La esposa de un "Padrino"

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Mercedes Estramil

EN LA FAMILIA del director cinematográfico Francis Ford Coppola hay por lo menos tres famosos de renombre, además de él mismo. Una es su hija Sofia, que un día fue masacrada por su interpretación de la hija de Michael Corleone en El Padrino Parte III (1990), y luego se convirtió en directora de tres films con valor propio: Vírgenes suicidas, 1999; Perdidos en Tokio, 2003; y María Antonieta, la reina adolescente, 2006. Otro es su sobrino Nicholas Kim Coppola, que decidió usar el nombre artístico de Nicolas Cage. Más en sombra está su hermana Talia Shire, que participó en la saga de los Corleone, y en la del boxeador Rocky Balboa junto a Sylvester Stallone. También se podría mencionar a su padre, ya fallecido, el compositor musical Carmine Coppola.

La que nunca aparece en ese álbum mundano de la visibilidad es Eleanor Neil, esposa de Francis desde 1962, cuando éste era el debutante director del film Demencia 13 y ella la ayudante del director artístico. Pues bien: Eleanor Jessie Neil (n. 1936, Los Ángeles) existe y ha equilibrado durante más de cuatro décadas su condición de esposa de "genio" y madre con un genuino deseo de sobresalir por sí misma como diseñadora, realizadora de happenings, instalaciones de arte conceptual y escritora. Si le ha costado es porque buena parte de su obra es vicaria de esa estructura familiar, de la que ella por cierto aprovecha el apellido.

TESTIGO SILENCIOSA. Su pasta de escritora se notó ya cuando plasmó en palabras la accidentada filmación de Apocalypse Now (1979), el film de su marido sobre la guerra de Vietnam, convertido en un tour de force contra sí mismo cuando a las dificultades de rodaje en Filipinas y un millonario exceso de presupuesto, se sumaron un tifón y el ataque cardíaco del protagonista Martin Sheen. Eleanor Coppola lo registró con su cámara, creando un documental que recién dieciséis años después sería premiado en televisión: Hearts of Darkness: A Filmmaker`s Apocalypse (1991). Y lo contó con soltura y gracia en Notes (1979) traducido como Notas a Apocalipsis Now. Diario de una filmación (Emecé, 2002).

El tono era vibrante y echaba luz sobre lo loco que puede ser el mundo del cine y sobre los preconceptos que se tejen a su alrededor. Con el ojo en sus intereses y en los del público lector, Eleanor revelaba detalles del rodaje pero además abría las puertas privadas de su familia, hablaba de sus tres hijos, de su bonita casa en California, de tiradas de tarot y de cómo florecen los manzanos. También contaba sus discusiones matrimoniales y la crisis que estuvo a punto de culminar en divorcio, desnudando no sólo las dificultades de convivir al lado de un cineasta a tiempo completo, sino de un adúltero no muy discreto. Se guardaba de dar el nombre de la chica de turno, y en cierto modo minimizaba el asunto, que puede leerse con nombres y apellidos en el amplio estudio que hizo en 1998 Peter Biskind sobre "la generación que cambió Hollywood": Moteros tranquilos, toros salvajes (Anagrama, 2009).

Sin ser nunca tan punzante como la de Biskind, la versión de Eleanor sobre Francis Ford Coppola y sobre sí misma contenía una buena dosis de resentimiento: "hay una parte de mí que ha estado esperando que Francis me dejara, o se muriera, para poder hacer de mi vida lo que yo quiero".

Francis no se divorció ni se murió, ni cambió, y Eleanor siguió trabajando en esa zona sin resolver de sí misma. En 2008 publicó Notas sobre una vida, el resultado de un diario personal que llega hasta 2005 y se ajusta más a una cronología emocional que al calendario, saltando a veces de un año a otro según va asociando recuerdos.

