María de los Ángeles González
LA REUNIÓN de lo visto y leído a lo largo de años en relación a plantas y animales domésticos o exóticos, y la devolución de esa suma de saberes, dio como resultado este nuevo libro de Ida Vitale (Montevideo, 1923). Se trata de un acercamiento libre, híbrido entre el relato y el ensayo, a distintas especies animales y vegetales, combinando experiencias propias y ajenas, fuentes históricas, eruditas, fabulosas, viajes reales y literarios. Nutren el extraordinario catálogo voces de filósofos, naturalistas, historiadores, escritores; de Platón a Plinio, de Humboldt a Félix de Azara, así como poemas de Oliverio Girondo, Umberto Saba, y tantos otros. En ese recorrido, guía a la autora cierta forma de fe. Acepta la irrupción de lo inexplicable, los hilos invisibles que conectan todo lo viviente. Por eso, y por la admiración frente a los variados fenómenos de la vida, halla a cada paso "rastros de un paraíso desatendido y minado". Va al encuentro desinteresado con la realidad que circunda al hombre, renegando del antropocentrismo que ha dominado la mirada literaria y del racionalismo que reduce todo a la explicación científica. A pesar de los desórdenes que impone el progreso técnico, todavía es posible "atisbar la reserva de tensión espiritual que ofrece la naturaleza".
Vitale es una de las escritoras uruguayas de mayor reconocimiento internacional. En 2002 se publicó una amplia antología de su obra poética en España (Reducción del infinito, Barcelona, Tusquets) (ver El País Cultural Nº 705). A su vasta producción en verso se han ido sumando cercanas incursiones en prosa, como Léxico de afinidades (1994) y Donde vuela el camaleón (1996). En ellas, el lenguaje conserva la pureza, las líneas clásicas, la tentación arcaizante que han destacado su poesía. Incluso la interacción de textos en prosa y en verso, combinados con testimonio y relato, reaparece en estos libros.
Dentro de la variedad temática de este nuevo volumen, podrán encontrarse siempre materias afines, porque hay anécdotas para todos los gustos sostenidas con elegancia de estilo y tensión narrativa, como la peculiar historia de un perro montevideano, llamado Macedonio Fernández, la de un muchacho mexicano que padecía una fobia paralizante a las mariposas, explicable porque en el fondo ellas acentúan "el signo inquietante de lo fugaz perecedero", la de una paloma criada en un living y capaz de retornar cada vez que los amos vuelven de sus viajes. Mascotas de la infancia, ardillas doradas de Austin, mésanges de París, gaviotas de Praga o ruiseñores desconocidos, pueblan un universo que se ofrece múltiple y prometedor. El lector uruguayo puede elegir, en todo caso, referencias que se enriquecen con una clave más cómplice, ya que recuperará lugares y hechos perdidos cuando los ha conocido: casas de altos con zaguanes, avenida principal arbolada, libertad que se asocia siempre a la cercanía del mar, modos propios de llamar a las plantas y animales.
Pueden reconocerse también acontecimientos de décadas atrás que nutren formas de la memoria inconsciente —aunque no se hayan vivido en forma directa— y que bordean la categoría de lo real maravilloso, como la "lluvia" de langostas o de ceniza volcánica sobre Montevideo. Son esos hechos de los que se ha escuchado hablar o "cuyo hipotético origen remoto fue recuerdo personal, pero que ha pasado a constituir no un conjunto de recuerdos sino un saber", como alguna vez dijo Sylvia Molloy. Esos marcos antropológicos, reales y cercanos, son ingredientes que hacen muy disfrutable este libro. La original sustancia de que está hecho puede verse también como una excusa para ofrecer un recorrido biográfico, una forma libre de convocar los recuerdos y las reflexiones, que se hilvanan en torno a cierta planta, a cierto animal. Claro que esa posibilidad vuelve a centrar la lectura en lo humano, aunque eso escape a los propósitos del libro. En definitiva, no deja de ser esa conciencia alerta la única que da sentido al vasto mundo, y el hombre el único para quien merece la pena contarlo.
DE PLANTAS Y ANIMALES. ACERCAMIENTOS LITERARIOS, de Ida Vitale, Paidós, México, 2003. 276 págs.
Novela
EL CUARTO OSCURO, de Louise Welsh, Anagrama, Barcelona, 2004. Distribuye Gussi. 309 págs.
EN PRINCIPIO, una buena novela policial debe atrapar al lector y no soltarlo hasta el final. Las maneras de hacerlo son sencillas y conocidas: una trama perfectamente encadenada, un protagonista simpático, el acercamiento fatal al descubrimiento del culpable. Si está bien escrita y además los ambientes, los detalles y las psicologías son convincentes, si abre zonas de la realidad que no dependen exclusivamente de los requisitos de la intriga, tal vez sea válido dudar de subcategorías y pensar que simplemente tenemos entre las manos una buena novela. El cuarto oscuro lo es.
