Una indagación filosófica

Eva Illouz, el 8 de marzo, y el "odio virtuoso" de la ultraizquierda ante la masacre de Hamás

"La negación y la alegría ante la furia aniquiladora de Hamás sigue siendo para mi un enigma inquietante" dice la socióloga francesa.

Eva Illouz.jpg
Eva Illouz
(Katz Editores)

En el mundo actual la retórica y los conceptos abstractos se imponen cual niebla a la realidad. Como una rareza apareció un pequeño libro que la socióloga franco judía Eva Illouz publicó en 2024 (se tradujo en 2025). Se titula El 8 de octubre, Genealogía de un odio virtuoso, y trata del día después de la masacre desatada por Hamás el 7 de octubre, en concreto del día 8. Ese día la izquierda radical —sobre todo en el hemisferio norte— celebró dicha masacre. “Este pequeño ensayo se limita a ese único día” insiste Illouz. “La negación y alegría ante la furia aniquiladora de Hamás siguen siendo, para mí, un enigma inquietante”. De todo lo incomprensible, lo que más la perturba es la glorificación de los carniceros fundamentalistas que ejecutaron bebés y violaron y mataron a mujeres indefensas. “Hasta el 7 de octubre pensaba que los crímenes contra la humanidad eran el tipo de acontecimientos capaces de reunir a personas de diferentes creencias y opiniones en una comunidad moral de compasión. También me parecía que la sensibilidad política más proclive a rebelarse ante las atrocidades era la mía, la de izquierda. Me equivocaba”.

French Theory. Illouz indaga en la genealogía de este pensamiento. Comienza con la compasión, que Rousseau señaló como centro de la naturaleza humana, y que Darwin consideró el más fuerte de los instintos evolucionados del hombre.
Destaca tres factores que pueden anular la compasión: “la proximidad o distancia percibida entre uno mismo y quienes sufren; la atribución de la responsabilidad del sufrimiento a la víctima; y el hecho de que quienes sufren sean percibidos como poderosos”. Dadas estas variables, se pregunta por qué Israel es considerado la encarnación del mal absoluto, cuando las políticas desatadas por su gobierno no son diferentes a las que han aplicado Rusia y China, históricamente. “Putin, Trump y Xi Jinping son tan cínicos y carentes de principios como Netanyahu” con sus acciones en Gaza y Líbano. Pero el único que suscita una larga y persistente indignación moral es Israel. Esto que Illouz llama “antisemitismo virtuoso”, y que se podría llamar neo-antisemitismo, tendría su origen en los años 70 con la French Theory, esa que sumó antiamericanismo, anticapitalismo y anticolonialismo, pero cuya elaboración teórica actual es “un batiburrillo de posmodernismo, posestructuralismo y deconstrucción” que rechaza “los valores de la Ilustración”. La indignación ante estas actitudes llevó a Illouz a distanciarse de Judith Butler, famosa teórica de izquierda en cuestiones de género, por sus comentarios sobre las mujeres violadas y fusiladas a sangre fría el 7 de octubre (“queremos ver esas pruebas y queremos saber si son justas” dijo). Comenta Illouz, “si estas mujeres hubieran sido congoleñas, sudanesas o kosovares, es probable que Judith Butler no se hubiera atrevido a mostrar un escepticismo tan repugnante”.
En la indagación aparece también Jacques Derrida, que prestó sus herramientas para relativizar la realidad y destacar el discurso. Lo que se dice, y quién lo dice, importa más que lo real (sobre todo en manos de políticos sin escrúpulos). En su enfoque para entender este caos hay que denunciar al poder y a los poderosos; deconstruir ese poder pasa a ser, entonces, un acto moral. Esa “certeza del hablante que sustituye a los métodos de la verdad” los hace avanzar con los ojos vendados. Por ejemplo, no importa que Israel tenga una gran comunidad LGTBQ+; para los antisemitas “virtuosos” eso es solo una cortina de humo, un “discurso” para desviar la atención de sus violaciones a los derechos humanos.
El libro explora también las raíces sociales de este antisemitismo, tanto en Estados Unidos como en Europa. Por ejemplo por la competencia entre las minorías negra y judía en la posguerra (algunas universidades norteamericanas en los años 50 limitaban el ingreso de judíos). La movilidad social de los judíos fue rápida —más que los negros— integrándose a las clases medias y altas, y la Shoá instaló un acontecimiento universal que unió a la humanidad en su conjunto, dándoles un aura de “minoría protegida”. De ahí a ser considerada una minoría “poderosa” había un paso, lo que permitió reflotar viejos fantasmas antijudíos.
En Europa ocurrió algo similar con los árabes, sobre todo en Francia. “El Estado francés hizo de la laicidad una condición para la movilidad social, que la comunidad judía cumplió fácilmente”, mientras que el Islam carecía de esa elasticidad, pues “nunca había sido una religión diaspórica”. El Islam no se adaptó a una Francia ferozmente laica, que le exigía eliminar la poligamia o el repudio a la mujer.

Irán. Sobre el final este pequeño ensayo se convierte en un manual ciudadano que ayuda a comprender el origen del radicalismo iraní actual y su discurso, del que se destila Hamás, heredero directo de una “nebulosa religiosa, nazi, nacionalista y antiimperialista”. No hay que olvidar que los poderosos Hermanos Musulmanes que gobernaron Egipto (2012) se nutrieron del nazismo, sentando las bases de un islamismo pronazi. Y si se atiende a la propaganda iraní de estos días que ha circulado creativamente en redes, con sus alegatos para unir a las minorías oprimidas del mundo contra el mal absoluto (Estados Unidos, Israel), tienen su origen en palabras del lugarteniente de Osama bin Laden, al-Zawahiri, quien alentó en 2007 a que “los negros de América, la gente de color, los indígenas americanos, los hispanos y todos los débiles y oprimidos de América del Norte y del Sur, de África y Asia, y de todo el mundo” se sumen a la Yihad.
“Esta forma de pensamiento es asociativa, parcial y se basa en patrones preexistentes, por lo que puede ser fácilmente manipulada por la propaganda y la publicidad”. Lo saben los inescrupulosos. “Estamos diseñados cognitivamente para sacar conclusiones precipitadas a partir de pocas pruebas”. Si no se reconoce lo que nos une, la condición de seres humanos, la violencia suele ser el camino. “No se defiende mejor a los palestinos mostrando un odio virtuoso a Israel. Y_defender a Israel no significa renunciar a la lucha por los derechos de los palestinos. El odio degrada y desacredita”.

EL 8 DE OCTUBRE, de Eva Illouz. Katz, 2025. Buenos Aires, 95 págs. Traducción de Alejandro Katz.

tapa 8 de octubre.jpeg

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar