La muerte del sueño americano

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FUE UNO de los escritores más provocativos, mordaces y divertidos de la literatura estadounidense del siglo XX. Hunter S. Thompson también fue un individuo muy complejo, y raro incluso en los ambientes de la contracultura norteamericana de los años 60 y 70 del siglo pasado, en los que abundaban los raros. Su calidad literaria y su integridad personal lo convirtieron en una figura respetada, aunque muchos de los que lo respetan no comparten sus creencias ni simpatizan con sus excentricidades, a menudo insufribles. Sobre su vida se han escrito libros y filmado documentales y parte de su obra ha sido llevada al cine. En la pantalla ha sido encarnado, entre otros, por Bill Murray y Johnny Depp.

Thompson se ganó la vida como periodista independiente, pero empleó la ficción para romper los límites tradicionales del periodismo y crear una forma literaria a la que a veces llamó "novela periodística". Su apogeo literario comenzó en 1966 con la publicación del largo reportaje Los Ángeles del Infierno y duró aproximadamente diez años. Después comenzaron los efectos a largo plazo de las drogas (que consumió toda la vida) y su calidad promedio decayó. Los Ángeles del Infierno, resultado de la relación de un año de Thompson con la conocida banda de motociclistas californiana, no es una novela sino un brillante exponente de lo que en la década del 60 comenzó a llamarse Nuevo Periodismo, una forma de reportaje que emplea las técnicas de la literatura de ficción y en la que el periodista aparece como participante de las situaciones sobre las que informa. El Nuevo Periodismo le da dos garantías al lector: 1) que lo narrado sucedió y 2) que el periodista no contribuyó a generar los sucesos. Pero en 1970 la revista Scanlan`s Monthly publicó El derby de Kentucky es decadente y depravado, un frenético e hilarante artículo de Thompson en el que estas dos garantías quedaban bajo sospecha. El derby de Kentucky… narra las peripecias de Thompson y el dibujante británico Ralph Steadman (que ilustró el artículo con un bestiario humano que armoniza perfectamente con el texto), ambos borrachos la mayor parte del tiempo, en los multitudinarios eventos que rodean una de las carreras de caballos más importantes de Estados Unidos. Aunque en una carta Thompson lo describió como "un artículo de mierda", El derby de Kentucky… tuvo un éxito instantáneo y convirtió al autor en figura pública. Esto se debió a que el enfoque expresionista y picaresco del artículo mostró al derby como un tumulto de subnormales en el que los caballos sólo eran un pretexto para amontonarse, emborracharse, hacer apuestas, engañar a la esposa y, en el caso de los ricos, hacer ostentación. Sin duda debido a la incontinencia alcohólica del protagonista-narrador, el periodista Bill Cardoso, al leer el artículo, dijo que era "gonzo puro". Como nadie sabe con seguridad qué quiere decir "gonzo" (existen varias hipótesis), hay que darle la derecha a Cardoso, quien creía que era un término usado por los irlandeses del sur de Boston para referirse al último que queda en pie después de una noche de borrachera.

Rama de la corriente narrativa estadounidense de la que forman parte los escritos de Henry Miller, Jack Kerouac, William Burroughs y Charles Bukowski, entre otros, El derby de Kentucky… dio origen a las expresiones "periodismo gonzo" y "estilo gonzo", que se convirtieron en marcas distintivas de Thompson. Para describir este estilo, una de las palabras más empleadas en castellano es "desmadre". Es una palabra que no puede mejorarse porque el estilo gonzo (cuya culminación es la "novela periodística" Miedo y asco en Las Vegas, publicada originalmente en la revista Rolling Stone en 1971 y en la que no se sabe qué es real, qué invención y qué alucinación producida por las drogas) es un delirio salvaje que satiriza a un país que convirtió los ideales de su revolución en una fachada, en algo falso y estridente donde mandan el dinero y ciertos gobernantes a los que en una carta de 1971 Thompson llamó "una banda de matones baratos que por razones de Estado fueron también genocidas".

VEINTE MIL CARTAS.

