EL AÑO DE 1851 fue una divisoria de aguas, tanto para la sociedad victoriana como para Dickens. Para la primera, fue una culminación, con el festejo fastuoso de la Exposición Universal, que exhibía ante al mundo sus logros científicos y sobre todo tecnológicos. Como suele suceder, el medio siglo siguiente acentuaría las grietas de la fachada, registradas por autores como Robert Louis Stevenson ("el Dr. Jekyll y Mr. Hyde" fue el símbolo perfecto de su dualidad), Conan Doyle (describió y comentó la maldad subyacente en sus cuentos de Sherlock Holmes), y Lewis Carroll, matemático y fotógrafo genial, en las dos novelas de Alicia.
En el caso de Dickens, en pocos años el contexto de su vida cambió en aspectos esenciales. Su principal amigo de siempre, John Forster, se casó con una dama de sociedad, y estuvo menos cerca de él. A su vez conoció en 1851 a Wilkie Collins, que se convirtió en su compinche de viajes y trayectos londinenses, además de coautor y compañero de aventuras teatrales. Pero sobre todo hubo golpes: perdió hijos y amigos, se separó muy públicamente de su mujer Catherine en 1858, y tuvo una relación sentimental hasta su muerte con la actriz Ellen Ternan, a quien conoció en 1857. La mantuvo sin embargo tan oculta que ese hilo de su biografía recién apareció en investigaciones del siglo XX. Incluso su perro más querido, Turk, atacó a algunos amigos o sirvientes, y tuvo que matarlo de un tiro. Como remate, sufrió con Ellen y su madre (que siempre la acompañaba) un terrible accidente de ferrocarril en 1865, regresando de París. Varios vagones se precipitaron al vacío en un puente en reparaciones, y el suyo quedó al borde del abismo.
EL GRAN VIRAJE. Por otra parte la realización de algunas lecturas públicas lo convencieron de dedicarse comercialmente a la actividad: organizó un equipo de colaboradores tan esencial como el de sus colaboradores literarios, y las convirtió en actividades en realidad teatrales, donde interpretaba al extremo la muerte de alguno de sus personajes, por ejemplo. Todo en un contexto de empeoramiento progresivo de su salud. Ante cada una de esas dificultades su reacción siempre había sido, y siguió siendo, "seguir luchando", redoblar la apuesta. Cuando hizo su segundo viaje a Estados Unidos, para una gira de esas lecturas públicas con éxito tremendo, todos sus familiares, amigos y colaboradores sintieron que era una manera de acortar su vida.
Es curioso pero el aporte de Wilkie Collins, por colaboración pero también por competencia, suele mencionarse poco. Sin embargo en algunas de las novelas de esa época, en particular Casa desolada, Nuestro común amigo, y muy en especial la inconclusa El misterio de Edwin Drood, hay un peso específico de los elementos policiales, y un intento por mejorar lo que muchos consideraban su punto débil: las tramas. Los dos factores son esenciales en la obra de Collins, que ha venido reeditándose en abundancia en castellano en los últimos años (más allá de sus clásicos La dama de blanco y La piedra lunar).
Puede advertirse en Dickens una conciencia nueva, digamos psicológica, de los límites de sus convicciones sobre el aguante y su terquedad para salirse con la suya. Por primera vez sintió en un par de ocasiones la duda acerca de llegar cómodo a un plazo de entrega. Incluso menciona en una carta, escandalizado por él mismo, que se había "quedado corto" por mucho en una entrega para un fascículo. Más finamente, advertía con nitidez el carácter de "fuga hacia adelante", que tenía su actividad incansable. Cuando le escribe a Collins desesperado pidiéndole ayuda para devolver su nivel de colaboración a su propia revista (deteriorado por las lecturas), reconoce: "necesito escapar de mí mismo".
Es probable que todo el proceso de separación de Catherine y su abundante difusión, además de la decisión tajante de que viviera en otra casa, acompañada solo por uno de sus hijos (los demás quedaron con él) haya sido en la imaginación previa una solución pragmática. Aunque las complejidades reales, en especial a partir de la oculta relación con Ternan, le devolvieron la sensación de los límites.
