Vivir de la acuarela

Ángeles Blanco

EL PATRIMONIO pictórico nacional no ha reservado gran espacio a la acuarela. De los pocos acuarelistas aquí surgidos, el ya fallecido Esteban Garino se ha transformado en el mayor exponente. La razón más acertada para explicar esta carencia es quizás, el peso de una tradición que en el mundo latino ha ubicado a la acuarela siempre a la sombra de su primo, el óleo.

Álvaro Castagnet nació y cultivó su gusto por la acuarela en Uruguay. Por circunstancias personales se trasladó a Australia en la década del ochenta, encontrando allí un espacio para desarrollar su arte y un mercado que le permitió vivir de él. Recientemente fue galardonado por la American Watercolor Society (AWS), la sociedad de acuarelistas más grande de Estados Unidos y posiblemente del mundo.

Instalado en su viejo estudio de Ciudad Vieja, Castagnet le da vida a las plazas, calles y rostros difusos que han definido su estilo simbiótico, equilibrio delicado entre la precisión fotográfica y la pincelada impresionista. Reina un desorden colorido e inevitable. Y una luz particular, "la mejor, la del Sur".

CON BASE EN AUSTRALIA

—Volviste ayer de Miami donde estuviste haciendo demostraciones de acuarela. ¿Quién paga esas demostraciones?

—Las sociedades de acuarelistas. La AWS me dio en el año 2003 una medalla de oro, la High Wind Medal, que es un "premiazo" porque soy el primer uruguayo y quizás el primer extranjero que la gana. Y en el país de ellos, donde la acuarela es muy difundida. De las cinco o seis mil diapositivas que entran, sólo quedan cien. Este año, la AWS también me otorgó un premio en honor de Alfredo Guati Rojo, famoso acuarelista mexicano que promovió mucho la acuarela.

—Empezaste muy joven en la plástica....

—Cuando era un escolar iba a la Continental School de Garino, y después estuve mucho tiempo en su estudio. Mi papá me incentivó mucho; él no era pintor pero sí un amante de la pintura. Después fui a Bellas Artes, donde incursioné en distintas técnicas, acrílico, óleo y acuarela. Con quien aprendí mucho fue con Miguel Ángel Pareja, sobre todo en el uso del color, las combinaciones, los colores terciarios, grises. El cambio más grande ocurrió cuando me fui a Australia siguiendo a una amiga que vivía en Melbourne. Australia es un país muy poderoso económicamente. Dos tercios de su población son de origen británico y precisamente las escuelas líderes en acuarela de todo el mundo son inglesas. Ahí comprendí que lo que había aprendido de acuarela en mi país era obsoleto. De repente, podía hacer algo que me encantaba, y con todo a mi alcance: el mejor papel del mundo, los mejores pinceles...

—¿Cómo recordás tu primera exposición?

—Fue a raíz de un premio que me dieron en Australia, el Alice Bale que gané dos años seguidos, en el ‘93 y ‘94. Allí empecé a ganar nombre. Me invitaron a una galería en Adley, donde hice mi primera exhibición. Les mandé treinta y cinco acuarelas. La International Artists me dedicó muchos artículos, lo cual me promovió en el exterior. Hice mi base en Melbourne y de allí me iba a pintar a Escocia, generalmente a Inverness, y también a Inglaterra. Ambos países son amantes de la acuarela, no así la Europa mediterránea, donde se da mucha más importancia al óleo. En Inglaterra te pagan muy buena plata por una acuarela, y de hecho, hay muy buenos acuarelistas.

—¿Cuánto es lo máximo que te pagaron por una pintura?

—He vendido acuarelas por más de diez mil dólares, que es un precio altísimo. Las más chicas, de un cuarto de hoja, las expongo en galería por alrededor de dos mil dólares.

—Podés vivir de tu arte entonces.

—Sí, pero porque lo vendo en el exterior, por eso voy y vengo todo el tiempo.

—¿En qué situación se puede trabajar la acuarela en Uruguay?

—Acá la acuarela no es conocida. El papel y los pinceles adecuados no los encontrás. Así que traigo todo de afuera. Este pincel que tiene mi nombre está hecho por Raphael, la marca francesa más importante de pinceles en el mundo. La onza es muy cara porque el pelo es de sable, un animal de Siberia. El papel que uso es cien por ciento algodón, se le sustrae todo el ácido, y tiene un gramaje pesado. Los colores vienen de Inglaterra y son perennes, lo cual hace que la pintura no se altere.

