Los viejos códigos

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El País

JOSE VALDÉS, más conocido como "el Peluca", se suicidó el 3 de octubre pasado. Su aparición en la escena política uruguaya con la creación del Movimiento Plancha fue percibida como un acontecimiento contracultural que trascendió a lo político, y puso en evidencia una realidad social y cultural que muchos desconocían o intuían de acuerdo a estereotipos. La siguiente es una entrevista inédita realizada en diciembre de 2007. El texto completo será publicado en la revista Pulso de la Facultad de Comunicación de la Universidad ORT, Montevideo.

Eleonor Wauquier

UNO DE LOS CUATRO hijos de José "Peluca" Valdés juguetea con la acreditación del Partido Colorado. También están presentes en la entrevista dos perros; uno se llama Vecino, para molestar al de la casa de al lado, y una perra negra de nombre Shakira, porque según el Peluca, "es negra al pedo". En su casa de La Teja hay un sillón rinconero y una mesa con muchas sillas, para recibir gente durante todo el día. De las paredes cuelgan dos fotos recubiertas de plástico: una es de su casamiento con Alicia, donde los acompaña Óscar Magurno. En la otra se ve al Peluca abrazado con quien fue dos veces Presidente de la República, el Doctor Julio María Sanguinetti.

La familia de José Valdés ya se acostumbró a un estilo de vida mediático desde que el Movimiento Plancha se hizo conocer en el 2007. Todos trataron de mantener una rutina, pero la vida se aceleró. El Peluca se jacta de que están haciendo ruido. Es edil por Montevideo y Presidente de la Comisión de Fomento de la escuela Yugoslavia, a donde van sus hijos, "la escuela de Tabaré" -comenta. Una de sus hijas, cuando sea grande, quiere ser "la secretaria de papá".

Contra el miedo.

-¿Sólo querían hacer ruido?

-No, queríamos que la gente respetara un poco a estos tipos (los planchas), romper el tabú, el miedo de que si son pasteros son distintos. Lloran como todos… no tienen tres huevos. Muchos de ellos empezaron para hacerse los vivos. Pero son bobos como cualquier otro y todavía tienen más miedo. Había que demostrarle a la gente que en este barrio se puede caminar. A veces hay un arrebato, pero acá antes era tierra de nadie. Yo tengo cuatro gurises, y si yo no los cortaba con los códigos que aprendí… ¿qué voy a pedir? ¿La policía? Si la policía hoy por hoy con los sueldos de mierda que cobra es corrupta. En cambio antes te metían cada miedo...; los tipos no sabían escribir, no digo que eran analfabetos, pero te encajaban dos guantazos y vos respetabas esa cuadra, porque él llegaba hasta el fondo de tu casa. Dejaba el uniforme en su casa y te salía a buscar.

Llega una mujer, la reciben y se sienta a la mesa. El Peluca retoma la entrevista.

-Yo siempre dije: ¿quién es el mejor policía? El que fue ladrón, porque se conoce todos los códigos. Y ¿cuál es el mejor ladrón? El policía, porque sabe cómo se manejan los robos. Hay que meter en la balanza un poco de cada uno si querés sacar algo bueno. Pero ese equilibrio se perdió.

-¿Siempre viviste acá en la Teja?

-Yo fui de todos lados, primero viví en la Curva de Maroñas, después en Punta de Rieles, viví en la Aduana, en Progreso, en El Dorado, no era de quedarme mucho en un lugar fijo.

-¿Por qué?

-Porque me gustaba pasar un tiempo con mis abuelos; después empecé a trabajar con sueldo, me fui de lo de mi vieja, me gustaba mantenerme solo, salir toda la noche y si tenía que laburar al otro día, bueno, hacerlo. Pero no me gustaba que me mandaran. Entonces, viví solo, con mi hermano, a los 17, y tampoco me gustó, porque… te voy a contar una. Nos tocaba cocinar y limpiar una semana cada uno, y a mi hermano le pintó la vagancia: hizo una olla de polenta para toda una semana, la metió en la heladera. Parecíamos gallos, ya nos parábamos en los palos de la cama. "Ah… vos sos vivo", le dije. A la otra semana hice yo polenta y se la metí en la heladera. Estábamos en la curtiembre de Punta de Rieles, y comíamos del carrito, yo en una esquina y él en otra.

