Jorge Abbondanza
JUAN PEDRO Margenat es arquitecto, pero tiene además dos cualidades singulares: sabe admirar las obras de sus grandes colegas y sabe escribir muy bien sobre ellas. Por eso en este caso el constructor también es constructivo, y armado de sus dos virtudes se embarcó en un libro llamado Tiempos modernos. Arquitectura uruguaya afín a las vanguardias, que es un panorama de lo mejor que se edificó en este país entre 1925 y 1940 dentro de una línea renovadora que aportó abundantes notas de modernidad al paisaje urbano. Avanzando en esa investigación, Margenat fotografió personalmente una gran cantidad de ejemplos arquitectónicos del período y sobre todo armó prolijamente su texto, yendo de mayor a menor. Para ello comenzó con las debidas referencias al Movimiento Moderno europeo, que irradió notoriamente hacia el resto del mundo, para pasar luego a las aplicaciones que tuvo esa corriente en el Uruguay, a las sucesivas oleadas de arquitectos nacionales que la frecuentaron y por fin a los ejemplos destacados de esas generaciones de profesionales, con nombres, apellidos, ubicación de las obras y rasgos característicos de cada modalidad personal. El resultado es enriquecedor, no sólo para lectores montevideanos.
Uno de los esmeros del autor consiste en contextualizar metódicamente los procesos que describe, engarzándolos en el marco de los vaivenes culturales que los rodearon, un auxilio invalorable para situar como corresponde cada manifestación y señalar los vínculos entre distintas disciplinas, como por ejemplo la simultaneidad entre ciertas fuerzas arquitectónicas innovadoras y los impulsos similares que se dieron en las artes plásticas, la poesía, el diseño de interiores o el cine. El enfoque integral de esas convergencias consta en el comienzo mismo del libro, cuando alude a la película Tiempos modernos de Chaplin como ejercicio revelador de la embestida del maquinismo sobre el hombre del siglo XX y luego remite a los fenómenos renovadores en otros campos de la sensibilidad artística, desde la Bauhaus hasta el Art Déco, tendencia que tuvo en Montevideo una caudalosa presencia arquitectónica, apenas atendida sin embargo por historiadores y críticos.
La utilidad del libro debe enfatizarse en un medio como el uruguayo, donde hubo desde hace décadas un desarrollo de la crítica en materia teatral, musical, literaria, plástica y cinematográfica, pero no en el territorio de la arquitectura, excepto un breve período de los años 50 en que el semanario Marcha incursionó con regularidad en esas áreas. Pero antes y después, a nivel periodístico, se mantuvo un silencio de la crítica que cabe lamentar, porque eso impidió que en la materia se produjera una aproximación dotada de la constancia y la continuidad que tuvo la opinión especializada en otros sectores artísticos, quitando así a una masa de lectores la posibilidad de ampliar el conocimiento y la estimación de lo que produjeron los arquitectos uruguayos. Quizá faltó la presencia de un crítico influyente y tenaz, capacitado para orientar a otros e impulsarlos a ejercitarse en el oficio. Nunca es tarde, empero, para emprender esa tarea.
NECESIDADES. El servicio de la crítica sería hoy sumamente oportuno para decir lo que conviene sobre una vasta porción de la arquitectura contemporánea en el país, que ha depuesto las exigencias formales y el sello personal para exhibir un diseño rutinario y un adocenamiento cuya impersonalidad empobrece muchos puntos de la red urbana, quebrando de paso la línea, la escala y el carácter de las edificaciones circundantes, como ocurre en Minas y Guayabo, en General Flores y Colorado, en Paysandú y Magallanes o en Agraciada frente a la plazoleta Suárez. Y como también pasa con la "caja" que se levanta ingratamente junto a la catedral de la ciudad de Mercedes, que son señales de que el espíritu de lucro o el descuido pueden barrer las expansiones del talento o el empeño profesional. Cerca del final de su libro, al definir el concepto de arquitectura-ciudad, Margenat dice: "esta modalidad actúa en el tejido urbano, poniendo énfasis en la integración del edificio al entorno construido", observando así "un mayor cuidado en la incorporación de sus obras a ese tejido", para lo cual buscan "un acercamiento amigable a los planos de fachada y a las alturas relativas de las construcciones vecinas", hasta alcanzar con ello "la unidad y la articulación con el entorno urbano inmediato".
Eso es lo que parecen haber olvidado -o son incapaces de tomar en cuenta- algunos arquitectos de la actualidad, y no sólo en los ejemplos mencionados, donde a menudo se suman revestimientos de vida efímera y señales prematuras de decrepitud, por no hablar de que el diálogo visual con el entorno ha sido sustituido por un pugilato entre estilos, volúmenes y perfiles discordantes. De esa manera, el tejido urbano al que alude Margenat va descalabrándose irreparablemente, permitiendo tener dudas sobre el proceso de sensibilización, de aprecio por los legados patrimoniales y de capacitación estética que reciben los estudiantes locales en esta materia. El libro de Margenat sirve de paso para comprobar que mucho proyecto de arquitectura actual no hace más que repetir -en su despojamiento formal, su desarrollo horizontal de la línea y su diagrama ortogonal- lo que ya se hacía idénticamente hace 70 años (casa de Fresnedo Siri en Punta Ballena, 1938) o hace 80 (casa de Sierra Morató en Carrasco, 1927; casa Mendoza, de Gómez Gavazzo, en Malvín, 1930).
