Daniel Veloso
LA ÚLTIMA VEZ que estuvo en Montevideo, recuerda Horacio Altuna, fue en 1967. Tenía veinticinco años y hacía poco que había empezado su carrera como dibujante. Aquella vez vino al Estadio Centenario a ver a su Racing de Avellaneda salir campeón de la Copa Intercontinental, contra el Celtic de Escocia. Su segunda vez, en mayo pasado, para participar del evento anual "Montevideo Cómics".
Altuna nació en 1941 en la provincia de Córdoba, y ya desde muy joven consiguió que sus dibujos fueran publicados por Columba, la editorial que dominaba el mercado de revistas de historietas en Argentina. En revistas de Columba como D`Artagnan o El Tony dibujó varias historietas como Big Norman, con guión del paraguayo Robin Wood, y Kabul de Bengala, de Héctor Germán Oesterheld, entre otras.
En 1974 a través de la revista Satiricón, conoció al guionista Carlos Trillo, del que se hizo amigo y con el que formó una de las duplas más importantes de la historia del cómic, creando historietas mundialmente reconocidas como Las Puertitas del Sr. López, El Loco Chávez o El último recreo.
Por convención, en las tapas de los libros de historietas se separa al dibujante del guionista, como si uno no tuviera influencia sobre el trabajo del otro. Esto hace que la paternidad de la idea sea atribuida al guionista. Altuna muestra especial celo en aclarar cada vez que puede la coautoría de los trabajos publicados por el dúo. "Todas las historietas las hicimos juntos", dice.
Fue por 1976 que Altuna empezó a trabajar para dos revistas de Gran Bretaña, aunque no le gusta hablar de esa época. "Mi carrera profesional tiene dos etapas: una, que no me interesa, de 1975 para atrás, que es cuando hacía los guiones por encargo. Del ´75 para adelante es mi carrera como autor". Después de esta etapa, Altuna dice que se convierte en un "autor integral" y es a partir de ahí que comienza "a dibujar lo que quería".
Cuando los militares dan el golpe de estado en marzo de 1976, Horacio Altuna publicaba en el diario Clarín la tira diaria El Loco Chávez, sobre un periodista irreverente y sus aventuras. La gente se acuerda de las historias y enredos amorosos de aquel periodista, que salió diariamente durante trece años en el diario. "El Loco Chávez ocupó un espacio importante en el imaginario de la gente".
Cuenta que un funcionario de la dictadura apareció un día para decirles que cambiaran el personaje, que debía ser "más moral, porque era mujeriego, no le hacía caso a su jefe y era un tipo díscolo para la estupidez que gobernaba en aquel entonces". A su vez "la gente muchas veces encontraba mensajes en las cosas que nosotros poníamos".
CRUZANDO EL UMBRAL. En cambio con Las Puertitas del Sr. López corrieron el riesgo directo. Se publicó por primera vez en la revista El Péndulo en 1979, para luego pasar a Humor. Así aparecieron episodios donde el Sr. López, tras atravesar la puerta de un baño, visita un mundo extraño donde los personajes aparecen con los globos vacíos, sin palabras dentro. "Era un mundo donde estaba prohibido hablar".
En la revista Humor, Trillo y Altuna se arriesgaban a criticar al régimen militar, no así en Clarín, aunque niega que hubiera un representante de la censura dentro del diario."Todo el mundo tenía un censor adentro de la cabeza", explica.
Altuna cuenta que, paradójicamente, fue con el retorno de la democracia que lo atacaron por publicar una viñeta. "Hice un chiste sobre Raúl Alfonsín, y la Fundación Plural, que era del Partido Radical, pidió mi cabeza". Era un momento complicado para la presidencia de Alfonsín (1983-1989), tras los levantamientos armados de los militares `carapintadas`.
Hoy le molesta la censura que percibe en España. Allí "la pone el lector". En la península "hay más censura que acá", ya que "lo políticamente correcto ha invadido y censura todo". Ya no es posible recurrir a chistes "que puedan tener un tinte machista", por ejemplo. "Eso no quiere decir que uno sea machista, ni antisemita, ni un desgraciado que esté en contra de los discapacitados", pero se queja de que esto impide al humorista expresarse. Cita a grandes humoristas gráficos españoles como Chumy Chúmez, "que si hoy viviesen no podrían hacer aquel humor".
FUTUROS CERCANOS. En 1982 decide emigrar a España con su esposa y sus dos hijos. Era una jugada arriesgada porque iba a un país donde no conocían su trabajo. Atrás dejaba una situación laboral privilegiada, ya que en pocos años había conseguido trabajar para Clarín y para Humor, alcanzando "el techo profesional que se podía tener en Argentina".