Interviene Alicia: Ya no se come polenta en casa. A mis hijos les encanta, pero bueno… Somos de guisos, pero ahora últimamente pasamos en los carritos de panchos y milanesas, porque no hay tiempo. Anoche les hice un guiso de arroz con arvejas… ¡los gurises comían con una desesperación, pobrecitos!

-¿Vos harías algo como el Plan de Emergencia?

-Yo haría otra cosa, prefiero tener a quince tipos laburando que a un jefe que tenga siete. Prefiero tener más gente y menos empresarios. Acá les duele. Yo les digo las cosas a la cara a los tipos, y eso no les gusta. Nosotros estamos pagando la culpa de 150 años de ustedes (del Partido Colorado) les digo. Soy directo, aunque haya una cámara o no. Las malas palabras las decimos porque son las palabras que entiende todo el mundo.

-¿No te parece un poco pasadito el eslogan en contra del aborto, "no al aborto, dale por el orto"?

-¿Pasadito, por qué? Chocó y les gustó. Claro, cuando están con gente se quejan de que es horrible pero cuando están solos vienen y te afilan como tijeras. Porque te dicen: "¡ah Peluca, es buenísimo porque dice la verdad!". Yo los mando a cagar.

-¿Hacés lo mismo con la gente de tu movimiento?

-Si estás con hambre... tomá y comé, como pasa acá con ella (señala a la mujer que llegó hace un rato, que está tomando mate en la mesa), y con todos los que vienen.

-¿Viene mucha gente todos los días?

-Sí. Pero no de ahora, de siempre. Nosotros estábamos manteniendo los merenderos. Este barrio es la cuna de la izquierda y acá hubo un programa de televisión que me criticó. Se pusieron saladas las viejas de acá, dijeron "nosotras somos frenteamplistas, pero El Peluca nos quitó la delincuencia del barrio". Cuando yo voy a buscar a botijas drogadictos no les pregunto si su papá votó al Frente. Cuando salió esto decidí bajar las banderas, la blanca, la colorada, la del Frente, vamos a luchar todos por lo mismo. Si es como el Sida, le puede pegar a cualquiera.

-¿Es una solución dar trabajo?

-Claro, el tema de la droga empezó por lo económico. Antes vos ibas a un rancho y escuchabas una discusión... que la mujer cagaba a palos al marido porque el loco llegaba mamado, o porque gastaba plata en la timba, o se patinaba el aguinaldo con otra. Ahora, la mayoría del tiempo la gente discute porque no hay plata, porque los gurises no tienen qué comer.

-¿Qué hacer, entonces?

-Una es no tirar tanta plata, no cagar tanto a la gente, porque la Intendencia de Montevideo, si vos la laburás de otra manera, es riquísima. Tantos palos que dieron diciendo que los colorados te compran con un chorizo y un vaso de vino. Yo hoy tengo la potestad de decir que el Intendente de ahora te compra con un vaso de champán y unos sándwiches. Yo soy edil local y tuve la suerte de ir a muchas comidas. Como soy tímido me gusta llegar primero o último. Vos escuchás que la gente dice antes de empezar la comida: "yo le voy a decir que en mi barrio esto, y lo otro, que no hay vereda". Después vienen todos los mozos, los tipos están chupando y comiendo, y cuando llega el Intendente, nadie se lo dice. Eso es psicología de pobre, está bien. Otra vez pusieron una avalancha de comida, porque sabían que ese día iba a haber problemas... y no hubo. Hay miedo porque saben que nosotros vamos a desplazar a muchos viejos que cobran millones. Pero para mí ser diputado no es ir y calentar el culo. Es salir a la calle, porque para eso estás pagando un secretario que atiende lo tuyo allá adentro. Yo sé que cuando sea viejo voy a tener respeto, lo van a cuidar al Peluca. La gente esa te dice que la política es complicada, pero no saben ni la mitad de las cosas que están pasando. Nosotros tuvimos que hacer colecta para velar a un bebé. No había dónde velarlo, lo único que te llevan es el cajón, ni siquiera te meten los autos. Claro, si no tenés plata andate caminando, llevátelo dos horas antes. Después a los pobres muertos de hambre les dan bola sólo cuando son las elecciones. Nosotros estamos mostrando todo ahora y eso duele. Yo entiendo a la gente que está peleando por los desaparecidos, pero ¿por qué no pelean por los que están desapareciendo ahora? Por ese botija de Colón que desapareció y lo quemaron en un colchón, por ejemplo. Tapan todo porque son gente de asentamientos y no hay poder atrás. Por ésos peleo yo, son los desaparecidos que me interesan. Que vayan a ver el pabellón de los sidosos, que lo vayan a ver bien, no la parte de adelante, la de atrás.

