Nacido dos veces

Milton Fornaro

EL ITALIANO Giuseppe Pontiggia (1934 - 2003) y el japonés Kenzaburo Oé (1932), aparte de ser contemporáneos y escritores, han compartido también el hecho de ser padres de minusválidos, y ambos han escrito acerca de esa experiencia.

El caso de Oé es más notorio, pues saltó a la palestra como consecuencia de la obtención del Premio Nobel en 1994. Por este hecho, en 1998 se conoció en castellano (Anagrama), la novela Una cuestión personal, publicada originalmente veinticuatro años antes. En ella, despiadadamente se narra lo acontecido a Bird, un profesor de inglés de veintisiete años, quien en el Japón moderno es padre de un bebé monstruoso a causa de una malformación cerebral, condenado a la muerte o a una existencia vegetativa. En el caso de Oé, la realidad ha sido más piadosa que la ficción, ya que su hijo discapacitado —obviamente que no con la minusvalía atribuida al de su protagonista Bird— es hoy un exitoso concertista de piano.

De Pontiggia se habían conocido El jugador invisible (Anagrama, 1987), La larga noche (Grijalbo, 1991, ganadora del premio Strega 1989), y Vida de hombres no ilustres (Grijalbo, 1995, premiada con el Flaiano, 1993).

Con la novela reciente Nacido dos veces, Giuseppe Pontiggia obtuvo el prestigioso premio Super Campiello 2001.

Las semejanzas evidentes entre Una cuestión personal y Nacido dos veces se encuentran en el tema y su tratamiento desde la perspectiva del padre. Ambos protagonistas además son profesores.A partir de ellas las diferencias son notorias. En tanto la novela del japonés está narrada a partir del efecto inmediato que causa en Bird el nacimiento del bebé malformado, la de Pontiggia está escrita treinta años después del alumbramiento de Paolo.

La de Oé está narrada desde la desesperanza y el egoísmo de Bird, quien ve frustrados sus planes de futuro (un soñado viaje a África), y se despeña en un descenso a los infiernos de tres días y tres noches de alcohol y sexo, que en mucho recuerda al implacable Céline de Viaje al fin de la noche.

Más autobiográfica, Nacido dos veces narra la relación paterno-filial entre el profesor Frigerio y su hijo Paolo, quien padece una lesión cerebral a causa de una mala praxis durante el parto. Se trata de una novela de mutuo aprendizaje, el del niño con dificultades, para integrarse a una realidad donde predomina lo que entendemos por normalidad, y el del padre, quien termina educado por el hijo.

Narrado en primera persona, es un relato que surge de la aceptación de tener un hijo diferente, y del amor de los padres por ayudar a Paolo a superarse y crecer en un medio hostil y lleno de prejuicios. El título de la novela surge del hecho explicitado por un médico en estos términos: "Estos niños nacen dos veces. Deben aprender a moverse en un mundo que el primer nacimiento ha hecho más difícil. El segundo depende de vosotros, de lo que sepáis dar. Han nacido dos veces y el recorrido será más difícil. Pero, al final, para vosotros también será un nacimiento. Ésta es, al menos, mi experiencia. No puedo deciros otra cosa." El narrador, treinta años después agradece ese consejo.

A nadie escapará que el tema, por la intensidad del drama que encierra y por la proximidad del narrador implicado, puede resultar un material azaroso aun en las manos de un escritor experimentado. Hay que reconocer la actitud frontal de Pontiggia al atreverse en un terreno poco frecuentado por la literatura, aunque más abordado por el cine. La novela está estructurada en breves capítulos, a veces de una página y media, que funcionan como unidades cerradas, orientados temáticamente desde el título. Así el lector encontrará, por ejemplo, titulares de este tenor: "Lección de equilibrio", "¿Qué es la normalidad?", "Reunión de padres", y "Capacitados y discapacitados" entre otros. Esta opción del escritor, en capítulos que saltan en el tiempo, resiente la ilación de Nacido dos veces, que se asemeja más a un manual didáctico que a una novela.

Esa función didáctica se evidencia aun más en el tono sentencioso elegido por el autor para expresar el drama. El relato está plagado de sentencias de este calibre: "Lo débil se cura con lo débil";"Se requiere poco para transformar una conversación en una farsa. Basta una persona"; "En la vida, cuando no existe alternativa, nos damos por vencidos".

Esa sucesión de verdades reveladas aleja al lector, lo sitúa como mero espectador que contempla el drama desde la orilla. Al cerrar el libro es indudable que se ha aprendido mucho acerca de la realidad de los discapacitados y de un mundo estructurado para rechazarlos y no para integrarlos. Es una buena denuncia. Pero es lícito sentir que Giuseppe Pontiggia nos ha dejado fuera.

NACIDO DOS VECES, de Giuseppe Pontiggia, Salamandra, Barcelona, 2002. Distribuye Océano. 221 págs.

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Infantil

LOS CAZAVENTURA Y EL CAMINO PERDIDO DE LOS ANDES, de Helen Velando, Alfaguara Infantil, Montevideo, 2003. Distribuye Santillana. 373 páginas,

CON ESTA obra, Helen Velando y Alfaguara Infantil inauguran la Colección Cazaventura que promete un próximo título: Los Cazaventura y el río escondido de la Amazonia.