Por eso resulta tan provechoso el contenido de este trabajo, donde el autor destaca ciertos acontecimientos inseparables del avance arquitectónico de la época, como la formidable prédica de Pedro Figari en la Escuela de Artes y Oficios, un centro de formación que se adelantó un par de años a la Bauhaus en su manejo del diseño integral y en los lazos que tendió entre lenguajes artísticos e industriales, o aún entre lo que se llamaba entonces artes mayores y menores, abriendo de esa manera la cabeza de los contemporáneos más permeables a esa enseñanza fermental, que marcó precozmente un camino inédito en Latinoamérica. Ese giro fue heredado en parte de los ingleses del movimiento Arts & Crafts, para que las artes aplicadas, el mobiliario y la ornamentación de espacios interiores se incorporaran a los cambios que vivía la arquitectura. Al respecto es muy atinado el ejemplo de la quinta Vaz Ferreira elegido por Margenat como paradigma del diseño integral de los ámbitos de una casa, que allí estuvo a cargo de Milo Beretta, desde los muros y cielorrasos hasta los artefactos y los muebles, todo lo cual ha sobrevivido hasta hoy, afortunadamente.
ESTRELLAS. Cuando el autor repasa el auge de las modalidades arquitectónicas en el período que eligió, pasando del expresionismo (más ornamentado) al racionalismo (más desnudo), también menciona las obras de los mayores arquitectos de entonces, a menudo volcadas en obras públicas de gran magnitud, lo cual las convierte en un aporte de extraordinario valor, tal vez sin paralelo en otras etapas, por lo menos a escala montevideana. Y al establecer vínculos entre esas construcciones y los lenguajes igualmente dinámicos de otras manifestaciones como la pintura o las artes decorativas, ayuda a entender que aquel trecho de apogeo de la nueva arquitectura no fue un hecho casual ni un fenómeno aislado, sino el fruto de un medio propicio, incluido en el florecimiento de otros campos de creación, como sucede con cualquier forma de expresión de la cultura, que no se da sola sino dentro de una unidad orgánica que la trasciende. Los momentos en que una sociedad se mueve bajo ciertos estímulos, asociados a la estabilidad de una escala de valores y a la confianza en el futuro, son los que producen esos auges.
Como signo de aquellos tiempos, el libro cumple con su voluntad contextualizadora al referirse a otro hecho decisivo de las etapas de desarrollo: el intercambio cultural con el mundo. Por eso Margenat menciona la visita al Uruguay de monstruos sagrados como Einstein (1925), Marinetti (1926), Le Corbusier (1929), Siqueiros (1933), García Lorca (1934) y la vuelta al pago de Torres García en ese mismo año. En un medio que era tan abierto -a cuyas ventajas cabría añadir la fecundidad social que tuvieron las reformas batllistas- fue creciendo la presencia de la arquitectura renovadora, más cautelosa que la europea, preocupada por adecuar el modernismo a las pautas algo provincianas de esta comarca, rasgo que el autor hace constar como otro de los elementos definitorios de ese movimiento en que deben figurar los antecesores como Tosi (local de Pablo Ferrando), Maini (Escuela Brasil), Carré (Jockey Club), Meani y Moretti (Palacio Legislativo) o Palanti (Palacio Salvo).
A partir de esos aportes, el movimiento levantó vuelo con las obras de Herrán (Aduana), Aubriot (Palacio Lapido), Vilamajó (Centro de Almaceneros Minoristas, Facultad de Ingeniería), Cravotto (Palacio Municipal), Surraco (Hospital de Clínicas), Scasso (Estadio Centenario), De los Campos, Puente y Tournier (edificio de El País en Plaza Cagancha), Lorente Escudero (planta de combustibles de Ancap) o Arbeleche y Canale (Bolsa de Comercio). Todo eso se alzaba en un marco alentador, respaldado por algunos hechos como la fundación de la Sociedad de Arquitectos (1914), la creación de la Facultad de Arquitectura (1915), el Gran Premio otorgado por esa institución desde 1918 para que los egresados de mejor nivel estudiaran en el exterior, y la convocatoria al Primer Congreso Panamericano de Arquitectura, que se celebró en Montevideo (1920), como datos hilvanados por Margenat en su exploración del pasado. En el resultado editorial, el libro tiene sus propias hermosuras, abastecidas por el diseñador Gerardo Goldwasser, aunque el autor tuvo otros auxiliares en la investigación misma y en la corrección del texto, renglón en el cual conviene señalar que Art Déco se escribe con acento en la e y no en la o, como figura en el libro.
Emblemáticamente, el período examinado por Margenat estuvo flanqueado por los torneos mundiales que el fútbol uruguayo conquistó (1924, 1928, 1930, 1950), lo cual demuestra que tampoco las victorias deportivas son hechos aislados ni fenómenos casuales.
TIEMPOS MODERNOS. ARQUITECTURA URUGUAYA AFIN A LAS VANGUARDIAS, de Juan Pedro Margenat. Edición del autor. Montevideo, 2009. Distribuye Gussi. 178 págs.