La yema de los dedos avanza despacio sobre una hilera de puntos. De a poco, el lector va encontrando el portuñol en un cuento del escritor uruguayo Fabián Severo; más adelante aparecerá un texto de la chilena Daniela Catrileo y luego otro de la premiada autora argentina Samanta Schweblin. Así es el recorrido que propone 8 que cuentan, el proyecto uruguayo que mezcla cuentos, pódcast y ahora una antología en braille, para ensayar otras formas de acercarse a la literatura.
La iniciativa nació en 2023 impulsada por la periodista, docente y productora de pódcast Nausícaa Palomeque, primero como una serie sonora dedicada a la literatura uruguaya contemporánea y, con el tiempo, como una plataforma más amplia de circulación cultural. La idea inicial era transformar cuentos latinoamericanos en experiencias sonoras narradas y producidas especialmente para audio. Pero el proyecto empezó a crecer hacia otros formatos y preguntas. ¿Quiénes acceden hoy a la literatura? ¿Qué pasa con quienes quedan afuera de la experiencia de lectura tradicional? ¿Cómo pensar libros que puedan ser leídos de maneras distintas, al mismo tiempo?
Fue buscando respuestas a estas interrogantes que 8 que cuentan empezó a trabajar sobre la idea de accesibilidad como parte del diseño de la experiencia. Así apareció el diálogo entre audio, braille, macrotipo y diseño táctil.
La nueva propuesta del proyecto reúne cuentos de ocho autores latinoamericanos contemporáneos. Además de Severo, Schweblin y Catrileo, también están la boliviana Giovanna Rivero, el colombiano Luis Carlos Barragán, el mexicano Yuri Herrera, el guatemalteco Eduardo Halfon y la peruana Katya Adaui. “Hay un corte generacional, porque son escritores que están publicando hoy, y un corte de género, porque son cuatro escritores y cuatro escritoras”, cuenta Palomeque en charla con Domingo.
En Uruguay, cerca de 500 estudiantes con discapacidad visual en Educación Media enfrentan dificultades para acceder a materiales de lectura, tanto por la escasez de libros accesibles como por sus altos costos. Frente a eso, el proyecto decidió que los ejemplares serán distribuidos gratuitamente en liceos públicos donde estudian jóvenes con ceguera y baja visión. Es por eso que, más que una compilación literaria, el libro funciona como un experimento editorial sobre cómo democratizar el acceso a la lectura.
La antología integra braille, tinta y portadas texturadas en un mismo objeto editorial. El diseño fue desarrollado por Alejandro Di Candia, que creó un prototipo donde conviven braille, macrotipo y tipografías adaptadas para personas con baja visión. El proceso de trabajo incluyó encuestas y conversaciones con personas ciegas y con baja visión que terminaron moldeando el proyecto. “Tuvimos respuestas muy conmovedoras”, cuenta Palomeque. Una de las preguntas apuntaba a la diferencia entre leer un libro en braille y escuchar un audiolibro o un lector de pantalla. Entre las respuestas apareció la de una persona que decía que el braille le permitía leerle cuentos a su hijo; otra hablaba de una experiencia de mayor concentración y disfrute; y otra resumía todo en una frase: “Cuando leo en braille es cuando siento que leo con mi propia voz”. Para Palomeque, esas devoluciones terminaron funcionando también como confirmación del camino elegido. “Me dio convicción a la hora de seguir adelante”, dice sobre un trabajo que se hizo a lo largo de dos años.
La propuesta dialoga además con un contexto internacional. En los últimos años, el debate sobre accesibilidad editorial empezó a ganar espacio a partir del Tratado de Marrakech, que busca facilitar el acceso a libros para personas con discapacidad visual y que este 2026 cumple 10 años. 8 que cuentan aparece así como parte de una corriente emergente en la región, de proyectos que entienden la accesibilidad no como adaptación sino como lenguaje editorial propio.
La antología fue presentada el 15 de mayo en el Espacio Colón, en Canelones, y ya comenzó su distribución gratuita en instituciones educativas y organizaciones vinculadas a personas con discapacidad visual.