Eso se reflejó de inmediato en la propia obra. Muchos comentaristas o analistas hablan de su "época oscura", considerándola un poco inferior a su primera época, que culminó con la espléndida novela de corte autobiográfico David Copperfield. Es el enfoque, por ejemplo, de Stefan Zweig en su largo ensayo sobre Dickens, haciendo hincapié en su falta de sentido revolucionario o profundidad (que sí existiría, según él, en Balzac o Dostoievski). Con muy buenas intuiciones sobre sus poderes (en especial su capacidad de mirar con nitidez, su sentido visual), el marco general termina por limitar sin embargo los alcances de la obra, adjudicándole con exceso una especie de "mirada y sensibilidad infantil".
Pocas veces un corto artículo ha provocado un cambio copernicano en la consideración de un autor. Sin embargo fue lo que pasó con "Los dos Scrooges", de Edmund Wilson, publicado en The New Republic en marzo de 1940, visto como un cambio pionero esencial en el modo de considerar a Dickens. Con un uso aplomado de los aspectos psicoanalíticos, allí Wilson revisa en cambio las debilidades de la división extrema entre malos y buenos, entre tonos blancos y negros de las primeras siete novelas y en particular sus "cuentos de Navidad". Al pasar apunta: "porque emocionalmente Dickens era inestable". En cambio reconoce que hay más realidad emocional en el personaje de Quilp en Almacén de antigüedades que en el melodrama de "la pequeña Nell". Describe además la dificultad de relación que tenía Dickens con sus propias hijas, que quedó registrada en la visión que dieron de él como padre en reportajes posteriores a su muerte. Y plantea lo que tal vez fue el desafío más difícil que Dickens tuvo que enfrentar, en esa época ya difícil: apartarse de la división tajante (o la brusca conversión de un "malo" en un "bueno", como en Scrooge) para "conseguir que lo bueno y lo malo se juntaran en un solo personaje".
EL SISTEMA Y EL CONTEXTO. Aparte del núcleo creativo intacto de su primera época, es notorio que algunas de sus novelas del segundo período han seguido ejerciendo un impacto especial en el territorio de la literatura considerada como parte de la cultura, en los siglos XX y XXI. Así como David Copperfield fue la novela que mejor estructuró aquella zona de la infancia, adolescencia y primera madurez, en Grandes esperanzas el personaje de Pip sufre un proceso antes desconocido: evoluciona, siente arrepentimiento de algunas de sus actitudes pero las mantiene. En otras palabras: aprende lo más conflictivo de madurar.
Se trata además de una novela que corta en el hueso de las diferencias sociales. Al principio Pip, un huérfano que vive cuidado por su hermana y sobre todo su cuñado, el herrero Joe, es tan subdesarrollado que comenta: "sentí una punzada en el corazón. Indudablemente también habría sentido otra en el hígado, si hubiese sabido dónde lo tenía". A su vez el vínculo especial con la emoción que representa Joe tiene sus limitaciones culturales: afirma que lee pero comenta: "¡Qué ilusión, Dios mío! (…) cuando uno encuentra una jota y una o piensa: "¡Aquí, por fin, hay una palabra que quiere decir `Joe`. ¡Qué interesante!". Eso resulta gracioso en ese momento, pero después se convertirá en un factor de distanciamiento cada vez mayor a medida que Pip ascienda social y geográficamente.
Es curioso, pero el factor argumental típicamente "dickensiano" (un convicto que encuentra Pip en el cementerio, y que influirá en toda su vida) es eficaz en sí mismo, pero funciona separado de la corriente central: la evolución social y sentimental de Pip. Un tema que puede reflejar la relación de Dickens con Ellen Ternan (esquiva de evaluar incluso para un biógrafo fogueado como Peter Ackroyd, que se arriesga a opinar que fue un amor ideal, no consumado), es la dificultad del amor imposible. La distancia de Estella es de personalidad, pero sobre todo social. A la larga se revela alimentada con ardor por una patética aristócrata frustrada: "-Estoy cansada, hastiada, necesito distracción - dijo miss Havisham-. Ya he acabado con los hombres y las mujeres. Juega".
