Lecciones, de Ian McEwan, es el esperado retorno de un grande con una novela que no defrauda, ni a los nuevos lectores ni a la legión de fans que ha cosechado. Una novela larga, ambiciosa, sobre el curioso devenir de la vida, y los intentos por reconstruir lo sucedido para tratar de entender sus enigmas.
Así comienza: “Este era un recuerdo insomne, no un sueño. Era la lección de piano otra vez: un suelo de baldosas naranja, una ventana alta, un instrumento de media cola en una habitación sin muebles cerca de la enfermería. Tenía once años e intentaba tocar lo que otros quizá conocieran como el primer preludio del Libro I de El clave bien temperado de Bach, versión simplificada, aunque él no sabía nada de eso. No se planteaba si era famoso u oscuro. No tenía cuándo ni dónde. Solo alcanzaba a concebir que alguien se había tomado en algún momento el trabajo de componerlo. La música sencillamente estaba aquí, un asunto de la escuela, o algo oscuro, como un pinar en invierno, exclusivo de él, de su laberinto privado de frío pesar. Nunca le dejaría marchar”. (Anagrama)