—Tenés un libro publicado que registra tu obra.

—Sí, se llama Watercolour painting with passion, y se publicó en el 2000. Muchas veces, cuando lo abro, siento que esas pinturas ya no me gustan tanto como antes. Diez años en la vida de un pintor son mucho tiempo. Hay una evolución lógica.

MAGIA Y SENTIMIENTO

—¿A qué apunta esa evolución?

—Apunta a la simpleza más absoluta, a no pintar mucho el objeto, tratar de que no sea una pintura ilustrativa. Si bien es figurativa, trato de que mis pinturas tengan un gran toque de sentimiento, de magia. Eso solamente se logra mediante pintura abstracta.

—¿Dónde está lo abstracto de tu pintura?

—Lo abstracto está en que, si bien hay ciertos lineamientos que te hacen ver la realidad, los objetos se ven vagamente. Está todo fusionado; son como piezas de un rompecabezas.Ahí es cuando la pintura tradicional adquiere mayor valor. La gente está un poco confundida cuando piensa que la pintura tradicional es el primer estamento en el arte. La asociación entre pintura tradicional y sentimiento es bastante difícil.

—Supongo que lograrlo requiere una técnica especial.

—Bueno, mi pincelada es libre, con mucha autoridad y simpleza en el trazo. Le doy mucha importancia a la luz. La acuarela es la más difícil de las técnicas pictóricas porque pintás de claro a oscuro. Para ser un buen acuarelista se necesita mucho talento. Pero la acuarela nunca se consideró muy "competente", porque necesita protección, encuadrarse en vidrio por ejemplo. Además, pesa el hecho de que se pinte sobre papel, y ser una tinta, mientras que el óleo es una pasta mucho más perenne, no se va.

—Por qué en general, las acuarelas tienen un toque impresionista?

—Ese "look" impresionista se debe a que la acuarela no admite mucha experimentación, es una técnica alla prima.

—¿Cuánto tiempo insume hacer una acuarela?

—No lleva mucho tiempo, una vez que tengo la idea, la plasmo en un par de horas. Eso sí, al momento de pintar tenés que tener todo muy definido, porque en la acuarela no hay vuelta atrás, no podés volver a los claros.

—¿Cómo te han influido los grandes maestros nacionales?

—Barradas me influyó mucho. Le daba mucha importancia a la línea. Hay dos cosas que me siguen impresionando de su trabajo: la paleta agrisada, terciaria o cuaternaria, y la pincelada. Empezaba en una esquina de su óleo, y si bien quebraba la recta, tenía una continuación absoluta. De Torres García me gusta su simpleza, sus óleos son totalmente atractivos. Viajando también he conocido el trabajo de otros artistas que me han llamado la atención. El californiano Richard Diebenkorn, recientemente fallecido, para mí es genial tanto en óleo como en acuarela. Es abstracto y al mismo tiempo realista. Influyó mucho en mi trabajo.

—¿Y en acuarela, cuáles son tus referentes?

—Garino en su momento, aunque mi estilo es bastante diferente. Dante Picarelli es otro buen pintor ya fallecido. De los extranjeros me gusta mucho John Sargent, un verdadero fenómeno que pintaba indistintamente en óleo y acuarela. Contemporáneos y muy buenos pueden ser Hermann Pekell, Joseph Sbukvic y John Yoroley.

—¿Hay algo en tu trabajo que refleje tu procedencia latinoamericana?

—Sí, el color. Es algo que llama la atención, me lo han dicho varias veces.

—¿Tenés algún proyecto para promover la acuarela aquí?

—En marzo próximo voy a traer a unos veinticinco acuarelistas a Sudamérica. La idea es terminar pintando en Colonia del Sacramento. l

Una técnica

La acuarela se obtiene al mezclar el pigmento con un aglutinante soluble en agua (generalmente goma arábiga). Los tonos claros no se obtienen al agregar pigmento blanco, sino diluyéndola en agua, de manera que las luces vienen dadas por el papel o soporte utilizado, diferenciándola de pinturas como la aguada o gouache, que utilizan el agua como aglutinante, pero son opacos. Su uso se amplió en la Inglaterra del siglo XVIII y principios del siglo XIX, especialmente en paisajes. Entre sus principales exponentes se encuentran Durero, Van Dyck, Cézanne, Sargent, Dufy, Grosz y Klee. l

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