Literatura norteamericana

Textos raros reunidos de la fundadora de la ciencia ficción antropológica, Ursula K. Le Guin

Una selección amplia, variada, con nouvelles y textos, que funciona como puerta de entrada a su obra

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Ursula K. Le Guin
(foto Jasper Wen)

por Ramiro Sanchiz
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Hubo una época en que la ciencia ficción era un género cuyos límites parecían bien definidos. Estaba por un lado la fantasía, que hablaba de mundos cuyas leyes no son las del nuestro, y por otro la ciencia ficción, que sostenía una relación especulativa con las leyes que las ciencias físicas postulan. Estaba además el pulp, que consistía en historias de aventuras con poco rigor intelectual o ambición literaria. Pero la ciencia ficción buscaba legitimarse literariamente distanciándose de ese modelo narrativo despreocupado y orientado al entretenimiento.
Ambos criterios de demarcación funcionaron en conjunto durante más o menos quince años, pero en 1953 aparecieron en Estados Unidos revistas cuyos editores empezaron a fomentar especulaciones no tan basadas en las ciencias y a mirar con otros ojos el potencial narrativo del pulp. De esta etapa transicional los autores emblemáticos son Philip K. Dick, que articuló la ciencia ficción no tanto como un género sino como un lenguaje basado en los clichés del pulp reorientados hacia preocupaciones filosóficas, y Ursula K. Le Guin, cuya ciencia ficción de matriz antropológica estableció a la potencialidad especulativa de la ciencia ficción como una herramienta para debatir los temas más acuciantes de la actualidad.

Historia alternativa. Ambos fueron autores tremendamente prolíficos, al igual que sus antepasados directos Isaac Asimov (que llegó a publicar más de cuatrocientos libros) y Ray Bradbury (quien creía firmemente en que no puede haber calidad sin cantidad). En el caso de Dick, pasada la mitad de la década de 1950 su impulso creativo fue canalizado ante todo a la producción de novelas, hasta llegar a publicar en un ritmo de hasta cuatro por año. Le Guin, por su parte, mantuvo una producción igualmente profusa de novelas, cuentos, ensayos, poemas y nouvelles. Entre las primeras aportó al menos dos que pertenecen a lo mejor que dio la ciencia ficción del siglo XX: La mano izquierda de la oscuridad, de 1969, y Los desposeídos, de 1974; ambas, además, integran el llamado ciclo de Hainish, un conjunto de textos de extensión diversa que configuran un universo ficcional. En líneas generales, se trata de una historia alternativa de la humanidad en la que, en lugar de originarse en la Tierra, la especie humana fue “sembrada” por los Hain, unos seres antiquísimos que recorrieron la galaxia expandiendo su legado genético. Los relatos del ciclo, por tanto, ponen en contacto diversas “humanidades”, con sutiles (o no tan sutiles) diferencias dependientes del mundo en el que evolucionaron a partir de su siembra. Por ejemplo, los habitantes del planeta Gueden, donde transcurre la novela La mano izquierda de la oscuridad, evolucionaron hacia una configuración reproductiva basada en la recurrencia de un periodo de celo en el cual cada individuo desarrolla los aparatos reproductores de un sexo u otro. Entre estos periodos todos los habitantes del planeta en cuestión son asexuados y andróginos, pero una vez que se produce el paso al estado de celo, pueden convertirse en hombres o mujeres en sentido reproductivo; que en un periodo anterior hayan sido “hombres” no implica que vuelvan a serlo en el siguiente, y por eso cada individuo pasa muchas veces a lo largo de su vida por las dos formas previstas en la lógica reproductiva.
Además de las novelas ya mencionadas (y de El mundo de Rocannon, Planeta de exilio y El nombre del mundo es bosque) buena parte de los relatos del ciclo de Hainish son novelas cortas. La colección Lo encontrado y lo perdido, recién publicada por Minotauro, hace un aporte clave que amplía este vasto universo ficcional, en tanto reúne nouvelles perdidas entre diversas colecciones de relatos. Así, las imprescindibles Música Antigua y las mujeres esclavas, La cuestión de Seggri y Más vasto que los imperios y más lento —que están entre lo mejor escrito por su autora—, aparecen compiladas ahora en el mismo libro, junto a otros textos del ciclo de Hainish como Un hombre del pueblo y Un pescador del Mar Interior, todos estos recomendables incluso para quien recién empieza su recorrido por la obra de Le Guin.

Pionera. Pero no solo se trata de ciencia ficción. El otro gran conjunto de relatos de Le Guin es Las historias de Terramar, un clásico de la fantasía a la altura de El señor de los anillos y contenido ante todo en cuatro novelas (Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuán, Tehanu y En el otro viento), más un conjunto de cuentos y novelas cortas. Lo encontrado y lo perdido incluye algunos de estos últimos textos, entre ellos quizá el mejor excluidas las novelas, el cuento largo “El descubridor”. También es disfrutable “En el Gran Pantano”, una historia tristísima de poderes mágicos desmesurados.
La selección incluye además textos que no pertenecen a estas sagas. Entre ese conjunto el más interesante —además del cuento largo “Chicas Búfalo, ¿no salís esta noche?”, el único del compilado que no pertenece unívocamente a la literatura fantástica— es el último y más extenso de los relatos incluidos, la nouvelle Paraísos perdidos, que narra la historia de una nave generacional, es decir un vehículo espacial que arribará a su destino extraterrestre cientos de años después de su partida y, por tanto, verá pasar distintas generaciones de tripulantes o, mejor, pobladores. En cierto sentido, todos los recursos y las preocupaciones de la Ursula K. Le Guin, pionera de la ciencia ficción antropológica, están reunidos en este texto: el auge y caída de religiones, las tensiones políticas, la producción de subjetividades diversas, la emergencia de minorías disidentes, las conexiones con el origen terrestre como factor identitario, todo explorado con una intensidad deslumbrante: quizá hasta el punto de permitirnos pensar a esta novela como un resumen o summa tardía (fue publicada originalmente en 2002) del trabajo de su autora. Sin ser necesariamente su mejor trabajo —es difícil no anteponer Los desposeídos o Un mago de Terramar, o el cuento “Los que se alejan de Omelas”, más alguna novela independiente de todos estos ciclos como La rueda celeste—, es también una excelente puerta de entrada alternativa a la obra de una de las escritoras más importantes del siglo XX.

LO ENCONTRADO Y LO PERDIDO, de Ursula K. Le Guin. Minotauro. Buenos Aires, 763 páginas. Varios traductores.

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