El rostro que hundió al Pequod

R. Ernesto Blanco

EL ESTADOUNIDENSE Herman Melville escribió la novela Moby Dick luego de haber navegado por el Pacífico en un ballenero en 1841. Desertó en las Islas Marquesas para unirse a otro ballenero, tomó parte de un motín, y terminó desembarcado en Tahití. Finalmente volvió a Nueva York en una fragata militar. El aventurero Melville creyó que escribir novelas, basadas en sus viajes, le permitiría forjarse un futuro como escritor.

El hundimiento del Pequod y numerosos detalles de la biología de los mamíferos marinos que aparecen en la novela Moby Dick, fueron inspirados en historias y leyendas rescatadas en ambientes de marineros y cazadores de ballenas. En el siglo XIX los cachalotes (especie a la que pertenecía la ballena asesina Moby Dick) eran muy valorados por el aceite que contiene una estructura del cráneo llamada melón, en la frente del animal; a su vez estos animales eran de los más temidos por su comportamiento agresivo.

En el número de abril de 2002 de la revista británica Journal of Experimental Biology, David Carrier y colaboradores se cuestionan acerca de que un cachalote pudiera tener la capacidad física y la actitud requeridas para hundir un gran barco como el Pequod, del modo en que Melville lo describe en Moby Dick: "Retribución, rápida venganza, malicia eterna había en todo su aspecto, y, a pesar de todo lo que pudo hacer el hombre mortal, el sólido contrafuerte blanco de su frente golpeó la proa del barco a estribor, hasta que temblaron hombres y tablas. Algunos cayeron de bruces. Como galletas de mástil arrancadas, las cabezas de los arponeros vigías oscilaron en sus cuellos taurinos. A través de la brecha, oyeron entrar el agua, como torrentes de montaña cayendo a un barranco".

ATAQUES VERDADEROS. El ataque de un cachalote al barco ballenero Essex (1821), narrado por Chase, sobreviviente del siniestro, es el primer caso documentado de este tipo de evento. El Essex tenía unos veinte años de funcionamiento y pesaba aproximadamente 238 toneladas. Su casco estaba construido de roble blanco, una de las maderas más resistentes de que se disponía. Láminas de 30 centímetros cuadrados de sección constituían las costillas del barco. Sobre las mismas había tablones de roble de 10 cm de espesor y luego 1 cm adicional de pino amarillo. Todo se cubría con una gruesa superficie de cobre que se extendía aún debajo de la línea de flotación. El ataque ocurrió cuando la tripulación se encontraba arponeando a dos cachalotes. Uno de los botes de remos fue dañado y se vio forzado a regresar a bordo del Essex para ser reparado. De pronto un cachalote macho de unos 26 metros de largo fue observado flotando tranquilamente a unos 100 metros del barco como si lo estuviera observando. Repentinamente se sumergió y volvió a emerger a apenas 30 metros del Essex. A una velocidad de unos 3 nudos se dirigió directamente hacia el costado izquierdo de la embarcación. Golpeó contra el casco dando la sensación a los tripulantes de haber chocado contra una roca. Luego se alejó ubicándose a una distancia de unos 500 metros. Desde allí hizo enérgicas demostraciones de ferocidad durante algunos minutos. Luego se sumergió y nadó hasta colocarse frente a la proa y volvió a cargar a una velocidad de 6 nudos. Golpeó directamente bajo el mascarón de proa destrozando el casco. El Essex comenzó a hundirse por la proa y luego de pasados unos 10 minutos se volcó a babor. Quedaron 20 hombres en 3 botes, pero no todos volverían a ver tierra: canibalismo mediante, el cuerpo de algunos alimentó a otros hasta que fueron rescatados.

Otro gran barco, el Ann Alexander, fue atacado en 1851, el mismo año en que aparece la primera edición de Moby Dick. La tripulación había perseguido a un cachalote con sus botes de remos. El animal se había defendido destrozando dos botes con sus mandíbulas. La tripulación regresó al barco en el único bote sobreviviente y continuaron la persecución desde allí. El cachalote inicialmente intentó escapar pero en un momento revirtió su dirección de nado y se lanzó contra la proa del barco. El impacto no dañó el casco. La tripulación comenzó a reconsiderar la decisión de continuar la cacería. Sin darles tiempo el cachalote volvió a atacar y abrió en el casco de proa un enorme agujero que el cronista describió como "del tamaño de la cabeza de la ballena" . El Ann Alexander se hundió en unos pocos minutos. El cachalote fue capturado 5 meses después por la tripulación del Rebecca Simms y pudo ser reconocido por los arpones del Ann Alexander que aún tenía en su cuerpo. Este evento demostró que era posible la supervivencia de un cachalote por largo tiempo después de mantener un combate a golpes de cabeza con una embarcación de gran tamaño.