Como reconoce el propio Pip-Dickens acerca de Estella: "Me acercó su mejilla y le di un beso. Creo que habría sufrido cualquier tormento para poder besarla, pero comprendí que aquel beso era permitido al muchacho vulgar, al patán, como se da una limosna, y, por lo tanto, no tenía valor alguno". En ese sentido Pip tiene una conciencia semejante a los personajes humillados y ofendidos de un Roberto Arlt. Como siente en una reunión: "injusta e irreflexivamente, pareció natural a todos los reunidos considerarme como una excrecencia de la fiesta". La mirada social tiene el poder de corroer el calor del hogar o lo natal, que antes parecía eterno: "cuando entrábamos para cenar, la casa y la comida me parecían más vulgares que nunca, y en mi alma mezquina sentía la vergüenza profunda que me causaba mi hogar humilde". Ni Pip ni el Dickens celebérrimo y conflictuado de esos años (1860-1861) pueden liberarse ya de esas incomodidades. En cambio el herrero Joe se las saca con gran naturalidad de encima: "Un alboroto viene y otro se va, Pip. Así es la vida…".
EL SISTEMA Y LA HISTORIA. Varios años antes, entre 1852 y 1853, Dickens había publicado otra gran novela "oscura": Casa desolada. En un comentario sobre la edición facsimilar de 1987 de sus notas de trabajo para sus novelas, el crítico y ensayista Louis Menand manifestaba su fastidio porque muchos señalaran esos materiales como prueba de que Dickens era un gran escritor, como si aun necesitara rendir examen. Para él no había prueba más contundente de su capacidad que el modo en que se había dedicado a variar en esta y otras novelas sus estrategias anteriores. Por ejemplo narra en dos tonos alternos: general, objetivo, y en primera persona. El comienzo, majestuoso y ácido a la vez, es una especie de sobrevuelo del "Tribunal de la Chancillería", que concentra el clima abogadil y burocrático con un poderío comparable al de un Kafka: "Tiene casas en ruinas y tierras agostadas en todos los condados; tiene locos macilentos en todos los manicomios; tiene sus litigantes arruinados, de tacones distraídos y ropas raídas, que piden dinero prestado o limosna, uno tras otro, a todos sus conocidos; da al poderoso con dinero medios abundantes para que haga desistir por cansancio al que tiene la razón; agota la paciencia y las esperanzas; aniquila el cerebro y destroza el corazón de tal manera, que no existe entre quienes lo frecuentan un hombre honrado que no diera -y que no dé con mucha frecuencia- esta advertencia: `¡Aguanten cualquier perjuicio que les causen antes que venir aquí!`".
Esa "corte" envenena toda la ciudad. El grupo de jóvenes personajes dickensianos conoce a una ancianita que desde hace décadas hace cola para ver si hay novedades en el pleito eterno de "Jarndyce y Jarndyce". La reencuentran en un negocio ruinoso donde vive y desde donde puede ver "la Chancillería". Está rodeada de jaulas con pájaros o vacías, porque muchas aves ya murieron, como teme morir ella misma antes del fin del pleito.
Otra jugada fuerte de Dickens, no muy respetada por la crítica, pero valorada por sus lectores, es Historia de dos ciudades, novela histórica donde retrata la violencia de la Revolución Francesa. Es sin embargo la que tiene su comienzo tal vez más citado: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".
En esas últimas dos décadas de vida, mientras realizaba sus agotadoras giras de lecturas dramatizadas, Dickens escribió, además de las ya citadas, Tiempos difíciles (1854), La pequeña Dorrit (1855-1857), y muy en especial la primera mitad (la única) de El misterio de Edwin Drood. Tal vez sea aquella donde más se advierte la huella de Wilkie Collins. No solo porque un personaje central consume opio (como lo hacía Collins con el láudano), sino porque investigaciones recientes han dejado asentado el interés de Dickens por el "mesmerismo", o modo de influir en otros mediante el "fluido magnético" animal.
Una buena manera de zambullirse en aquel torbellino biográfico y general de corrientes cruzadas es leer Drood. La soledad de Charles Dickens (2009), del estadounidense Dan Simmons. Narrada por el propio Wilkie Collins, tiene su punto central en el accidente ferroviario y en el supuesto conocimiento que Dickens hizo allí de "Drood", un personaje sepulcral sin nariz ni orejas. Es interesante chequear los datos que parecen más forzados o exagerados (como que la obra de teatro de Collins El abismo helado tiene que ver con una expedición ártica base de la novela anterior de Simmons, El terror). La gran mayoría tiene base real, como puede comprobarse en el "Oxford Companion" o en la extensa biografía de Peter Ackroyd. Cerca de la mitad, al lector llegan a parecerle excesivas las 800 páginas del total. Siente que con 200, o incluso 300 páginas menos de machacamiento de climas repetidos, exasperantes, el total no perdería demasiado
Pero hacia el final el relato de Collins/Simmons revela que tiene más que ver con la competencia con Dickens, con las dificultades sentimentales (Collins mantiene una familia doble sin demasiada neurosis de culpa), con las alucinaciones, con las costumbres literarias de la época, que mezclaban las necesidades artísticas y de mercado con la misma violencia de hoy. El propio Dickens aparece cada vez más como negativo. Pero podría tratarse simplemente del punto de vista sesgado de Collins. En todo caso su personalidad fue tan misteriosa y laberíntica como la de un personaje del propio Wilkie Collins (que se consideraba superior a él en las tramas, y que llegó a vender a su mismo nivel), o incluso de Stephen King.