EL PRECIO JUSTO. Los diarios de Eleanor, como su propia vida, se han aburguesado con el tiempo. El libro sobre Apocalypse Now manejaba un clima de aventura y exotismo, de excitación por lo que fuera a pasar, que en éste se echa en falta. La autora parece estar de vuelta de muchas cosas, medita y toma distancia con ironía de su papel de "esposa de", aunque a la vez señala con honestidad sus momentos depresivos y sentimientos poco confesados como la envidia y los celos profesionales. Además de filmar el documental de Apocalypse Now, ganándose el fastidio disimulado de Marlon Brando, entre otros, Eleanor Coppola hizo los making of de dos films de su hija (Vírgenes suicidas y María Antonieta, la reina adolescente), y siguió a Francis en numerosos proyectos filmando el detrás de cámara. El último fue Coda: Thirty Years After, sobre el rodaje del penúltimo film de Coppola: Youth Without Youth, 2007, basado en un texto de Mircea Eliade, aún sin estreno local.

En varias ocasiones se muestra abatida: "durante años he interrumpido lo que estaba haciendo para viajar con Francis y nuestros hijos a los exteriores de una película. He tratado sinceramente de ser buena esposa y madre. Por muchas razones no he llegado a crear una obra importante cuando a mi alrededor muchos lo han conseguido y todavía no me he conciliado con esta verdad". Masoquista de la comparación, se empequeñece a sus anchas: "Algunos días tengo la sensación de que mi mente es del tamaño de un guijarro mientras que la suya [la de Francis] es como el monte Rushmore". Ni tanto. Una de las cosas que define a Coppola (y a través de él a su familia) son los altibajos. Del fracaso al éxito, del proyecto independiente a la megaproducción, de la incertidumbre económica a la riqueza millonaria, del ninguneo al Oscar, y de la depresión a la euforia.

Notas sobre una vida es también el regocijo de una mujer inmensamente rica que sin ostentación excesiva pero sin modestia falsa habla de las posesiones familiares: la empresa vitivinícola del Valle de Napa, donde está ubicada su mansión victoriana y donde construyeron una casa alternativa más "minimalista", apartamentos en París y Nueva York, casas en Nueva Orleans y Los Ángeles, complejos hoteleros en Belice, la compañía productora Zoetrope, la revista literaria Zoetrope All- Story, una biblioteca de sesenta mil volúmenes, un avión privado, etc. También es un anecdotario chismoso y light sobre celebridades: lo que fue capaz de hacer William Friedkin para ganarle al póker a Coppola, o lo que Isabella Rossellini contó de David Lynch. Y es un cuaderno de bitácora de los tantos viajes por el mundo (sea a las locaciones donde Francis o Sofia dirigen alguna película, a comprar telas a China con una amiga o a vacacionar en el Caribe) después de los cuales Eleanor vuelve aliviada a su casa de Napa, a la naturaleza y los paisajes que sus jardineros cuidan (y que ocupan una parte descriptiva muy considerable), y a los recuerdos.

Es significativo que el libro comience con el más amargo. En 1986, cuando Coppola se aprestaba a rodar una nueva visión sobre Vietnam (Jardines de piedra, 1987) esta vez desde el cementerio de Arlington donde eran sepultados los soldados norteamericanos muertos en combate, un tonto accidente de lancha hizo que debiera enterrar ahí a su hijo mayor, Gian-Carlo, de veintidós años. Ese hecho moldea estos diarios de su madre, agregando una nota melancólica y emotiva a muchas páginas, y dotando sus reflexiones de una cuota importante de humildad.

En el balance final no se puede negar que si Eleanor no fuera parte sustancial de la vida de Coppola sus notas tendrían poca relevancia para el público, excepto como una expresión más de la feminidad postergada en un mundo de hombres. Pero aun desde una posición secundaria, y retratando afectuosa pero no obsecuentemente al "Padrino" Francis, su libro no es sólo un aporte más al universo Coppola. Eleanor Neil hace un ajuste de cuentas de su propio "detrás de cámara", mostrando en su estilo discreto lo que a ella le parece importante, su propia vida tal cual es, incluyendo el precio que pagó por ella.

NOTAS SOBRE UNA VIDA, de Eleanor Coppola. Circe, Barcelona, 2008. Distribuye Océano, 381 págs.

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