Rafael Rey
EL 20 DE mayo de 1965, Howlin` Wolf hizo su primera aparición en la TV norteamericana. Fue en el programa Shinding, un variety show que emitía la cadena ABC, y que esa noche tenía a The Rolling Stones como artistas estelares. Con el dedo índice, acusador, apuntando directamente a la cámara, y con violentas embestidas de cadera, que dejaban a los movimientos de Elvis como un ingenuo contoneo pélvico, Wolf, un simiesco mastodonte de casi dos metros de altura y ciento cincuenta kilos de peso, escupió su blues para todo el país. Antes del show, enterados de que los ejecutivos de la cadena habían vetado la presencia de Wolf, los Stones se negaron a tocar. Si Wolf no tocaba, los Stones tampoco.
ABC quizás no quería saber nada de negros tocando blues. Pero los británicos, que también debutaban en la TV norteamericana, sabían todo lo que le debían a Wolf y a la música que estos negros venían tocando desde hacía 40 años. "Fue un muy breve roce con la grandeza", dijo Keith Richards sobre esa noche. "Todo lo que tenías que hacer era ponerle un micrófono y el tipo iba a hacer lo suyo. No había trucos".
Se trataba simplemente del cantante más impresionante que había dado la música norteamericana. Nunca volvería a tocar para la TV.
HUYENDO. Howlin` Wolf nació Chester Arthur Burnett, el 10 de junio de 1910, en White Station, un mísero poblado del estado de Mississippi. Sus padres se separaron cuando apenas tenía un año, y era todavía un niño cuando su madre lo echó de su casa. Con bolsas de arpillera atadas sobre sus pies descalzos, el pequeño Chester tuvo que andar unos cuantos kilómetros hasta la casa de su tío abuelo paterno. Violento incluso para la época, su improvisado tutor lo castigaba diariamente con un látigo, y lo alimentaba únicamente a pan y leche, que el niño tenía que ingerir solo, en un rincón, separado del resto de la familia. Famélico, Chester recorría las vías del tren con la esperanza de comer las sobras de los obreros del ferrocarril. Cantar y tocar la armónica para sus primas era la única manera de sobrellevar la situación.
A los 13 años escapó en busca de su padre, que vivía en el Delta. Allí trabajó en el campo durante años, y entabló una cariñosa relación con su progenitor, quien le compró su primera guitarra. Chester aprendió a tocar con el mismísimo Charlie Patton, pero fue la capacidad de éste para conquistar al público lo que marcó al joven, quien para entonces ya se hacía llamar Howlin` Wolf. Durante la década del 30 se dedicó a tocar en cuanto lugar encontraba, compartiendo escenario, además de con Patton, con leyendas como Robert Johnson y Son House.
En esa época la única manera de salvarse de trabajar en las plantaciones era tocando blues. Un músico podía hacer más dinero en una noche que lo que podía llegar a ganar en una semana en los campos de algodón. El blues, además, solía poner a los músicos a resguardo de la violencia del racismo blanco; era común presenciar linchamientos de negros que habían osado tan sólo dirigirle la palabra a una mujer blanca. Pero en una ocasión Wolf fue un poco más lejos y tuvo que huir del Delta. No había blues que pudiera salvarlo. Atrás quedaba el amor de una mujer, Elven Frazier, y un hijo, Floyd, a quien Wolf recién conocería una década después, ya casado con otra mujer.
DONDE EL ALMA NUNCA MUERE. La llegada de la electricidad a la zona del Delta lo había transformado todo; incluso la manera en que se tocaba y escuchaba la música. Los viejos bluseros, que solían cantar solos, con una guitarra acústica y una armónica como únicos acompañamientos, contaban ahora con toda una banda detrás. Wolf tuvo la suya, The House Rockers, cuando llegó a West Memphis en 1948. Con una sólida base de guitarra, bajo, piano y batería, Wolf tomaba la presencia de Charlie Patton y la angustia de Son House, y les sumaba su intimidante figura y sus espeluznantes aullidos para dar vida a "la más impresionante banda de blues eléctrico que el Delta haya visto", a decir del crítico Robert Palmer.