Se instala en Cataluña, en el pueblo de Sitges, al sur de la provincia de Barcelona. Comienza a trabajar de forma independiente haciendo historietas, al mismo tiempo que disminuye la colaboración con Carlos Trillo.
Las dificultades que ofrecían las comunicaciones de la época erosionaron la viabilidad del lazo entre dibujante y guionista. "Con doce mil kilómetros de distancia entre Argentina y España, las cartas demoraban una semana y pico, y a veces hasta se perdían".
Pero la causa principal fue que por fin podía dedicarse a contar sus propias historias. "Siempre me había gustado decir mis cosas y cuando tuve la posibilidad de hacer mis propios guiones dejé de hacerlos con Trillo". De esa época son sus álbumes con guión propio: Ficcionario, Chances, o Time out.
Algo comparten estas historias: un futuro hostil para los seres humanos. Altuna dice que esas visiones pesimistas se deben en parte a los requerimientos de Zona 84, una revista española de cómics de ciencia ficción para la que trabajaba. Nunca le gustó ese género, pero como "eran las reglas de juego, hacía una historieta en donde el futuro era muy cercano, donde había una exageración de la vida cotidiana de entonces y así quedó como un cómic de ciencia ficción".
Los cómics de aventuras no son su pasión; se desenvuelve mejor dibujando la vida cotidiana. Es lo que prefiere: "ambiente urbano, costumbrismo, algún contenido social, humor, e ideología también, porque estoy muy ideologizado", dice, riendo.
Cuando el lector lee Ficcionario, desarrollada en una ciudad del futuro con gente hacinada y contenida por un aparato represivo, lo primero que ve, en segundo plano y sentados contra una pared, es toda una galería de personajes drogadictos e indigentes. Dice que escenas así eran algo común en la España de los ochenta. "Era sensible a esas cosas que veía, porque tenía hijos adolescentes y entonces tenía mis miedos también".
LA BATALLA DE LOS ÁNGELES. Altuna reconoce que está muy influenciado por la cultura de masas estadounidense: "soy un tipo muy colonizado por Estados Unidos; me gusta la cultura americana pero no me gustan sus gobiernos". Se declara fanático del teatro, del cómic, la literatura y el cine estadounidenses.
Varias de sus obras han sido ambientadas en ese país, como Charly Moon, en los estados sureños, Merdichesky, en Nueva York o Hot L.A., en Los Ángeles. "Hablo de Estados Unidos y de esas realidades, pero de lo que más hablo es de la libertad, o de la condición humana, o del lugarcito al sol que todo ser humano busca". Charly Moon, realizado con Carlos Trillo en 1979, relata la historia de un adolescente en un pueblo del sur de Estados Unidos de los años treinta. Se destaca por el uso de planos y ángulos en las viñetas, como si se tratara de una película. "Cuando hago una historieta siempre la pienso como si estuviera filmando". Sus historietas "en parte son como un story board".
Esta habilidad no pasó desapercibida por el director argentino Luis Puenzo que lo llamó para trabajar en la película Gringo viejo de 1989. No realizó el story board propiamente dicho, aunque colaboró con su armado, por eso los dibujos se han perdido. Trabajó en todos los planos generales de la película con el diseñador de producción, Bruno Rubeo. "Después vi la película y se parecía bastante a mis dibujos". Una de las características por las que le ofrecieron el trabajo fue su seriedad a la hora de documentarse.
Este es el caso de Hot L.A., sobre la rebelión civil que vivió durante seis días la ciudad de Los Ángeles entre abril y mayo de 1992. Los disturbios estallaron cuando un jurado absolvió a cuatro policías filmados mientras golpeaban a un taxista negro. Altuna explica que la documentación para Hot L.A. está sacada de los diarios de Los Ángeles de esos días. "Sólo le di una vuelta de tuerca y le agregué personajes, pero lo que pasa en la historieta es documental". Opina que de ocurrir una revolución social en el mundo "va a ocurrir en Estados Unidos, porque es el único país que tiene el primer mundo y el tercer mundo dentro".
MIRADA CRÍTICA. Imaginario es la historia de un paparazzi que sale a la calle con una cámara a buscar notas para un canal de noticias, y cuando la encuentra sale directamente al aire. Escrita y dibujada entre 1987 y 1988, anticipaba el mundo despiadado de la competencia por la audiencia. En la historieta, los camarógrafos mueren por una primicia.
Así veía a los medios masivos en la década de los ochenta, pero hoy dice que los ve peor. "He dejado de comprar y de leer periódicos porque mienten sobre la realidad de América Latina". Se informa por Internet y contrasta la información entre las distintas fuentes. "Me doy cuenta de que todos los medios deforman la opinión". Va más allá y describe a Europa como un continente donde domina "un pensamiento único", y define la situación política como "una dictadura ideológica encubierta".