Además de escribir mucho, drogarse mucho, recorrer Estados Unidos de punta a punta y mantener relaciones de pareja duraderas, Thompson coleccionaba (y disparaba) armas de fuego. Con una de ellas se suicidó a los 67 años en su casa de Woody Creek, cerca de Aspen, Colorado. Dejó gran número de textos inéditos, en su mayoría cartas. Thompson escribió cerca de 20.000 cartas y de casi todas guardó copias en papel carbónico. Las escribió, por lo general de madrugada, para ver su vida y el mundo con objetividad y ponerles orden, y las guardó porque se había propuesto ser un gran escritor y pensaba que debía estar equipado con una correspondencia que ocupara a críticos y académicos y pudiera ser fuente de ingresos en su vejez. El escritor gonzo es, principalmente, una selección de cartas de Thompson, pero también contiene unos pocos artículos, fragmentos de sus novelas Prince Jellyfish (inédita) y El diario del ron (publicada en castellano en 2002), y algunas cartas que recibió. Consta de dos partes que fueron publicadas en inglés como libros separados, el primero en 1997 (con cartas del periodo 1955-1967) y el segundo en 2000 (con cartas del periodo 1968-1976). Las partes de la edición castellana mantienen el formato de los libros originales, de modo que cada una está precedida de un prefacio a cargo de un periodista destacado; de una nota de Douglas Brinkley, compilador de ambas selecciones; y de una nota del propio Thompson. Los prefacios y las notas del compilador son excelentes introducciones al autor y su obra; las notas de Thompson, en cambio, evidentemente fueron escritas solo para cumplir.

Se trata de una correspondencia entretenida, estimulante y de alta calidad. Aparte de escribir muy bien con rapidez, Thompson era extrovertido (aunque con límites) y tenía una rica y excitada actividad mental que necesitaba compartir con la mayor inmediatez posible. Por otro lado, sus textos publicados, incluso los más desquiciados, tienen una fuerte base autobiográfica y se aproximan a lo que podría llamarse una transmisión literaria en directo de sus vivencias. En otras palabras, los escritos de Thompson (cartas, artículos o novelas) forman parte del mismo universo, de modo que sería fácil intercambiar fragmentos entre ellos sin que haya pérdida de calidad literaria.

De la correspondencia de Thompson, Brinkley decidió excluir cartas "que eran estrictamente personales y afectaban a su mujer, Sandy, y a su hijo, Juan". No sabemos qué contienen estas cartas, pero es posible que ofrezcan una visión más íntima de un escritor que dijo mucho sobre su idiosincrasia y sobre la sociedad estadounidense, y muy poco sobre sus relaciones afectivas más importantes. De hecho, en la obra de Thompson casi no hay rastros de emociones o ideas vinculadas al amor de pareja, la amistad o la paternidad. Y sin embargo Sandy, con quien estuvo casado 17 años, perdió los cinco embarazos que siguieron al nacimiento de Juan.

UNA PLACA DE BRONCE.

Aunque la mayor ambición de Thompson era convertirse en un gran autor de ficción, empezó a escribir periodismo en la niñez y a los diez años publicó un periódico de dos páginas impreso a mimeógrafo que vendía por suscripción a 4 centavos de dólar, muestra precoz de su espíritu emprendedor y de la atención que prestaba a las cuestiones económicas. Su concepción del periodismo a los 20 años, la misma que mantuvo empecinadamente el resto de su vida, aparece en una solicitud de empleo de 1959 dirigida al director de un diario de Puerto Rico, el San Juan Star, en la que manifiesta que su idea de la profesión "está grabada en una placa de bronce de la esquina suroriental de la Times Tower de Nueva York". Las palabras de esta placa fueron escritas por Joseph Pulitzer en un editorial de 1883 para definir lo que debía ser el New York World, diario que acababa de comprar: "Una institución que luche siempre por el progreso y las reformas, que nunca transija con la injusticia o la corrupción, que siempre se oponga a los demagogos de todos los partidos, que no pertenezca nunca a partido alguno, que siempre se oponga a las clases privilegiadas y a los saqueadores públicos, que sea solidaria con los pobres, que siempre se dedique al bienestar público, que nunca se contente con publicar noticias, que sea independiente a rajatabla".

Las exigencias de esta declaración no eran cómodas ni convenientes para la mayor parte de la prensa estadounidense. Este fue uno de los motivos por los cuales Thompson, con algunas excepciones, siempre tuvo conflictos con sus empleadores y, en consecuencia, frecuentes problemas de dinero. El otro motivo fue su conducta.

THOMPSONISMOS

. La sobreexcitación y la compulsión de romper reglas de convivencia dominaron a Thompson toda la vida. A comienzos de 1951, en su diario personal, anotó "¡calmarme!" como prioridad para ese año. Para cuando solicitó empleo al San Juan Star, ya había sido despedido de Time por insubordinación (pudo haber sido despedido antes si se hubiera descubierto que en una fiesta, borracho como una cuba, había robado varios objetos de la casa de Henry Luce, el poderoso y reaccionario editor en jefe de Time-Life) y también de un diario del estado de Nueva York, en este caso por insultar a un anunciante y romper a patadas una máquina de golosinas de la redacción que le tragó dos monedas. Después de este último despido escribió una solicitud de empleo al New York Times en la que afirmaba: "tengo que elegir los empleos con gran cuidado (…) Soy poco tolerante con los farsantes, los cagatintas, los imbéciles y los incompetentes redomados, y me enorgullezco de caer mal por sistema a estos individuos".

