Hugo Fontana
Nacido en Barcelona en 1951, Manuel Cruz es dueño de una extensa obra como autor y compilador en el terreno de la filosofía y de la ética, y ha desarrollado una intensa actividad académica que lo ha tenido como docente en destinos tan distantes como la Universidad de La Habana, la UNAM de México, diversas instituciones terciarias en Argentina e incluso en la Universidad de la República de Uruguay.
En un breve pero enjundioso volumen que no alcanza a las 100 páginas, aborda uno de los temas cruciales del pensamiento político actual: la memoria como medida del transcurso del tiempo entre pasado, presente y futuro. Apoyándose sobre todo en las obras de Hanna Arendt y Walter Benjamin -aunque ellos no sean los únicos pensadores convocados- se encarga de trazar en primera instancia las diferencias entre tradición y pasado y entre futuro y progreso, para luego abocarse a los diferentes usos de la memoria practicados en nuestra contemporaneidad.
Divide entonces el posicionamiento conceptual de cuatro grupos: aquellos que consideran la memoria un fin en sí mismo; los que "creen poder localizar en el pasado las claves no solo de la inteligibilidad del presente sino, sobre todo, su legitimidad"; los que vinculan la memoria con la justicia y los que igualan el ejercicio de la memoria con el duelo. Para todos ellos la memoria adquiere desde siempre una valoración positiva en el decurso de la historia, variando apenas las nociones especialmente significativas en la construcción del presente. Y si bien en momento alguno el autor se muestra proclive a una crítica devastadora de ninguno de estos mecanismos, los analiza con cierta intención de alertar sobre los excesos que se cometen habitualmente cuando el uso deriva en perseverancia.
De los peligros de la victimización -que algunos escritores han convertido en leitmotiv de todas sus obras y de todo razonamiento histórico- hasta la suposición de que todo origen se instituye a propósito de un trauma; del paradójico aserto que lleva a ciertos vencidos a constituirse en vencedores "aunque siguen hablando como si continuaran siendo vencidos", hasta los que de algún modo se "especializan" en el manejo público de las cicatrices privadas, trata justamente este libro. Su lectura y discusión vendrían de perillas por estos lares, tan atosigados más por el abuso que por el uso de la memoria como sustancia de identidad y de proyección al porvenir.
En ese sentido, es significativo lo que Cruz cuenta acerca del caso de Federico García Lorca. Tras la biografía del poeta granadino escrita por Ian Gibson, se localizó con absoluta certeza el lugar donde, en una fosa común, descansaban sus restos. Poco después, y recuperada la democracia en España, el gobierno compró el predio y construyó un parque en memoria de Lorca y de quienes lo acompañaron en su infortunio, pero años más tarde autoridades del Ministerio de Cultura plantearon la posibilidad de excavar en el terreno para dar con los huesos del poeta, propuesta a la que sus descendientes se opusieron radicalmente. "La memoria histórica la conocemos y no está en los huesos o cenizas", sostuvieron. Otro poeta granadino, Luis García Montero, también se hizo eco de la situación: "Hay que mirar caso por caso para esclarecer la verdad, de acuerdo, pero en su caso está todo claro. Otra cosa es el morbo de hacerse fotos con la calavera y usar la memoria histórica como objeto de consumo".
Dividido en cuatro capítulos y un apéndice -"Apoteosis de la sinrazón (Auschwitz, crimen perfecto)"-, el volumen forma parte de una reciente y notable colección que ha reunido entre otros a autores del prestigio de Néstor García Canclini, Marc Augé y Roger Chartier. "Si el futuro sin una idea del pasado es inane, ahora podríamos completar el aserto afirmando que el pasado sin una idea de futuro es inerte", sostiene Cruz sobre el final. De eso se trata.
ACERCA DE LA DIFICULTAD DE VIVIR JUNTOS. La prioridad de la política sobre la historia, de Manuel Cruz, Gedisa editorial, Colección V3X, Barcelona, 2007. Distribuye Océano. 93 págs.