docente. Esa figura sí existe en el gato, al igual que en otras danzas folklóricas de la región.

La declaratoria como patrimonio inmaterial cultural ha motivado un “resurgir” del pericón que los entrevistados no habían visto en décadas. Florida, por ejemplo, prepara un periconazo para el 20 de agosto, en el marco de los festejos por el Día de la Independencia. “Prendió muchísimo. Era una necesidad de la comunidad de la danza folklórica que está muy postergada dentro de las artes y las políticas culturales. En nuestro país, la danza folklórica siempre ha sido la hermana pobre de las artes. Se tenía la necesidad de hacer sentir la voz del pericón”, comenta Walter.

Con él coincidió Andrea Degregori, directora ejecutiva del grupo de danzas Estampas Criollas, de la ciudad de Las Piedras, nacida y crecida en una familia de bailarines: “Hay indefinidas versiones del pericón. Pero suena y todo el mundo sabe lo que está sonando. El público marca los pasos con los pies porque les trae muchos recuerdos corporales. Esa particularidad no la tienen las otras danzas. Todos tenemos alguna anécdota sobre él. Y probablemente la versión que hagamos hoy no sea la que se hacía hace 60 años ni la que se hará dentro 20 años. Es por eso que el pericón sigue vivo”.

EL CIRCO CRIOLLO

los investigadores sostienen que fue muy importante la difusión cultural que le dio el circo criollo (en particular, el de los hermanos Podestá) al pericón en toda la región, así como la acción de la Escuela de Artes y Oficios para la distribución por todo el territorio de las partituras del Pericón Nacional de Gerardo Grasso. “Eso no lo pongo en duda, pero nada de eso hubiera significado algo para las personas, si el pericón ya no tuviese un componente de arraigo popular anterior”, explica Analía Fontán a Domingo sobre la historia del pericón. Y cuenta: “Lauro Ayestarán menciona que en 1823 aparece mencionado en el periódico El Pampero ‘pericón’ como expresión genérica de baile y esto lo lleva a concluir que debe ser la danza mas conocida de su tiempo para adquirir tal jerarquía. Ya avanzado el siglo XIX lo encuentra bajo el nombre de ‘El Nacional’, por lo que puede deducirse que el pericón se fue identificando como danza del país, ya siendo el Uruguay una república independiente”. Durante el siglo XX, su práctica en las escuelas tuvo una gran influencia, aunque no hay ningún documento que consigne la obligatoriedad de bailar el pericón en ningún acto. Esta tradición existe hasta el presente.

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