A Thompson le gustaba caminar por la cuerda floja. Cuando investigaba, podía ser muy desconsiderado, incluso con las personas que quería (en el período en que acompañó a los Ángeles del Infierno, solía llenar su casa de motociclistas drogados que aterraban a su mujer e hijo). Los rechazos sin explicaciones de sus escritos y las deudas impagas generaban en él violentas fantasías concretadas en amenazas epistolares (una de sus frases favoritas en estos casos era "puedes correr, pero no esconderte"). En realidad nunca le pegó a nadie, pero sufrió más de una paliza, la más terrible a manos de unos Ángeles del Infierno. Los rechazos con explicaciones también lo enfurecían, pero en general acababa respetando a quienes percibía como personas íntegras o a quienes le ponían límites con inteligencia y honestidad.

Sobrio, Thompson era problemático, pero borracho podía convertirse en una amenaza. Por ejemplo, en una noche de copas efectuó varios disparos que por suerte causaron sólo la rotura de unos vidrios y en otra, lanzando "gritos de animal salvaje", arrojó un tacho grande de basura por las escaleras del edificio en que vivía, quiso derribar la puerta de una vecina y roció con un extintor de incendios a otros vecinos (se aficionó a los rociadores y, como a veces trataba con gente imprevisible, en los años 70 comenzó a armarse con aerosoles de gas lacrimógeno). Era frecuente que no durmiera en varios días o que no recordara lo que había hecho la noche anterior, y muchas de sus amistades estuvieron basadas en compartir "juergas salvajes" y drogas. Estas conductas, que él llamaba "thompsonismos", lo preocupaban pero no podía evitarlas y forman la mayor parte de la acción de sus textos gonzo.

Al mismo tiempo Thompson archivaba sistemáticamente las copias de sus cartas, mecanografió los textos íntegros de El gran Gatsby y Adiós a las armas para estudiar la prosa de Scott Fitzgerald y Hemingway y, como se mencionó, era muy consciente de las cuestiones de dinero. Algunas de sus cartas parecen escritas por una persona completamente sensata. Thompson admiraba a Ken Kesey por su novela Alguien voló sobre el nido del cuco pero, después de una fiesta organizada y dirigida por Kesey, escribió: "Me pone enfermo ver a un tipo serio en una situación ridícula (…) (Kesey) me recordó a mí mismo en mis peores horas y la única disculpa que puedo dar en su nombre es la misma que yo me daba: ¿por qué molestarse en hacer las cosas a derechas si nadie conoce ya la diferencia? Pero siempre hay un cabrón cerca que sí la conoce, como yo anoche".

Otra carta notable es la respuesta que dio a un adolescente que le había escrito para confiarle que pensaba u-nirse a los Ángeles del Infierno en cuanto sacara la libreta de conducir. Thompson le envió una larga y meditada carta que entre otras cosas decía: "(Los Ángeles) no son más que Gamberros Viejos y eso es muchísimo peor que ser un Gamberro Joven (…) Si tienes inteligencia suficiente para escribirme una carta estupenda a tu edad, también la tienes para no echarte a perder".

MIEDO Y ASCO.

Nacido en Kentucky, en una familia de clase media, Thompson era un estadounidense de pura cepa: "blanco, anglosajón y entusiasta de las armas de fuego", además de emprendedor, individualista y con deseos de triunfar. Aunque tuvo arrebatos anarquistas, en general aceptó críticamente la forma de gobierno y el estilo político de su país. En muchas elecciones se abstuvo de votar, en otras apoyó a los candidatos demócratas y por un tiempo adhirió al marginal Partido del Poder Freak (con el cual desarrolló, en 1970, una entusiasta y delirante campaña para ser electo sheriff de Aspen). Creció convencido del carácter excepcional y ejemplar de Estados Unidos y fue definido por George McGovern, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 1972, como un patriota "que quería que este país viviera de acuerdo con sus ideales". Los ideales de Thompson eran los de Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Para Thompson el "sueño de Jefferson" era el Sueño Americano, una esperanza para todas las naciones, una "Posibilidad Humana".

Pero su fe en la vitalidad del Sueño Americano se desvaneció a principios de los años 60. A partir de esa época se opuso a las guerras en las que intervino su país, empezando por la de Vietnam, y atacó ferozmente a los políticos que las defendían, en particular a Nixon y, muchos años después, a George Bush hijo. Las conmociones más profundas y duraderas se las causaron el asesinato del presidente Kennedy en 1963 y la brutal represión policial de los manifestantes que se dirigían a la sede del Congreso Nacional Demócrata de 1968, en Chicago. El día del asesinato de Kennedy, en una angustiada carta, usó por primera vez una expresión que se convertiría en una marca tan personal como el término "gonzo": miedo y asco. "En 1.000 kilómetros a la redonda", escribió, "no hay ningún ser humano al que pueda contar nada, y mucho menos el miedo y el asco que siento desde el crimen de hoy. Dios sabe que si no hablo podría volverme loco". Pasados unos años, Thompson comenzó a utilizar la expresión como título de muchos de sus textos: Miedo y asco en Las Vegas (1971), Miedo y asco en Miami: los viejos toros se encuentran con el carnicero (1972), Miedo y asco: en la campaña electoral de 1972 (1973), etc.

