Premio Juan Carlos Onetti 2022

La novela como un abismo: precisión quirúrgica y depurada en una obra de Sebastián Miguez Conde

Una historia que viene de una novela anterior del autor nacido en Montevideo

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Sebastián Miguez Conde
(foto Mauro Martella)

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por Mercedes Estramil
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Es un secreto a voces que los jurados de los concursos de literatura se las ven difíciles para leer en poco tiempo todo lo que se presenta y que, aun haciéndolo, discernir sin vueltas entre lo que vale la pena y lo que no (o no tanto), no es sencillo. Algunos escritores saben, quizá intuitivamente, que el boleto de la seducción se juega en las primeras líneas (ya lo decía Quiroga en el imponderable Decálogo) o párrafos, o páginas. En el cuerpo de quién ganó, merecido y por unanimidad, la edición 2022 del premio Juan Carlos Onetti.

La historia de fondo venía de atrás, de la novela anterior de Sebastián Miguez Conde (Montevideo, 1979), Nadie está muerto mucho tiempo. De ese antecedente, se repite un motivo básico —la búsqueda de Adrián Méndez Ferrás (ex actor porno, escritor, quizá vivo, quizá muerto)—, un montón de personajes y un escenario, la inconmensurable Buenos Aires. Quien lo busca ahora es su medio hermano, Gonzalo Méndez Iriarte, y si en la novela anterior el buscador y la cohorte de personajes folclóricos eran llamativos, ahora la rompen.

También impacta el modo de contarlo, la precisión quirúrgica y depurada. A partir del inicio seductor de una muerte narrada sin concesiones y desde el alma, perversamente incorrecta, Miguez muestra una autoridad firme para llevar tanto la historia superficial (la búsqueda de un hombre) como la de abajo (el encuentro con el mal). A lomos de un narrador que lo mismo puede ser un psicópata que un esquizofrénico perseguido por cantos de culebras, la novela avanza vertiginosa hacia un final delirante que empata con el comienzo y le hace justicia. Los personajes secundarios no se quedan atrás: un metalero hawthorniano; un travesti sui generis, encantador; criaturas que evocan el horror querible de Feiling; viejitas con la verdad en un puño; o el inefable Denis Martins de la novela previa, que vuelve para firmar con sangre.

Pasa con En el cuerpo de quién que no se puede dejar de leer, que algo corre por debajo de los diálogos por ahí banales, por debajo de la turbiedad evidente que siempre esconden los ansiosos y los perdedores. Ese algo, que el escritor retiene, ese monstruo de palabras, mira al lector todo el tiempo desde el abismo de esta novela.

EN EL CUERPO DE QUIÉN, de Sebastián Miguez Conde. Criatura, 2023. Montevideo, 229 págs.

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