Los Cazaventura son una familia compuesta por niño y niña (él travieso, ella estudiosa), unos padres científicos (él un entomólogo bohemio y distraído, ella una arqueóloga audaz y práctica) y un tío abuelo viudo. El tío, sumamente ágil física e intelectualmente, no cesa de incursionar en nuevos inventos para sortear los obstáculos a que los somete una vida particularmente arriesgada. Su hogar en Villa Serrana tiene algo paradisíaco, no solo por la belleza del paisaje y la calidad de vida sino por los idílicos vínculos familiares donde las contradicciones no tienen lugar (más allá de pequeñas rencillas entre hermanos, todas las relaciones están signadas por el amor, la admiración y el respeto mutuo). Al recibir un extraño mensaje procedente de Bolivia toda la familia sale al rescate del querido profesor Homero Salazar, al que acertadamente suponen en peligro, emprendiendo una aventura singular que los hará atravesar el norte argentino, conocer el altiplano boliviano, llegar a orillas del lago Titicaca e internarse en el imponente monte Illimani. Este recorrido dará pie a interesantes descripciones de los sitios visitados, resaltando su hermosura y el encanto de descubrir no solo tesoros naturales sino una cultura indígena signada por la sabiduría.

Perseguidos por los malvados (el doctor Malakis y sus mercenarios) los Cazaventura deberán sortear numerosos obstáculos para acceder al misterioso camino de los Andes y tomar contacto con una cultura milenaria. La nobleza e inteligencia de cada uno los guiará hacia un final feliz que les permitirá vencer la mezquindad de sus perseguidores. Personajes y situaciones algunas veces plenos de gracia, otras excesivamente previsibles o sujetos a clichés que empobrecen el relato, logran sin embargo conformar una historia bien contada que dará satisfacción a aquellos que disfrutan de este género. Un libro entretenido donde Helen Velando demuestra una vez más su buen manejo de la aventura, agregando en este caso algunos toques de magia chamánica.

M. G.

Novela

LA PASAJERA, de Andrea Blanqué. Alfaguara. Montevideo. 2003. Distribuye Santillana. 254 pág.

A ALGUNOS autores hay que seguirles la pista porque en cualquier momento pueden dar el gran golpe, como Andrea Blanqué, por ejemplo, que ha demostrado imaginación e independencia de criterio, en las páginas de este suplemento y en relatos anteriores.

Sin embargo la literatura femenina es una opción de hierro para desarrollar una voz original, crítica y alternativa. La pasajera, escritora de un cuaderno de apuntes que no quiere ser un diario, declara "el temor a ser cursi", y el peligro de "pasar por intelectual".

Desde ese ambiguo estatuto de ingenuidad ironiza: "Soy una más en la multitud de patéticas mujeres que describen su subjetividad, que no racionalizan, que fragmentan el mundo con sus detalles. Solo me falta leer el último libro de Isabel Allende o de Marcela Serrano para ser una completa mujer divorciada de treintilargos en la búsqueda de sí misma.""Soy una más, siempre fui una más, una silueta en el mapamundi. Y qué."

La mujer sola de nuevo tipo, que aparece es una madre separada corriente, que sobresale algo del conjunto y cae en contradicciones, racionalizando las causas del divorcio y la intención de su escritura, aun con referencia a la teoría del género autobiográfico. Incluso menciona recetas de cocina y de cosmética, que también desprecia. A diferencia de las abandonadas típicas, no se queja ni culpa a los hombres; por el contrario, proclama que, por su voluntad, escogió quedarse sola con los hijos, postergando a la viajera y mochilera de su juventud. "Elegí la cueva y los cachorros", dice, y se las arregla bastante bien, con las apreturas de una profesora de liceo. En el ámbito cerrado del cuaderno, diluye los pro y contra de la nueva condición femenina desplegando una óptica optimista, casi celebratoria, que no da lugar al drama.

El esfuerzo por dar voz a una experiencia del montón, interesante en sí mismo, entraña más riesgos y desafíos que representar a un ser excepcional. Desfilan por los apuntes un sin fin de historias de la memoria familiar y del presente, ideas, observaciones, imágenes poéticas, emociones, en general superfluas y anodinas. No discrimina ni profundiza en los problemas trágicos de su vida y el mundo, como podría esperarse de acuerdo a su experiencia, cultura y sensibilidad. Los registra uno tras otro, con una lengua, torpe o engalanada, propia del tipo social representado, pero que, a fuerza de rehuir el artificio, derrama la frivolidad de la protagonista sobre el relato.

En la página 79, la novela da un vuelco. Un incidente trivial dispara la fantasía y el ensueño. Lo insólito y absurdo, el papelón de un cuaderno íntimo violado en su secreto, se inmiscuye en la vida correcta y ordenada de la protagonista. La escritora obtiene sus mejores logros hurgando en los semitonos del temor, la vergüenza, la timidez, el deseo, el atrevimiento y el sentido común. Algunos golpes de efecto complican la peripecia: un suicidio, un atentado en Israel, los cambios de los hijos y la desaparición de la niña, acompañan la buscada intromisión de un alumno en silla de ruedas.

El relato le saca el cuerpo con bastante tino a casi todas estas situaciones comprometidas, cuyo tratamiento podría emboscar cursilerías e intelectualismos. La habilidad para desembarazarse de esos riesgos técnicos y emotivos, no evita alivianar quizás en exceso el relato. El desenlace abierto, del que se vale, deja en suspenso los dos dilemas más relevantes de la novela, el amor, —o el erotismo, que adopta una expresión digna—, y la maternidad.

Quizás fuera más fácil escribir como mujer olvidando las estrechas convenciones de la literatura femenina. Aunque sea para rebatirlos, en esta novela esos códigos están demasiado presentes. Sin embargo Andrea Blanqué construye una obra llana, de impronta actual, que demuestra la intención de conquistar una voz propia y la ubica en una zona peculiar de las letras uruguayas.

G. S.

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