Puede decirse que el estilo gonzo tiene cuatro pilares: 1) la convicción de Thompson de que el Sueño Americano estaba en estado terminal, 2) la indignación y la diversión casi reactiva que esto le producía, 3) la idea tomada de William Faulkner "de que la mejor ficción es mucho más verdadera que cualquier tipo de periodismo" y 4) la distorsión de la realidad generada por las drogas. De hecho, El derby de Kentucky… surgió del ambicioso proyecto de escribir un libro sobre la muerte del Sueño Americano. Aunque el libro no se concretó, dio origen a numerosos artículos gonzo y de nuevo periodismo y a muchas cartas llenas de ideas excéntricas y creativas. La estructura y el tono del proyecto se le aclararon repentinamente en 1970 después de una discusión en la que alguien muy indignado le gritó: "¿Por qué no te limitas a viajar por el país cagándote en todo?(…) ¡Ve de Nueva York a California y vomita tu veneno sobre todo lo que la gente respeta!" Dos semanas después le escribió a Steadman, el ilustrador: "A mí me parece una idea estupenda, una serie de artículos al estilo del derby de Kentucky sobre cosas como la SuperBowl, Times Sq. en Nochevieja, el Martes de Carnaval (sigue una lista de eventos importantes en Estados Unidos) (…) Podremos ir a casi cualquier parte & sacar una serie de artículos tan cabrones que dejará helado a todo el mundo del periodismo". El "Informe Thompson" no se concretó entre otros motivos porque Thompson quería alterar los eventos seleccionados para provocar reacciones y eso costaba caro. Para la Copa América de regatas, por ejemplo, propuso a Scanlan`s Monthly alquilar un yate de 18 metros para navegar entre los otros barcos enarbolando banderas anarquistas, lanzando gases lacrimógenos y con los Grateful Dead dando un concierto en la cubierta. En Las Vegas alquiló un ostentoso Cadillac descapotable que maltrató todo lo que pudo, repartió generosas propinas y cometió todos los thompsonismos que se le ocurrieron con el fin de observar hasta que punto llegaba la impunidad de alguien que aparentaba tener mucho dinero. La revista Rolling Stone no lo comprendió y se negó a pagar la totalidad de los gastos por considerarla excesiva. Thompson se indignó: "no hay forma de entender la reacción de la gente cuando ve a un friki machacando un coco con un martillo en el capó de un Cadillac blanco en el aparcamiento de un supermercado si no lo haces realmente".

EL PEZ MARTILLO.

En Thompson se combinaban el impulso de atacar a sus enemigos por medio de la burla, el insulto o el escándalo con una aguda sensibilidad para el Horror. El mismo individuo que rociaba a la gente con gas lacrimógeno se puso a llorar después de la represión policial que rodeó el Congreso Demócrata de 1968. Thompson debió sentir muy tempranamente que el mundo castigaba el exceso de sensibilidad. No es casual que haya fijado su residencia en Woody Creek, un lugar predominantemente rural al que llamó "mi fortaleza patria". En 1971, desde su fortaleza, envió una carta en la que describía a su país como "una nación de peces martillo" y a este animal como "un animal despiadado y subnormal" que "machaca lo que no entiende". Por su carácter y percepción de la realidad estadounidense se propuso ser un triunfador, pero para ello el miedo y el asco no podían anonadarlo ni volverlo un quejoso. Debía ser insolente y batallador, y también debía drogarse. Debía embotar su sensibilidad y poner nerviosos a los peces martillo con sus artículos y cartas. El resultado fue "Hunter el personaje", una figura de culto, un idealista hiperactivo y de conducta imprevisible que convertía sus angustias en textos de un humor corrosivo. Pero el personaje a veces se cansaba. En 1959, en una carta, le confesó a una ex novia que "la despreocupada fachada Thompson se cansa mucho en ocasiones y necesito a alguien con quien estar sinceramente confuso y perdido". Era una carta larga y cariñosa, pero no la envió.

EL ESCRITOR GONZO, CARTAS DE APRENDIZAJE Y MADUREZ, de Hunter S. Thompson. Anagrama, 2012. Barcelona, 520 págs. Distribuye Gussi.

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