De inmediato consiguió su propio espacio en una radio local, y fue allí que lo escuchó el productor Sam Phillips, que trabajaba para Chess Records. "Cuando escuché a Howlin´ Wolf, dije, `esto es para mí, acá es donde el alma del hombre nunca muere`", recordaría Phillips, quien pasaría a la historia como el responsable del descubrimiento y las primeras grabaciones de Elvis Presley y Johnny Cash, entre muchos otros. En setiembre de 1951, Chess Records editaba los dos primeros temas de Wolf: "How Many More Years" y "Moanin` at Midnight", dos de las mejores canciones de toda su discografía.
Al mismo tiempo que Muddy Waters en Chicago, Wolf estaba siendo el nexo entre el blues del Delta y el blues eléctrico que triunfaría en la ciudad de los vientos en los 50. Hacia allí se dirigió Wolf. Pronto se convertiría en el número uno.
SWEET HOME CHICAGO. "Soy el único que llegó del Sur como un caballero", solía decir Wolf sobre su arribo a Chicago. A diferencia de los negros del Sur que habían emigrado colgados de los trenes, él llegó manejando su propio auto y con dinero en el bolsillo.
Formó una nueva banda y no pasó mucho tiempo para que empezara a grabar con los hermanos Chess. A lo largo de la década grabó algunos himnos del blues, pero fueron los shows en vivo los que lo pusieron en la cima. A diferencia del resto de los cantantes (incluido Muddy Waters), que tocaban prolijamente sentados en sus sillas, Wolf dejaba la vida arriba del escenario.
Chicago nunca había visto nada igual. Gateaba, aullaba, se arrodillaba frente a las mujeres del público, o las hacía subir al escenario para que se montaran sobre su espalda. Cantaba arriba del bar del local, o terminaba el show en mitad de la calle, arrastrando al público afuera y con la policía interrumpiendo la actuación. Abajo del escenario era igual de intenso. Solía resolver a golpes las diferencias con sus músicos y no fueron pocas las veces que se desenfundaron armas de fuego; en esa época era común que los músicos subieran armados al escenario.
Multaba a los músicos de su banda si llegaban tarde, si los veía tomando alcohol antes de tocar o si no vestían los trajes que él mismo les compraba. En 1964, en la cima del éxito, se casó con Lillie Handley luego de siete años de noviazgo. Fue su segunda esposa y el gran amor de su vida.
EL ÚLTIMO AULLIDO. A mediados de la década del 60 el blues fue perdiendo convocatoria entre los negros, y comenzó a interesar a jóvenes rockeros blancos. Eran tiempos de giras europeas y festivales de folk en campus universitarios. Los músicos de blues ya habían grabado sus discos fundamentales, y eran leyendas vivientes que se ganaban la vida tocando en vivo o grabando junto a la elite del rock de la época.
El fin de la década encontró a Wolf internado en un hospital a causa de un paro cardíaco. Era el primero de muchos que padecería en los años siguientes, acompañados de una progresiva enfermedad renal. Desobedeciendo a sus médicos y a su mujer, continuaba tocando en vivo, cada vez con menos energía. En 1973, y después de 20 años, se reencontró con su hijo Floyd, quien no le perdonó su rechazo a Dios. No lo volvería a ver. Con su madre ya había tirado la toalla. Intentaba verla cada vez que estaba de gira en el Sur, pero ella lo rechazaba por tocar "la música del diablo". Lo volvió a hacer cuando Wolf, agonizante, la llamó por teléfono desde el hospital de Chicago, unos días antes de morir.
El 8 de enero de 1976 lo operaron por un tumor cerebral. Su corazón no aguantó, y tras dos días sobreviviendo con un respirador, su esposa aceptó desconectarlo.