Historias de la fe y el cine

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Carlos Ma. Domínguez

LA NOVELA La Belleza de los lirios fue publicada por primera vez en 1998 y corresponde a la última etapa narrativa del prolífico John Updike (1932-2009), consagrado junto a Philip Roth y Norman Mailer como uno de los tres grandes novelistas contemporáneos que dominaron las letras norteamericanas durante la segunda mitad del siglo XX. Narra la historia de una típica familia de clase media con un realismo naturalista que aborda los problemas de la fe religiosa, buena parte de la historia del cine y las modas televisivas, y el feroz fanatismo de las sectas místicas.

Si Updike dedicó cuatro novelas y una nouvelle al destino de su personaje Harold Angstrom -tetralogía iniciada en su célebre Corre, Conejo, con la que obtuvo dos veces el premio Pulitzer-, aquí condensa en un libro la historia de cuatro generaciones, a partir de las tribulaciones de un pastor presbiteriano llamado Clarence Wilmot, que hacia 1910 pierde la fe en Dios, y abandona el servicio religioso y la cómoda posición social que garantizaba a su familia un lugar destacado en la comunidad.

LAS GUERRAS Y HOLLYWOOD. La experiencia de Clarence ocupa la primera sección de la novela y es la más interesante, por la honesta profundidad de su planteo dramático. El hombre vive en Paterson, New Jersey, tiene esposa y tres hijos, y es incapaz de ser fraudulento en su fe, pese a que de la fe depende el bienestar de su familia. La religión y la economía doméstica han colapsado y el hombre se precipita a la miseria como vendedor de una enciclopedia popular, con la que sobrevive malamente en la pobreza y la sinceridad.

La segunda sección aborda la vida de Teddy, el menor de sus hijos, sin mayores luces pero heredero de la honestidad paterna. Acaba por casarse con una muchacha coja de un pequeño poblado de Delaware, de familia metodista, y vive la mayor parte de su vida como cartero, retirado de la vida religiosa, como sus hermanos, pero sensible a sus normas. Ambos tienen una bella niña llamada Essie, cuyo destino como modelo, actriz de cine y televisión, acompaña los vaivenes de la industria cinematográfica en la tercera parte del libro. Clark Gable, Audrey Hepburn y muchas estrellas de la pantalla se cruzan personal o indirectamente con la vacilante carrera de Essie en un mundo hipersensible a la ambición y a los cambios de la moda. En uno de sus matrimonios engendra a Clark, protagonista de la última sección, un muchacho desorientado que a fines de los años ochenta acaba por integrarse a una secta llamada Templo de la Fe Pura y Verdadera, hasta que el acoso policial precipita a la comunidad en un suicidio colectivo. Entre tanto, corren por la novela destacados tópicos de la historia norteamericana, las primeras huelgas en las sederías de New Jersey, los efectos de la Primera Guerra Mundial, el crack del ´29, la Segunda Guerra, el despliegue de Hollywood, el mundo de la televisión a uno y otro lado de la pantalla, Vietnam y la guerra fría. Todos son abordados desde el azaroso cruce con el destino de los protagonistas, como telón de fondo, pasto de discusiones y retratos de época.

DEMASIADO DETALLiSmo. Updike es minucioso a la hora de narrar. No siempre es profundo. Cuando lo es, todo el texto parece justificado, pero esgrime tantos detalles en sus descripciones que, demasiado a menudo, si tiene que contar que un personaje fue al colegio, es capaz de recordar quién lo fundó, cuántos pisos tiene, de qué color son las puertas de los pasillos y cuándo se construyó el anexo posterior, el tipo de cemento que usaron y de dónde provino. Su voracidad descriptiva es abrumadora. Lo hace siempre bien, vertebra un impresionante conocimiento de las materias más variadas y se luce especialmente en los entretelones de la industria del cine, los consumos populares y las modas que fueron jalonando la vida cotidiana de las capas medias, pero exige del lector que lo acompañe a horizontes muy poco relevantes para la historia que está contando, hasta el extravío de su núcleo y su motivo.

Es muy claro que el motivo de Updike es narrar el mundo, describirlo todo y contar de cuántas maneras puede verse la realidad. Sin embargo, la unidad de la obra se resiente en la dispersa y agotadora sed de creer que lo que es, resulta interesante por el simple hecho de ser, y no por lo que diga. Esta es una fe muy protestante y norteamericana, y ha dado grandes novelas cuando el arte de describir no erosionó el arte de contar una historia.

LA BELLEZA DE LOS LIRIOS, de John Updike. Tusquets, 2011. Barcelona, 464 págs. Distribuye Urano.

Plop

DESDE COMIENZOS de los años `90, la editorial Tusquets ha editado dieciséis libros de Updike y promete continuar con su difusión en idioma español. Updike escribió veintidós novelas, pero también libros de ensayo, de crítica literaria, de poemas y cuentos, de modo que cabe esperar muchos títulos más.

Con La belleza de los lirios llegó a Montevideo el libro de cuentos Lo que queda por vivir, traducido para Tusquets por María Luisa Balseiro, quien consiguió la paradoja de que el libro siga siendo ilegible en español.

No se trata de los "gilipollas" y "cachondos" que imponen la mayoría de las traducciones peninsulares. Su pericia fue de otra clase: "Carter iba adormilándose" tradujo, "y las palabras enfatizadas atravesaban su duermevela. Él creía haber sido bastante útil en su vida, y ya tenía bastante de gente. Ahora en el despacho -era abogado- advertía un curioso retardo, como el que se introduce en los programas de radio en vivo para que las obscenidades no salgan a las ondas. Eran sólo dos o tres segundos, entre el desafío y la respuesta, entre la realización y la gratificación, pero suficiente para señalarle que algo no sincronizaba".

Otro fragmento tomado al azar: "Siempre que volvía al pueblo, para invitar a comer a su hijo o consultar a su dentista, que envejecía en paralelo con él, el ambiente del lugar lo exaltaba, le volvía más sexy, más boyante".

Corresponde imaginar que sin rubros, la editorial encargó el trabajo a la contadora, o tal vez quiso darle una oportunidad a la chica que sirve el café con una gran sonrisa.

Pero basta asomarse a Internet para descubrir que se trata de algo peor. No sólo Balseiro ejerce como traductora, ganó en dos ocasiones el Premio Nacional de traducción.

Acá el lector cae desmayado y hace Plop!, con las piernas hacia adelante, como en los viejos cómics.

LO QUE QUEDA POR VIVIR, de John Updike. Tusquets, 2011. Barcelona, 320 págs. Distribuye Urano.

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