CABEZA DURA. La mayoría de los cetáceos poseen en sus cabezas una estructura llamada melón. En muchas ballenas y delfines esa estructura es pequeña pero los melones de los cachalotes están muy desarrollados. Algunos científicos han supuesto que dicho órgano podría servir para focalizar y amplificar los sonidos que estos animales emiten bajo el agua. Sin embargo, Carrier y sus colaboradores parecen haber seguido el consejo de Melville: "Antes de abandonar, por ahora, la cabeza del cachalote, querría que, simplemente como fisiólogos sensatos, observaseis con detalle su aspecto frontal, en toda su compacta concentración. Querría que lo investigarais ahora con la única intención de formaros un concepto inteligente y sin exageración de cualquier poder de ariete que pueda residir allí".

La tripulación del Essex, luego de haber visto al cachalote luchando en el mar, también describió su cabeza como un ariete de asalto. Los científicos han notado que la mayoría de los machos que quedan varados en las playas presentan grandes y numerosas cicatrices en sus cabezas como si hubieran sido mordidos por un rival durante un combate a cabezazos. La función del melón que propone Carrier en su reciente trabajo es precisamente la de un arma de combate entre machos de la especie. Para poder defender esa hipótesis estos científicos del Departamento de Biología de la Universidad de Utah estudiaron el tamaño del melón de más de 20 especies de ballenas y delfines. En general, aquellas especies en las cuales los machos son mucho más grandes que las hembras (técnicamente se habla de dimorfismo sexual) poseen harenes con mayor número de hembras. Esto se explica por el hecho de que un mayor harén debe ser protegido de la invasión de otros machos mediante el combate o la persuasión, tareas ambas que resultan más fáciles cuanto mayor sea el tamaño del macho. Se encontró que el tamaño del melón en relación al cuerpo es mayor en aquellas especies de ballenas y delfines con mayor dimorfismo sexual (mayores harenes), lo cual parece confirmar el uso de la cabeza como ariete para la lucha entre machos por el dominio del harén. También realizó Carrier un modelo en computadora del choque entre dos cachalotes que muestra que el melón protege la cabeza del agresor amortiguando el impacto gracias al aceite que contiene. A su vez el agredido sufriría un daño muy importante si fuera golpeado por ejemplo en un flanco. El cachalote es, con mucha ventaja, el cetáceo estudiado que presenta el melón más pronunciado y resistente: "El arpón de punta más aguda, la lanza más afilada arrojada por el más fuerte brazo humano, rebota impotente en él. Es como si la frente del cachalote estuviera pavimentada con cascos de caballo". (Moby Dick, LXXVI). El comportamiento agresivo entre cachalotes machos podría haber dotado a Moby Dick de la capacidad física y la actitud de combate necesarias para hundir al Pequod.

Otra importante clave para este asunto viene de la historia evolutiva de los cetáceos. Existe evidencia de que ballenas y delfines evolucionaron de animales terrestres cuyos principales representantes actuales son los artiodáctilos: animales con un número par de pezuñas como por ejemplo ciervos, antílopes, vacunos y ovinos. Muchas de las especies de este grupo tienen astas y cuernos, armas adecuadas para el combate cabeza con cabeza entre machos de la especie. Tal vez, esta característica de comportamiento agresivo fuera propia de los ancestros comunes a cetáceos y artiodáctilos por lo cual sus descendientes la han conservado a pesar de las grandes diferencias que existen entre los ambientes marinos y terrestres en que respectivamente habitan. Podríamos entonces vislumbrar a Moby Dick como un gigantesco carnero blanco del mar cargando con su cabeza contra todo lo que le resulta ofensivo.

Pero siguen siendo teorías. Lo que aportó Chase del hundimiento del Essex debería ser suficiente para demostrar que un cachalote podía hundir a un barco ballenero. Como señala Nathaniel Philbrick en el libro In the Heart of the Sea, The Tragedy of the Whaleship Essex, un barco viejo como el Essex cedió al embate de una mole de 80 toneladas, que atacó con "decidida y calculada maldad".

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