La bendición de la memoria

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Andrea Blanqué

EN BELOVED, aquella novela crucial de Toni Morrison -que le valió el Pulitzer en 1987, seis años antes de que ganara el Nobel- una anciana negra llamada Baby Suggs dice una frase clave: "No hay una sola casa que no esté llena hasta el techo con el pesar de un negro muerto".

Baby Suggs, tras trabajar brutalmente toda su vida como esclava, logró la libertad por el esfuerzo extraordinario de su hijo Halle. Los domingos, durante años, él hizo tareas por todo el distrito y juntó el dinero para comprar la libertad de su madre y lograr que ella emigrara al otro lado del río, en tierra sin esclavitud.

En el transcurso de Beloved un bebé fantasma acosa la casa de su abuela Baby Suggs. Es que en esa casa una madre desesperada cometió infanticidio. Fue Sethe, la nuera de Baby Suggs, madre de cuatro niños, una esclava que escapó embarazada y fue perseguida eficazmente por un concienzudo maestro estudioso de los "comportamientos animales de los negros". Cuando por fin el cazador la encontró, Sethe tomó la radical decisión de matar a todos sus hijos, aunque en verdad solo logró degollar a su nenita que gateaba. La prefería muerta, a esclava y torturada.

Sethe tiene en la espalda un árbol de cerezos: son las monstruosas cicatrices de los azotes del maestro y sus sobrinos, que llegaron a instalarse a la granja de una viuda blanca. Los amos blancos y buenos son mortales -ya lo avisaba en la literatura La cabaña del Tío Tom- y pueden ser sustituidos por amos blancos feroces y racistas.

HABLAR DE UN GENOCIDIO. Beloved se desarrolla a lo largo de dos décadas, los últimos años de la esclavitud en Estados Unidos y los primeros años de libertad de los afrodescendientes, luego de la Decimotercera Enmienda de 1865. Fue una instancia crítica en eso tan parecido a un genocidio que se desarrolló a lo largo de cuatro siglos en América del Norte, desde que fueron traídos los primeros africanos en 1619 hasta que en pleno siglo XX el Ku Klux Klan continuaba con sus rituales de linchamientos.

Los historiadores hablan de una serie de características que se repiten en los genocidios de un grupo étnico, de etapas que llevan a otras: clasificación, simbolización, deshumanización, organización, segregación, concentración, exterminio y negación. Si se lee la obra de Toni Morrison, una decena de novelas que muestran distintos períodos del sufrimiento de los africanos y sus descendientes en América, no es difícil encontrar estas etapas en lo sucedido.

La autora es de esos escritores que estudian, además de crear con talento. Por eso Toni Morrison es una constructora de memoria para lo sucedido con los negros en América, para aquellas víctimas que no tuvieron voz "letrada". Aquellos millones de seres humanos que, a diferencia de otras víctimas de genocidio (que sí pudieron verbalizar su catástrofe en testimonios de extraordinario valor literario -piénsese en un Primo Levi explicando Auschwitz, por ejemplo), fueron silenciados por la aplastante presencia y cultura de los blancos. Sin embargo, siglos y decenas de años después, a través de Toni Morrison, hablan con voz contundente y poética.

Es verdad que Hollywood se ha referido más al sufrimiento de los negros de Norteamérica que al sufrimiento de los negros en cualquier sitio del mundo. Pero la palabra escrita, la literatura, es memoria indeleble, registro, voz. Toni Morrison a través de su prosa densa, inteligente y extremadamente dramática, con sus cambios de narrador y perspectiva, con su propia voz superponiéndose a la de los personajes, construye un coro, una larga canción épica en donde se registra un exterminio y su contrapartida: la capacidad de sobrevivir, la lucha por la existencia y la maravilla del renacer del ser humano, como por ejemplo, a través del canto y la música. Un ejemplo es la novela llamada Jazz, ambientada en los años 20, donde todos los personajes tienen memoria de tres generaciones de racismo, muerte y tortura, pero cuyo final respira aire y sonido y alma.

BREVE E INTENSA. La última novela de Morrison -Una bendición- es de 2008 y ahora llega a Uruguay traducida al español por Lumen. Es corta pero, como Beloved, también habla de los tiempos de la esclavitud. La autora, nacida en Ohio en 1931 en una familia pobrísima, está actualmente por cumplir 80 años y es una de las voces más respetadas de la literatura de los Estados Unidos. Este libro redondea su obra y en su lirismo la condensa y quizás la lleve a su esplendor de belleza.

Aquí la autora insiste en la esclavitud, pero se retrotrae lejos, bastante lejos, a las últimas décadas del siglo XVII. El sistema esclavista aún no se ha consolidado del todo, y hay una convivencia entre negros esclavos, negros libres, blancos libres (y también amos), blancos que en cambio deben pagar su libertad con trabajo, mujeres que llegan desde Inglaterra vendidas como esposas, y barcos llenos de europeos miserables que deberán trabajar años para pagar ese viaje en bodegas pestilentes. También están los indios, de los que con ironía los personajes negros de Morrison dicen "los que se creían dueños de la tierra". Y, por supuesto, encerrados en sus propias comunidades, los puritanos.

La mayor parte de la novela transcurre en la década del 1680. Hay obsesiones que aquí se repiten: la madre esclava que entrega su hija para salvarla, y el rencor que queda en la hija por la madre que la separa de su cuerpo. También aparecen amos blancos - perecederos- que tratan a los esclavos como seres humanos, y con quienes constituyen un grupo muy parecido a una familia. Así se forma la relación entre Jacob Vaark, un hombre huérfano que ha heredado unas tierras en ese continente gigantesco y lleno de futuro, su esposa Rebekka, comprada adolescente desde la más mugrienta Europa pero, por azar, convertida en una mujer amada por su marido y feliz -hasta que la muerte se lleva a todos sus amados-; Lina, una india solidaria y silenciosa que habla con un árbol y cuida y vigila al grupo; Dolor, una chica subnormal, indescifrable mezcla de razas y misterios; y por fin, la protagonista, Florens, la esclava negra que barbulla su monólogo interior en medio de un intenso deseo sexual.

En determinado momento las mujeres quedan solas en la granja: la blanca, la india, la negra y la mestiza. Cerca, dos hombres sirvientes que deben pagar su libertad y sus deudas hacen el amor entre ellos. Lejos, del otro lado del bosque, un negro libre -un herrero- tiene habilidades curativas que salvan al ama viuda y blanca de la viruela. El herrero desaparece, y la vida de las mujeres se trenza, cada una encerrada en su soledad, con la memoria como una gran cicatriz en su cerebro. Se trenza también el amor nunca vivido de la india, el amor pleno pero muerto de la blanca viuda, el amor promiscuo de la mestiza con deficiencia mental y el amor sexual de la esclava negra que sale a buscar a su hombre sola entre los bosques.

Una bendición comienza con esta frase "No temas. Mi relato no puede hacerte daño". Es la voz de Florens, que anhela al hombre perdido, pero es también la voz de Toni Morrison que testimonia al lector un mundo olvidado y sumergido, que ella quiere recuperar para trazar esas líneas que, cual red de venitas, constituyen la memoria histórica.

UNA BENDICIÓN, de Toni Morrison. Lumen, 2008. Barcelona, 189 págs. Distribuye Random House Mondadori.

BELOVED y JAZZ, de Toni Morrison. Ediciones B, 1993. Barcelona, 317 y 275 págs. Distribuye Ediciones B.

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