En su crítica recuerda que "dos semanas antes del `corralito` (la restricción de retirar dinero de los bancos que impuso el gobierno argentino de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001), decían que la economía en Argentina era modélica".
MUJERES BONITAS. Los personajes femeninos son uno de los fuertes del dibujo de Horacio Altuna. Atraen las miradas de sus lectores, pero también críticas. Altuna se defiende diciendo que su personaje femenino más recordado, Pampita en la tira El Loco Chávez, es, además de bonita, inteligente.
Dibujar mujeres hermosas es una habilidad que tiene desde sus inicios. "Siempre me gustó manejar la figura humana y puedo hacer una mujer muy guapa o una mujer como la esposa de López, horrible". En el caso de las mujeres "esa habilidad empezó a tener éxito con los lectores y con los editores. Era una especie de sello como dibujante de chicas guapas".
Se queja de que es acusado de poner el acento en el sexo. Esta habilidad sin embargo le ha permitido publicar por doce años sus historietas en Playboy. Allí sí sus historietas contienen escenas de sexo. "Ese es otro material. Ahí sí están las reglas de juego establecidas".
FAMILIA TIPO. Reeditando el éxito que alcanzó con la tira diaria de El Loco Chávez, Altuna desde hace ocho años dibuja para el Periódico de Catalunya la tira diaria Familia Tipo, una historia sobre un matrimonio con dos hijos adolescentes.
En ella describe a las nuevas generaciones con "una visión bastante amable". Por ejemplo, Gus, el hijo adolescente, "un personaje absolutamente popular para los lectores, es un `pasota`, es decir, que no le interesa nada, que pasa de todo". Gus no estudia, no trabaja, sólo quiere pasarla bien, "trata de ligar, de levantar minas pero no puede. Es un tipo sin ninguna capacidad de seducción, poco listo, grosero y al mismo tiempo ingenuo".
Su hermana, también muy popular entre los lectores, está en esa edad, dice Altuna riendo, "entre niña y mujer, en que te dan ganas de adorarla o estrangularla". Tiene una convicción muy feminista de su género, "de no ser un objeto sexual ni de ser usada. Quiere ser independiente y muy activa en la defensa de derechos de su sexo, al mismo tiempo que es coqueta y seductora, pero débil ante los chicos".
La esposa de Familia Tipo es el eje fundamental del hogar: inteligente, culta, trabaja en su casa y tiene actividades que desarrolla fuera de su casa. El padre "vendría a ser una especie de `alter ego` mío, en el sentido de que es un tipo `progre`, de izquierda, que trabaja en una multinacional, y está en desacuerdo con las políticas que se llevan dentro de la empresa". Ve con desazón "el deterioro de las redes de contención social, pero no tiene respuesta a eso. Tiene miedo al desempleo, algo muy común en España".
EL INMIGRANTE. Aunque vive en España hace veinticuatro años Altuna no deja de sentirse un inmigrante y hasta lo lleva con orgullo. Es un problema "de llevar a cabo, allí donde estés, tu identidad, lo que tengas de argentino o de latinoamericano". Forma parte del enriquecimiento mutuo entre el país anfitrión y el inmigrante. En ese sentido como argentino se enorgullece de la "formación sólida" que le brindó su país. "Modestamente lo que uno hace cuando va a otro país, es llevar lo que puede aportar".
En España es reconocido. Dirige la Asociación Profesional de Ilustradores de Catalunya, "una entidad grande, con seiscientos socios únicamente en Cataluña". Además señala que sus colegas catalanes hayan elegido a un sudamericano "que no habla catalán" para que los dirija, "un rasgo de respeto y de generosidad".
Consciente de que es un caso especial, explica que el tema de la inmigración en España concentra su atención. Una historieta sobre esta temática salió en un libro titulado Los otros (2007).
ETERNO RETORNO. En abril de 1982 emigró con su familia a España. "Teníamos los billetes de avión para irnos el catorce y el dos de abril invaden las Malvinas. Cuando uno se va del país, es una decisión muy personal y muy jodida, porque no sabés si estás traicionando algo que te dio el país".
La dictadura en Argentina ayudó. "Fueron años horribles en donde tuve miedo. El miedo es humillante. Es el sentimiento más asqueroso que pueda existir". La misma decisión difícil se la hizo vivir a El Loco Chávez, que en los últimos cuatro meses de la historieta, emigra del país.
"En la primera carta que le escribí a papá, le dije que era la primera vez en cuarenta años que me sentía en libertad. Era algo que yo todavía no había evaluado, porque era una cosa que me venía de adentro para afuera. Con tres días en Barcelona no podía saber en qué consistía la libertad".
En ese momento sentía que había cortado las ataduras que lo unían a su país; pero, pasado el tiempo, sabe que "nunca definitivamente". Dice riendo: "nunca me termino de ir de Argentina".