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Violencia sexual en la ESMA

Sobre cómo entrar en un territorio prohibido, el de la violación: Leila Guerriero retrata a Silvia Labayru

Un relato sin héroes ni villanos

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LEILA GUERRIERO
Leila Guerriero
(Francisco Flores/ Archivo El País)

por László Erdélyi
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Cuando creímos haber leído el mejor libro de Leila Guerriero aparece uno nuevo que lo supera. La llamada, el último, trata sobre la violencia en Argentina de los años 70, una historia que Leila convierte en poesía, en relato que fluye y que no, no se puede parar de leer

La llamada tiene como protagonista a la argentina Silvia Labayru, joven militante de izquierda en los 60, luego montonera, secuestrada a los 20 por los marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) estando embarazada de cinco meses, luego torturada, violada, y que logró salvarse exiliándose en España. Allí fue repudiada por la mayoría de sus compatriotas, recibió el apoyo de unos pocos, y así hizo una vida hasta que hace pocos años su historia —y la de otras— tomó estado público, a pesar de todos o de nadie. Es que Labayru, además de su condición de “esclava sexual” de los marinos (hecho que inspiró a Margaret Atwood para su terrible El cuento de la criada), fue obligada a participar de operativos que derivaron en la desaparición de tres madres de Plaza de Mayo y dos monjas francesas. Debía cumplir el rol de hermana del infiltrado Alfredo Astiz.

La violación como arma de guerra, barata y eficaz, tuvo un amplio abordaje en el libro de la británica Christina Lamb, Nuestros cuerpos, sus batallas (2021), que le dedica un capítulo a la violencia sexual en la ESMA. Son historias abrumadoras porque el entorno, antes que contener, empatizar y asumir el dolor que pasaron estas mujeres, las condena y las repudia. El abordaje de La llamada hace algo inédito, pues logra ingresar a un territorio sacro, el de la intimidad de una violación (o de muchas, sistemáticas). Es allí donde la maestría de Guerriero se impone. Tras innumerables entrevistas realizadas desde el 2021, logra llegar a eso que no se puede nombrar pero que está ahí, latiendo, ardiendo, un territorio paradójico y resbaladizo como ninguno, casi secreto. Y lo hace como caminando sobre papel de arroz. Así elabora un retrato humano, cercano, por momentos aterrador, que desarma los relatos de héroes y villanos.

LA LLAMADA, de Leila Guerriero. Anagrama, 2024. Barcelona, 430 págs.

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