Quien expresó muy bien el extenso círculo biográfico-literario que cierra la incompleta El misterio de Edwin Drood, fue G. K. Chesterton en su célebre prólogo a la novela. Si el club del señor Pickwick había aparecido inventado por otro, y llevado a la gloria por Dickens, en cambio la novela policial nunca pudo ser completada por alguien con una mínima convicción: "Pickwick fue una obra proyectada parcialmente por otros, pero completada finalmente por Dickens. Edwin Drood, su último libro, fue un libro publicado por Dickens, pero completado finalmente por otros. Los papeles póstumos del Club Pickwick mostraron cuánto podía hacer Dickens con las sugestiones de otras personas; El misterio de Edwin Drood muestra qué poco pueden hacer otras personas con las sugestiones de Dickens. (…) Nunca tuvo más que un argumento totalmente bueno para contar, y ése sólo lo ha contado en el cielo".
Cronología
1812-1823: Charles Dickens nace el 7 de febrero de 1812, en Portsea, Portsmouth, hijo de John Dickens, empleado en la oficina de pagos de la Royal Navy, y Elizabeth Barrow. En 1813 la familia se muda a Southsea. Tiene una hermana mayor (Fanny) y tendrá varios hermanos menores. En los años siguientes la familia se muda varias veces, con dificultades económicas cada vez más graves. En esos años Napoleón invade Rusia, Jane Austen publica Orgullo y prejuicio, Coleridge "Kubla Kahn", y Keats "Hiperión"; muere Shelley, y Beethoven estrena su Novena Sinfonía.
1824: Envían con 12 años a CD a trabajar en turnos de 10 horas en una fábrica de betún. En febrero envían a la cárcel por deudas a su padre. Lo liberan en mayo; la madre decide que Charles siga en su trabajo; nunca se lo perdonará. Muere Byron.
1825-1830: CD deja el trabajo en la fábrica y lo envían a la Wellington House Academy. Su padre se retira. CD aprende taquigrafía y es periodista freelance en los juzgados. En 1830 es lector en el British Museum; poco después se enamora de Maria Beadnell. F. Cooper publica El último de los mohicanos, Alejandro Dumas Los tres mosqueteros; Daguerre y Niepce desarrollan juntos sus invenciones fotográficas.
1830-1835: Empieza a trabajar como cronista parlamentario. Fanático del teatro, organiza representaciones en casa de sus padres. Termina su relación con Maria Beadnell. Publica su primer relato. Pasa al Morning Chronicle, donde conoce a Catherine Hogarth. En 1833 se muda a un apartamento propio. Sigue publicando relatos y artículos.
1836: Se muda a cuartos más amplios. Firma como "Boz" dos series de "sketches" y Los papeles póstumos del Club Pickwick. Se casa con Catherine Hogarth. Conoce a John Forster, entonces crítico de teatro; será su amigo y consultor más cercano, y después de su muerte su principal biógrafo por muchos años.
1837: Nace su primer hijo (Charles). La muerte de su cuñada Mary lo deja devastado. Comienza a publicar Oliver Twist. Primera visita a Europa. Muere Guillermo IV y sube la reina Victoria.
1838-1840: Nacen sus hijas Mary y Kate. Escribe las memorias del payaso Joseph Grimaldi, y Nicholas Nickleby. Vuelve a mudarse. En serie: Almacén de antigüedades. Las novelas aparecen en serie mensual o semanal, y luego en libro. Estalla la primera guerra afgana, y la primera "guerra del opio" con China. Poe publica su primer libro de cuentos.
1841: Nace su cuarto hijo. No acepta ser candidato al Parlamento. Publica en capítulos Barnaby Rudge, y nuevas compilaciones de artículos. Se funda el semanario Punch. Poe publica "Los asesinatos de la calle Morgue".
