Patricio Pron
EN 2012 LA ABEJA Maya cumplirá cien años, pero es improbable que alguien lo celebre. Aunque el personaje goza aún de una gran popularidad, principalmente gracias a la serie de animación japonesa del mismo nombre que lo tenía como protagonista (Hiroshi Saito, 1975 y 1979), su creador ha caído en el olvido, y es muy probable que vaya a quedarse allí algún tiempo más, por buenas razones.
OBJETOS BRILLANTES. Waldemar Bonsels nació en Ahrensburg en 1880 y murió en Ambach am Starnberger See en 1952, tras una carrera literaria plagada de éxitos y unas envidiables cifras de ventas con más de seis ceros que lo convirtieron en uno de los autores alemanes más leídos de la década de 1920. En su transcurso, Bonsels publicó estudios de la naturaleza, textos sobre filosofía de la religión, varias novelas (algunas eróticas, y una policial: Mortimer, 1946), y crónicas de viaje como Viaje a la India (1916), que vendió medio millón de ejemplares. Su éxito de ventas queda opacado, sin embargo, ante los dos millones de ejemplares vendidos sólo en alemán de La Abeja Maya (1912) que dan cuenta de su popularidad entre el público lector, aunque no precisamente entre sus compañeros de oficio: Gottfried Benn lo llamó (con evidente ironía) "ese buen escritor popular alemán", Hans Brandenburg dijo de él que era "desesperadamente ambicioso", Hans Mayer lo definió como el autor de "lindezas idealistas" y Franz Blei lo comparó en su muy interesante Das Grosse Bestiarium der moderne Literatur (El gran bestiario de la literatura moderna, 1922) con un "galgo mugriento", y agregó: "La raza inglesa y muy movediza de galgos Bonsels produce sólo ejemplares masculinos pero con fuertes características femeninas, [posee] una atracción similar a la de la urraca por los objetos brillantes y […] no suele llegar a vieja a causa de anemias severas".
A pesar de esta última caracterización, Waldemar Bonsels sí vivió bastante: hasta los setenta y dos años de edad. En 1933 algunos de sus libros fueron incluidos en el listado de obras prohibidas por el nacionalsocialismo y quemados públicamente por su contenido erótico, situación que emparejó a Bonsels con sus colegas Walter Benjamin, Bertolt Brecht y Stefan Zweig, por nombrar sólo a algunos. Bonsels reaccionó de forma diferente a todos ellos, sin embargo: en vez de buscar refugio en el extranjero, permaneció en Alemania para demostrar que era en realidad perfectamente antisemita y no merecía ser marginado.
Como sólo tres de sus obras habían evitado las llamas (su Viaje a la India, La Abeja Maya y su continuación, Himmelsvolk [El pueblo del cielo, de 1915], Bonsels decidió profundizar en un estilo que el germanista Wilhelm Haefs denominó "una amalgama de biologismo crudo, darwinismo social y quimeras racistas y fantasías violentas excesivamente literarias", como forma de adecuarse a unos tiempos que quizás él mismo había contribuido a hacer llegar con su obra.
OPORTUNISMO SENSIBLE. Aun cuando todos estos elementos se encuentran presentes tanto en la propaganda nacionalsocialista como en la obra de Bonsels (por ejemplo, en la batalla entre avispones y abejas con la que concluye La Abeja Maya), sostener por esa razón que Bonsels fue un nazi no sería del todo acertado. Las conclusiones de unas jornadas dedicadas al autor recientemente en la Literaturhaus de Munich permiten pensar más bien en un oportunista particularmente sensible a los lugares comunes sobre la raza y el territorio (de los que la ideología nacionalsocialista estaba repleta) que poco a poco fue ajustando su retórica a la de la propaganda nazi.
El momento cumbre de esa aproximación tuvo lugar con la publicación de la novela Der Grieche Dositos (El griego Dositos, 1943), que Bonsels se encargó que llegase a las principales figuras de la élite nacionalsocialista y en cuyo prólogo podía leerse: "La enorme y violenta conmoción traída al mundo por Adolf Hitler no sólo sacudió al judaísmo, sino también a todo lo que de judaísmo adolece la iglesia cristiana. [La publicación de este libro] quizás tenga una consecuencia, y la traigo aquí a consideración. Esta consecuencia será el respaldo mundial al antisemitismo […] y una visión liberada de la figura de Cristo, que no fue ningún judío sino un galileo".
No se trata tan sólo de que Bonsels haya adherido personalmente al nacionalsocialismo: toda su obra está impregnada de una concepción autoritaria del mundo. Si bien hasta el insecto más insignificante tiene un lugar y participa de una naturaleza que el autor glorifica, es palpable la añoranza de un estadio anterior de curiosidad e inocencia despreocupada en el contexto de la industrialización, la militarización de la vida cotidiana y, más tarde, los bombardeos a las ciudades alemanas, añoranza que en su obra es encarnada en una abeja que sale a ver mundo.
Al terminar la guerra, Bonsels fue sometido a un proceso de "desnazificación" y se le prohibió publicar en las zonas de ocupación británica y estadounidense, pero el autor se las arregló para burlar la prohibición, dando a la prensa de la zona de ocupación francesa una versión de Dositos despojada de elementos antisemitas. Sólo publicaría otros dos libros antes de morir, ninguno de los cuales alcanzaría el éxito de los anteriores. Las aventuras de Maya, la joven abeja inquieta y curiosa que es enviada por la reina de su colmena a buscar polen y en sus excursiones conoce a insectos como Willi el zángano, el saltamontes Flip, la araña Tecla, la mosca Puck y el abnegado escarabajo Kurt, entre otros, evocan en quienes fueron sus espectadores el recuerdo de un mensaje de tolerancia y paz entre las especies que algún día parece haber sido entendido de un modo por completo diferente: La Abeja Maya fue uno de los libros más leídos por los soldados alemanes en el frente durante la Segunda Guerra Mundial.
En combate
"¡EN EL NOMBRE del derecho eterno y en el nombre de la reina, defended el reino!` [se escuchó.] Entonces se elevó y llenó el aire un rugido como ningún otro grito de guerra que hubiera conmovido antes la ciudad. […] Un joven oficial de las abejas no había podido esperar al final de la orden: quería ser el primero en atacar y fue el primero en morir. Ya un momento antes temblaba de deseo de luchar y estaba dispuesto para saltar, y cuando la primera palabra de la orden se escuchó sobre su cabeza, se lanzó directamente sobre el intruso más adelantado y su aguijón fino e infinitamente fuerte encontró su camino entre la cabeza y el anillo del pecho hasta el cuello de su oponente. Vio cómo la avispa se ovillaba con un grito furioso y parecía por un momento una bola amarilla y negra y brillante, pero entonces el aguijón terrible del depredador alcanzó al joven oficial en el corazón a través de los anillos del pecho, y éste, al morir, se vio a sí mismo y a su enemigo moribundo cayendo en una nube de los suyos. Su valiente muerte de soldado hundió en el corazón de todos la bienaventuranza salvaje de la disposición a morir, y el ataque de las abejas se volvió una desgracia terrible para los invasores".
(De La Abeja Maya)