-¿Qué pasa atrás?

-Tenés que ir a verlo, no te puedo decir. Por la televisión muestran una imagen de los etiopianos que están resecos y todos lloran. Vení a mirar los tuyos primero. Y ahí vas a salir llorando.

-Decís que no hacés diferencias entre banderas, pero vos en cierta manera te reivindicás como…

-Yo salí de entrada y dije que era Colorado y de Peñarol. Hay gente que es fanática de cuadro grande y se la tira de cuadro chico. A la bandera colorada le cambiamos los colores porque para nosotros el verde es esperanza.

-¿Qué pensás de la ley de humanización de cárceles?

-Un 90% son presos por pasta base. Siguen construyendo cárceles, pero si rehabilitaran a los drogados no se necesitarían tantas. Hay muchos que están por boludeces, por hurtos menores. Hay que darles otra utilidad a los presos, para la economía. Los gurises se tienen que inventar una pelea para matar el ocio. Pero si lo sacás a un taller a laburar, cuando llega a las siete de la tarde está liquidado, no pelea, se va a dormir.

Llega un hombre al que le dicen el Negro, se sienta a la mesa. Llora un bebé.

CUESTIÓN DE RESPETO.

-¿Ahora te respetan más porque sos hombre público?

-Siempre me respetaron porque yo siempre los respeté. Hay códigos viejos. Por ejemplo, a algunos, si caen en cana le violan a la mujer. Yo no, si hay que dar una mano, la doy. Esos son los códigos.

-¿Los viejos códigos?

-Siempre hay que cuidar el barrio, no quemarlo, y al que lo hace hay que agarrarlo a patadas en el culo. Y si todos los barrios hacen eso nunca va a haber robos. Hace poco hubo un robo y el chorro no era de acá, todos los vecinos tomaron coraje y lo agarraron a tablazos. Antes lo que hacían era llamar al 911 pero no daban nombres para que los ladrones no tomaran represalias.

-Lo que dijiste sobre no robar en el barrio generó polémica...

-Sí, ya sé, "Apología del delito". Pero yo no dije que tenías que sacar la basura de tu casa y pasarla para la del vecino. Lo que quería decir es que todos los barrios nos cuidemos, así salimos de la delincuencia. Te voy a decir algo, capaz que queda feo. Un pastero está robando, todo bien, si él tiene ganas de consumir no se lo vas a prohibir, porque las leyes defienden al consumidor. Obvio que el tipo va a salir a robar, si tiene derecho a consumir. ¿Además, cuánto roba? La pasta te cuesta 20 pesos, porque ahora es paco lo que venden. Acá no hay bocas, hay boquitas, porque con 1.500 pesos comprás todo. Tenés que comprar veneno de ratas, el paquete que es amarillo y tiene una rata dibujada, lo metés en una olla de acero inoxidable, con el querosén y la pasta, lo tenés que hervir con un mechero de alcohol y queda del mismo color. Así se rebaja, es re-fácil. No les hace tanto mal porque lo fuman, si lo tomaran mueren podridos. Fumando te va cocinando todo, pero no te mata automáticamente. El tema es que ya no precisás un laboratorio, porque el mismo malandraje te enseña cómo hacerlo.

-¿Vos la probaste?

-No, ni loco, no me dan los huevos. No la probaría y la marihuana tampoco. Las falopas son todas iguales. Yo no legalizaría la marihuana, porque es una droga blanda que te exige más droga. Vos empezás con el porro, te exige el chupe, porque la tenés que ir engrosando para que te pegue más. Si legalizás una, legalizás todas. Para conocer la droga tenés que estar adentro, porque de afuera los legisladores dicen: "científicamente…", y yo tengo ganas de decirle a cada uno: "dale, llevá a tu hijo a que se drogue".

-¿Cuáles son tus ingresos?

-Cuando yo laburaba en la Española ganaba 17.000 pesos, y ahora de sereno gano 5.500. Abandoné porque como edil tengo que estar todo el día en los barrios, y en La Española no podía.

-¿Y cuando dormís?

-Y, de sereno dormís de sereno. (Se ríe)

-¿Que pensás de las barras-bravas?

-Es gente normal, que está agrupada y con adrenalina que sube en el momento. Pero muchas veces empiezan por culpa de la policía, porque si a una barra la dejan salir tranquila está todo bien. Es cuando te están basureando que te dan ganas de pegar una piña. Yo he caído preso por algún partido de fútbol.