1842-1844: Primera visita a Estados Unidos con Catherine, entre enero y junio de 1842. En octubre publica Notas de América, y en diciembre Canción de Navidad. Cambia un editor (Chapman) por otros (Bradbury y Evans). Edita Martin Chuzzlewit. Nuevos cuentos de Navidad: "Las campanas" y "El grillo en el hogar". Se instala en Génova en julio de 1844. Gogol publica Almas muertas, Ruskin el primer volumen de Pintores modernos y Thackeray Barry Lyndon. Marx conoce a Engels en París.
1845-1847: Visita Roma y Nápoles, regresa a Londres. Nace su sexto hijo. Es editor del Daily News; vive en Lausana, y luego en París. Publica Imágenes de Italia, comienza Dombey e hijo. En 1847 regresa de París y nace su séptimo hijo. Funda un "hogar para mujeres sin hogar" (Urania Cottage). Wagner estrena Tannhauser, Poe publica "El cuervo", Emily Brontë Cumbres borrascosas y Thackeray comienza Feria de vanidades. Se desencadenan la hambruna en Irlanda y la fiebre del oro en California. Una ley limita el horario de trabajo de niños y mujeres.
1848-1850: Dirige y actúa con los Amateur Players. Muere su amada hermana Fanny. Nacen su octavo hijo y su novena hija. Funda la Guild of Literature and Art con Bulwer-Lytton. Comienza a editar el semanario Household Words. Aparece David Copperfield en volumen. Muere Poe, y envían a Dostoievski a Siberia. Hawthorne publica La letra escarlata. 1848 es "año de la revolución" en París, Berlín, Viena, Roma y otras ciudades (no en Londres).
1851-1853: Publica Historia de Inglaterra para niños y Casa desolada. Se enferma Catherine y mueren sus hijos John y Dora. Sigue dirigiendo y actuando; en marzo de 1851 conoce a Wilkie Collins. Se muda a Tavistock House. Nace su décimo hijo. Pasa vacaciones en Boloña, visita Suiza con Collins y August Egg. Primera lectura pública de Canción de Navidad. Melville publica Moby Dick, y Beecher Stowe La cabaña del tío Tom. Exposición Universal en Londres.
1854-1858: Siguen sus actividades teatrales. En El abismo helado, drama de Wilkie Collins, conoce a Ellen Ternan, su madre y su hermana. Se separa en 1858 de Catherine (con explicación en la primera plana de su revista). Publica Tiempos difíciles, La pequeña Dorrit y colaboraciones con Wilkie Collins. Entre abril y junio de 1858 da sus primeras lecturas pagas que absorberán (y agotarán) sus energías en los años siguientes. Tennyson publica La carga de la brigada ligera, Whitman Hojas de hierba, Flaubert Madame Bovary y Baudelaire Las flores del mal. Motines en la India.
1859-1862: La negativa a publicar la explicación de sus problemas domésticos también en Punch (de perfil humorístico) lo distancia de sus editores: cierra Houseworld Words y funda All the Year Round. Publica Historia de dos ciudades (sobre la Revolución Francesa) y Grandes esperanzas. Su hija Katey (su favorita) se casa con Charles, hermano de Wilkie Collins. Darwin publica El origen de las especies, Wilkie Collins La dama de blanco, George Eliot El molino del Floss, Turgueniev Padres e hijos, y Victor Hugo Los miserables. Estalla la guerra civil en Estados Unidos.
1863-1866: Intensifica sus giras de lecturas. Muere su hijo Walter en la India. Sufre con Ellen Ternan un terrible accidente ferroviario. Publica Nuestro común amigo. Tolstoi publica La guerra y la paz, Carroll Alicia en el país de las maravillas, y Dostoievski Crimen y castigo. Asesinan a Lincoln. Comienzan las obras del subterráneo en Londres.
1867-1870: Siguen las lecturas en Europa, y luego en Estados Unidos. En 1869 comienza a incluir "la muerte de Nancy asesinada por Sikes", que lo agota, pero que hipnotiza al público. En 1869 interrumpe la gira por mala salud. En 1870 da doce lecturas "de despedida". Comienza a publicar El misterio de Edwin Drood, que quedará inconclusa. Lo recibe la reina Victoria. Muere de una hemorragia cerebral en su casa, el 9 de junio de 1870. Es enterrado con todos los honores en Westminster Abbey. Marx publica El capital, Collins La piedra lunar, y May Alcott Mujercitas.
