Entre la hoz y el martillo

Felipe Polleri

MIJAÍL Bulgákov (1891-1940) vivió a la sombra siempre amenazante, aterradora, de Stalin. Sus obras teatrales fueron prohibidas y también le llegó el turno a sus novelas y relatos. Bulgákov en cambio no llegó a ser prohibido, es decir, asesinado, por uno de esos caprichos del destino o Stalin. Murió, luego de esta existencia de continua tensión, a los 48 años.

Fue uno de los grandes escritores rusos, con un estilo exquisito, repleto de humor y fantasía, que lo emparenta nada menos que con Gógol. Y fue también un satírico mucho más consciente y astuto que Gógol ya que Stalin siempre estaba del otro lado de la puerta. En su más famosa novela, El Maestro y Margarita, el diablo visita Moscú y lo primero que hace es parlotear con dos pseudoescritores, pertenecientes a las organizaciones soviéticas de escritores, para anunciarle a uno de ellos que le cortarán la cabeza. Este diablo burlón, uno de los pocos habitantes que cree en Dios en la nueva Rusia, realizará infinidad de "milagros" tan maravillosos como macabros para horror de la población moscovita e infinito goce del lector. Luego aparecerá el Maestro, escritor perseguido y encerrado, y conocerá a Margarita con la que vivirá una eterna historia de amor. Ambas historias se entrelazarán hasta coincidir en un final tan lógico como sorprendente, tan poético como liberador. Esta sola novela, publicada póstumamente, bastaría para ubicar a Bulgákov entre los grandes de la literatura rusa; pero también aconsejo la lectura de la desopilante Novela teatral (Salvat) que se encuentra en las librerías de usados o Los huevos maléficos, publicada por Banda Oriental. No mucho más difícil de conseguir es Corazón de perro, donde un sabio profesor intenta convertir, mediante diversas operaciones, a un perro callejero en un "proletario" ejemplar; los resultados son interesantes. Otra joya, tal vez inhallable, es Vida del señor Moliere (Montesinos); diré, sí, que hay un ejemplar en mi caja fuerte.

En fin y como de costumbre: me resulta imposible transmitirles el inmenso placer que depara un libro de Bulgákov, especialmente El Maestro y Margarita; su prosa es tan amable y divertida que uno llega a simpatizar con el diablo mismo.

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