Se atreve a algunas originalidades y las resuelve con la eficacia que proporciona el sentido común y una fina ironía. El papel de detective, modelo Philip Marlowe, lo realiza un cuarentón marica que trabaja en una casa de remates. Este hombre, que se llama Rilke, se encuentra, al vaciar una casa para subastar su contenido, con una serie de fotos de pornografía snuff (la que incluye la tortura y la posible muerte de la víctima). En la película Ocho milímetros (1999), dirigida por Joel Schumacher y protagonizada por Nicholas Cage, una viuda acaudalada descubre un film snuff entre las pertenencias de su marido y quiere saber sobre la veracidad de la cinta. También Rilke investiga si las fotos que encuentra son o no un truco, porque la mujer que en ellas yace tiene todo el aspecto de haber sido asesinada.
Las fotos despiertan el detective agazapado que Rilke lleva dentro. Siente la responsabilidad de saber qué sucedió realmente. Se mete en líos. Transita por todo tipo de ambientes marginales y criminales. Algunos no le son demasiado ajenos, porque además de beber habitualmente, Rilke necesita de vez en cuando fumarse un porro, y para eso, claro, tiene contactos. A diferencia de Marlowe, Rilke no es casto. Sale de noche a ligar por los parques y las calles de Glasgow y eso le trae algunos problemas, leves, con la policía. Es pobre como Marlowe, pero es proclive a conseguir dinero u otros placeres de manera no demasiado lícita.
Pero más allá de su actitud transgresora, Rilke está del lado de las víctimas, y es por eso esencialmente humano y honesto. Cuando un especialista en fotos al que consulta le pregunta si es algo de la chica que aparece muerta en la fotografía, Rilke responde: "No tengo ni idea de quién era, era una chica cualquiera, pero era alguien, y no puedo dejarla allí". Eso alcanza para que este extravagante gladiador tenga de su lado a la verdad y la justicia.
El hecho de que las fotos sean antiguas complica las cosas. La distancia temporal atenúa para muchos de los personajes el sentido moral de establecer la verdad. Qué importa ya investigar lo que pasó si el asesino y los allegados de la víctima tal vez ya no existan, se repite una y otra vez. Mediada la novela, Rilke se da cuenta de que "era demasiado tarde para salvarla, demasiado tarde para vengarla". Eso no sofoca su sed de verdad, pero revela al lector la necesidad de que la narración dé una vuelta de tuerca. Es necesario que la tensión se dé en tiempo presente, que otra chica esté en peligro. La investigación tiene que tener consecuencias en la realidad cercana de los personajes, tiene que modificarla. Welsh soluciona bien el problema: la trama se desliza sin chirriar y queda colocada en una dimensión de acusación a la sociedad actual: el tráfico internacional de carne humana para la prostitución.
Louise Welsh nació en Edimburgo en 1965. Trabaja como anticuaria de libros raros en Glasgow. Ha publicado cuentos y es columnista habitual del diario The Observer. El cuarto oscuro, su primera novela, recibió el premio más importante de narración policial del Reino Unido.
C. B. Ensayo
DIOSES Y DIABLOS MEDIÁTICOS, de Ramón Reig, Ediciones Urano, Barcelona, 2004, 322 páginas.
EL LIBRO es un análisis de las formas en que los medios de comunicación manipulan la información, induciendo formas de ver y sentir que perpetúan las estructuras de poder vigentes.
Es común que los analistas sociales se refieran al Poder —con mayúscula— y terminen construyendo mundos paranoicos, donde las personas no son mas que marionetas movidas por fuerzas invisibles, ocultas entre bambalinas; ésta forma de ver las cosas, tiene como premisa una profunda desconfianza en la capacidad crítica del ciudadano común. Ramón Reig intenta no caer en esos lugares comunes de la crítica social, pero como tampoco ofrece alternativas, el texto se transforma por momentos en un manifiesto de denuncia social.
El autor es un periodista inquieto, hastiado de cierta España frívola y consumista, un intelectual de izquierdas radical y desencantado de la socialdemocracia europea, a la que observa inoperante y demagógica. De ahí el pesimismo, la ausencia de humor o ironía que, de estar presentes, le darían al lector un poco de respiro en un panorama bastante deprimente.
Una de las tesis centrales es que más allá de discrepancias superficiales, los distintos órganos de prensa (sean de izquierda o de derecha) obedecen a una postura única y omnipresente, la ideología de la economía de Mercado; precisamente, la relación entre los medios de comunicación y los conglomerados económicos y financieros constituye lo más jugoso del libro.
Importa advertir que si bien el análisis se centra en la realidad española (y los autores de referencia son también casi en su totalidad de ese país) las conclusiones a las que llega tienen una validez general. El atentado a las Torres Gemelas, la creación de la cadena Al Yazira, o el polémico presidente de Venezuela Hugo Chávez, son algunos de los ejemplos que el autor maneja, para mostrar las formas en que los medios controlan los flujos de información, generan estereotipos y simplifican los mensajes.
Para Ramón Reig, el periodismo escrito no puede dedicarse a reducir o simplificar los textos discursivos, el texto que analiza exige su propio espacio y no debe ser sacrificado en pro de una supuesta "popularización" del periódico, por medio de la imagen; para eso están los diarios sensacionalistas, y por supuesto la información audiovisual.
Si bien el análisis no destaca por su originalidad, es un libro que vale la pena leer. A pesar de las a veces interminables citas, y la repetición de conceptos, el autor llama la atención sobre una realidad que por ser tan cotidiana suele pasar inadvertida.
N. R.