por José Arenas
.
Según como se mire, los tiempos actuales tienden a los escombros de un apocalipsis silencioso. Quizá hemos imaginado enormes olas destruyendo las ciudades, o volcanes engullendo poblados enteros, o un derretimiento acelerado de los polos que nos dejará a todos flotando a la deriva sobre restos submarinos. Pero no. Silenciosamente, desde hace décadas —muchas más de las que pueden imaginarse, no una, ni dos, muchas— asistimos a un suicidio masivo de la humanidad.
A lo mejor, al inicio no fuimos conscientes. Si tratamos de revelarnos no salió bien. ¿Qué pudimos hacer? Aceptarlo. Dejarnos caer al tacho y revivir en moscas que sobrevuelan la basura. Acatamos la condena.
Mateo Rovira parece acercarnos a esa ética que se balancea entre la ironía, la esperanza y la simple sinceridad cuando escribe varios de los versos de su libro Aceptación de la derrota, un poemario de cinco partes donde cada una de ellas funge de una especie de canto hacia el final o hacia la consciencia de una tristeza de finitud. La muerte es una más de las extravagancias del universo, el destino es como una mala pasada y la historia del mundo es un gag en los versos que el poeta deja fluir a modo de río, o bien en aquellos pequeños poemas que se le escapan por algunas sílabas al haiku:
.
Vuelvo a Diciembra
como quien vuelve al otoño
pensando que ha elegido
("Diciembra", Mateo Rovira)
Cada parte tiene su tono y su duración: largos poemas donde la lírica entra en terrenos de la narrativa en verso o intervenciones de casi dos versos, como un trino mínimo de pájaro sentencioso.
La poética que elige Rovira para esa incitación a la aceptación echa mano a temáticas que van desde el absurdo trágico en un perfil hitleriano degradado en la homosexualidad ochentosa y la androginia, una especie de advertencia como poema inaugural en el que el tono burlón no deja de mostrar cierta anticipación de la tragedia que habita en el ánimo del libro —amén de dirigirse a los lectores y a los miembros del jurado de un concurso en el cual el volumen ha sido premiado—, hasta llegar a una carta del final, tecleada al borde de un precipicio al que hemos arribado en pocos textos y menos pasos. Es la celeridad de la tragedia la que acecha desde el pequeño cuchillo oscuro que duerme sobre el rojo de la tapa con un borgeano y “sencillo sueño de tigre”:
.
La tristeza
de un auricular que se rompe
es solo comparable
a la muerte de una madre,
al destrozo de un hogar,
al chispazo que incendia un auto a la madrugada,
con nuestro cuerpo dormido en el asiento de atrás.
Es la derrota definitiva ante el universo caótico,
ante el desorden pesado sobre nuestros hombros,
ante todo lo irreversible.
("Irreversible", Mateo Rovira)
El libro de Mateo Rovira tiene intenciones de manual. Ahí encontramos las canciones que deberemos cantar, como en cancionero de misa, de camino hacia cualquiera de nuestros finales. La aceptación derrotista no es unívoca, sino que se sabe que las muertes son muchas y están por todas partes como equivocaciones de ocho patas.
ACEPTACIÓN DE LA DERROTA, de Mateo Rovira. Yaugurú, 2025. Montevideo, 59 págs.