-¿Qué pensás de los sitios web anti-plancha?

-No les doy bola, es como cuando estuvo el "escuadrón de la muerte" de Canelones. Lo puede hacer un pendejo de 17 años que está aburrido o una persona de otro partido para ver si yo arrugo. Cuando pasó lo del "escuadrón de la muerte" al día siguiente tuvimos una reunión en el Cerro y los muchachos decían: "al Peluca lo defendemos hasta la muerte; si tenemos que usar las armas, las vamos a usar". Todo eso fue grabado en el programa Cámara Testigo y lo censuraron. Yo no me quemo, porque a mí me llegan a tocar y se pudre todo.

-¿Te amenazaron alguna vez?

-Sí, pila de veces, y yo les mandaba un mensaje: "Suerte en pila".

-¿El movimiento plancha es sólo para planchas?

-Bajé las banderas y la gente lo quiere tal cual es. Tenemos gente que es obesa, gente negra... (su esposa, la vecina y él miran al amigo que está al lado, el Negro, y se ríen).

-¿Sos de izquierda o de derecha?

-De ninguna, yo tengo la ideología batllista, la de antes. Pepe Batlle estaba en los barrios como estuvo en su momento Pacheco, después se le fue complicando el tema. Nosotros ya dijimos. Cuando sea diputado voy a cobrar 5.500 pesos, como ahora de sereno. El resto lo voy a usar para rehabilitación de todo tipo de droga, pero trabajando distinto, sin pichicata, con talleres, tipo universidad para drogadictos. Esto lo voy a decir en un canal de televisión antes de las internas, con un escribano notorio y conocido que haga el papeleo… ¿Petinatti es escribano? Él fue el que me regaló la versión plancha del himno del Partido Colorado. El otro día cuando fuimos al estadio a ver el clásico, en la tribuna de Peñarol me cantaban: "se siente, se siente, Peluca presidente".

-¿Qué pensás de la ley que sanciona a los que le den una palmada a los niños?

-Es una ley idiota, porque un coscorrón se lo merece, si no el botija te agarra de punto. No entiendo las leyes de acá. ¿Sabés lo que me da bronca? Que cuando les discuto las leyes me dicen que tengo razón.

PLANCHA DE POSTAL.

-¿Qué es ser plancha?

-Es por la plancha con un número que te ponen en la cárcel. Al plancha lo ven ahora como el que se pinta el pelo, que anda con bermuda, la camiseta, los championes legales, pero ya metieron a todos en la bolsa: el rastrillo, el falopero. Y hay planchas que están podridos en plata, que lo agarraron como moda para levantarse a las minas del baile, del liceo, bien pintaditos, con mechoncito azul. Pero esos botijas son plancha de postal, porque los viejos de ellos tienen terribles autos. Dicen también que un tipo de la construcción es un plancha, pero es un trabajador. Un plancha puede ser un peludo que se comió todos los fierros, pero es un plancha porque se comió la cárcel.

-¿Vos te considerás un plancha?

-En cierta forma me considero plancha porque soy de asentamiento, conozco todos los códigos. Hay gente que dice que no soy plancha, ¡pero es porque no me pinto el pelo! De repente yo soy más plancha que muchos, porque me conozco todos los códigos, los de la policía, de los bandidos, y si quiero hablar fino puedo hablar. Puedo hablar con los de arriba y con los de abajo, con cualquiera. No podés decir que todos los planchas son ladrones, porque entonces: ¿los Peirano son planchas? Acá metieron planchas por la moda argentina, siempre fue así, lo que sobra en Argentina nos lo dan a nosotros. Acá hay cumbias que son más villeras que las de ellos.

-¿Vas a usar traje cuando seas diputado o vas a mantener tu perfil actual?

-¡Obvio! Sólo en mi casamiento usé traje y tenía el pelo corto. Eso fue una promesa: cuando tuviera un hijo varón me pelaba. Nos casamos hace cinco años porque había una directora que era terrible yegua, que nos decía que éramos unos juntados. Ahí mi hija puso cara de lastimadura, me casé para que no le rompan las bolas. Es un papel y nada más, es lo mismo que hace doce años.

-¿Tenés algún hábito cheto?

-Si fuera soltero capaz que sí... ¡comerme una cheta! (se ríe y su mujer le da una palmadita). Ahora el hábito cheto que me gustaría sería irme a tomar una cerveza a la rambla.

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