Poéticas de Milán

Sobre hacer arte con una consigna ahorista, como si se estuviera a las puertas del apocalipsis

La respuesta, quizá, estaría en identificar de nuevo al humor

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Eduardo Milán
(Leonardo Mainé/Archivo El País)

por Eduardo Milán
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Se respira un aire con tono de obsesión en arte y poesía. Es una obsesión por vivir lo que hay como si la cultura de Occidente hubiera vivido demasiado tiempo lo que no hay. No puedo discutir aquí esto de “vivir lo que no hay”. Digamos que tiene una íntima relación con la utopía. Y los tiempos utópicos duros fueron los de la década de 1960 —si descontamos los ecos de la ya antigua Unión Soviética de 1917— y su proyección en los 70-80 del siglo XX. Luego sobreviene una especie de suspensión que toma el fin de ese siglo y los primeros años del XXI. Pero para suspensión parece que ya hubiera sido suficiente tiempo en stand by. Sólo hay para mí una suspensión en arte: la suspensión de la crítica a las formas, es decir, la suspensión de la invención. Pregunta: ¿se puede vivir-hacer arte y poesía bajo una especie de consigna ahorista como si se estuviera ante las puertas de un apocalipsis inminente? Si hay una sabiduría en la amenaza apocalíptica es que no tiene fecha. No se puede programar. ¿Cuánto hace que se vive como si el fin fuera inminente? Para fundamentar lo que digo sólo tengo un elemento activo y contante: la aceptación como principio de supervivencia. Pregunta dos: ¿existe un arte de supervivencia? Es aquí donde el arte se separa del “estado de las cosas” y sigue su propio derrotero. Si algo supieron las vanguardias estético-históricas de cerca de 1920 fue que el presente-presente del arte, su condicionamiento a la realidad del momento, llevaba indefectiblemente a la destrucción del arte. Se practica hoy en día para ser moderadamente aceptado en la práctica artística una especie de “poética del humor”. Y la verdad que ese modo de hacer parece de risa loca. Parece también que se perdió la noción de “humor”. A la hora de proponer algo —y parece ser esta— recomiendo tres caminos. “Manifiesto del señor antipirina” de Tristán Tzara, Poemas y antipoemas de Nicanor Parra y Sobre el humor de Simon Critchley. Tal vez identificando de nuevo al humor podamos reencontrar el camino de la búsqueda como algo que tiene que ver con la naturaleza del arte.

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