"Nuestro común amigo" (1864-65)
Los bandos opuestos
ES LA PENÚLTIMA novela de Charles Dickens y la última que completó. Fue publicada por entregas entre 1864 y 1865, durante un período particularmente difícil de la vida del autor. Su vigor y su entusiasmo, tan admirados, no eran los mismos de antes: en una carta a Wilkie Collins, escrita el año anterior a que se publicara la primera entrega de Nuestro común amigo, Dickens le confesaba su aprensión por la tarea mayúscula que iba a emprender: una novela en veinte entregas mensuales. "Aunque suene extraño", le escribía a su íntimo amigo Collins, "me siento totalmente aturdido por tener que regresar a los grandes cuadros y a las pinceladas gruesas". Las ideas relacionadas con la nueva novela, en realidad, ya habían sido anotadas durante la época en que Dickens estaba completando La pequeña Dorrit, diez años antes. Pero la escritura se dio en aquel período difícil, y por lo tanto es comprensible su carácter oscuro y ominoso.
Igual que su propio título -nunca queda demasiado claro a quién o a quiénes alude lo del "común amigo"- la novela es enigmática, o quizás mejor contiene varios misterios. Hay como punto de partida una intriga policial: ¿quién es realmente el cadáver que el turbio personaje del barquero Jesse Hexam encuentra en las aguas del Támesis una noche de otoño?
Pero este es solo un aspecto del complejo y al mismo tiempo transparente argumento de Nuestro común amigo. Complejo porque son muchos los personajes y los hilos narrativos, las vueltas y los desvíos de la historia; transparente porque Dickens, como el gran prestidigitador que es, logra hacerla avanzar sin tropiezos, uniendo hilos y personajes con una maravillosa desenvoltura.
La historia se apoya también sobre la división entre bandos opuestos: el de los bondadosos y el de los malvados, el de los snobs y el de los sinceros, el de los generosos y el de los egoístas. Otra oposición es la de las clases sociales: desposeídos por un lado y ricos por el otro, nuevos ricos en realidad, especuladores financieros no muy distintos de los que podemos encontrar hoy.
La galería de personajes es extraordinaria, desde los protagonistas hasta los secundarios y los episódicos. Lady Tippins, por ejemplo: una aristócrata madura y soberanamente estúpida, que no desdeña ser amiga de los vulgares nuevos ricos Veneering: "Una minúscula y truculenta ficción concerniente a sus enamorados es la cuestión central en la vida de Lady Tippins. Está siempre asistida por un enamorado o dos (...), o promoviendo un enamorado en su lista azul, o haciendo la suma de sus enamorados". Otra es la señora Podsnap, cónyuge del pomposo y rígido Podsnap, ricos de nuevo cuño
El segundo capítulo comienza con una cena en la casa de los Vennering que recibe a varios de sus invitados. Todos fingen ser antiguos amigos aunque apenas se conocen y hablan entre ellos ignorando a los anfitriones. Dickens abre el capítulo así: "El señor y la señora Veneering eran personas flamantes en una flamante casa de un flamante barrio de Londres. (...) Todos sus muebles eran nuevos, todos sus amigos eran nuevos, todos sus sirvientes eran nuevos, su vajilla era nueva, su carruaje era nuevo, sus caballos eran nuevos, sus cuadros eran nuevos, ellos mismos eran nuevos y estaban tan flamantemente casados como era legalmente compatible con la posesión de un flamante bebé. Y si hubieran podido reanimar a un tatarabuelo, este habría llegado a casa envuelto en una estera y sin un rasguño, pulido de la cabeza a los pies".
En cuanto a los personajes episódicos, el escritor G. K. Chesterton tiene a su preferido: el mayordomo de los Vennerings. Cabría de todos modos discutirle a Chesterton la satisfacción con que celebra, sin fundamentarlo demasiado, el regreso en Nuestro común amigo de lo que llama la "vulgaridad" del Dickens de sus primeras obras. Eso revela en Chesterton, dice Italo Calvino en un ensayo sobre la novela, "un fondo de condescendencia paternalista por parte del literato refinado hacia el novelista popular". Y concluye: "Para nosotros Nuestro común amigo es una obra maestra absoluta, tanto en escritura como en invención".