MARÍA DE LOS ÁNGELES GONZÁLEZ
EL 30 DE SETIEMBRE -día de San Jerónimo-, fue el día elegido por Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, para firmar el prólogo de su reciente libro Jesús de Nazareth.
Jerónimo fue autor de la Vulgata, la primera traducción latina confiable de la Biblia y versión oficial del libro que la Iglesia consideró sagrado hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979. El apego al texto revelado como base de la fe y el celo por la interpretación de las Escrituras es uno de los objetivos del libro de Ratzinger. En apariencia no busca combatir ninguna herejía ni contestar ninguna objeción, pero se ofrece como guía para las conciencias cristianas, en un momento en que la solidez que sostenía algunos pilares de la fe católica resulta bombardeada y se resquebraja la autoridad de la Iglesia.
VINO NUEVO EN ODRES VIEJOS. Escasos datos históricos permiten reconstruir con certeza la vida de Jesús. Sin embargo, sobre nadie se ha escrito tanto y nadie dejó una huella tan profunda y duradera en la historia de Occidente. La clave de su magnetismo no parece estar en la reconstrucción de su biografía -aunque éste es un camino siempre abierto- sino en la prédica de los primeros cristianos, en los escritos que se dispararon en el siglo posterior a su muerte y en la forma en que algunos de ellos solidificaron en una religión universal. También esas zonas están sombreadas por misterios y lagunas de información. Por lo menos desde el siglo XX se ha suscitado un proceso de revisión de las ideas aceptadas sobre Jesucristo a lo largo de 2.000 años. Esto implicó cotejar las "verdades de fe" con las nuevas posibilidades de las investigaciones arqueológicas y de los métodos de estudio del pasado. Sin ir más lejos, en 2002 se descubrió una tumba en Jerusalén que dataría del año 30, con el nombre de Yoshua, o sea, Jesús. El hallazgo pone en cuestión algunos postulados de fe hasta entonces difíciles de discutir en base a materiales concretos. A eso se suma la consolidación paulatina de un saber religioso independiente del control clerical.
En las últimas décadas se ha divulgado una corriente de investigación y opinión que busca, además de nuevas verdades provisorias, capitalizar el escándalo, centrando el tema en la desautorización a la Iglesia, cuando esta ha dejado de ser un poder temible. O quizá se trata de la necesaria revisión del Cristianismo, uno de los últimos "grandes relatos" que ha sobrevivido desde la Antigüedad a la Modernidad con escasas fisuras. La proliferación de libros sobre Jesús o sobre aspectos polémicos vinculados a su vida y al origen de la religión cristiana se ve contaminada, también, por tentaciones impuestas por el mercado, que gusta de la novedad, este sí -hoy- un poder absoluto. En un mundo tan secularizado y gobernado por el consumo, la Iglesia resulta un blanco fácil. Los géneros de ficción, en especial la novela, pero también el cine, no han quedado al margen de esta opción, tan provechosa para la venta de ejemplares o récords de taquilla. El Código Da Vinci, de Dan Brown es, con seguridad, el punto más llamativo de este fenómeno.
ESCRITOS SOBRE JESÚS. El nombre "Jesús" deriva del arameo "Yeshua". Podría ser un nombre -también Yoshua, Yehoshúa o Josué-, o un título que significase "el Libertador" o "el Salvador". Sobre la existencia histórica de Jesús se conservan sólo unos pocos testimonios objetivos -es decir, no cristianos, y en especial romanos- que permiten asegurar algo más que su ejecución en la cruz durante el mandato de Tiberio Poncio Pilato. Poco dicen los documentos conservados por la historia judía sobre el Jesús histórico, apenas alguna mención en el Talmud y en los escritos de Flavio Josefo, un historiador judío cooptado por el Imperio Romano. Pero estas referencias no están lejos de ser interpolaciones posteriores. Las únicas fuentes que proporcionan información más afinada son los Evangelios, fijados por escrito bastante después de la muerte de Jesús y una vez consolidada la "cristología". Muchos textos sobre su vida y su prédica surgen luego de la insurrección judía contra Roma y posterior caída de Jerusalén en el año 70. Todos fueron anónimos, quizá con excepción de los de Pablo, quien habría muerto pocos años antes. Sólo a mediados del siglo II los Evangelios se atribuyeron a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Por tanto, es posible que ninguno de los autores haya sido testigo de los hechos que narra, sino que fueron escritos para transmitir una creencia. Así debe entenderse el énfasis en presentar la historia de Jesús de tal modo que coincida con las profecías del Antiguo Testamento, para probar que era el Mesías esperado por el pueblo judío. Se presume que antes de llegar a la formulación actual de los Evangelios, las enseñanzas de Jesús pasaron por un largo período de transmisión oral y aunque existió un texto luego perdido (la fuente Q, cuyo nombre deriva de Quelle, que significa fuente en alemán), el cual sirvió de base, junto con el texto de Marcos, a muchos relatos de Mateo y Lucas. La fuente Q podría remontarse a las décadas del 50 a 70 de nuestra era, consistiría en una colección de sentencias de Jesús y sería anterior a la fuerte impronta que San Pablo imprimió al cristianismo.
El proceso de canonización de los libros del Nuevo Testamento es oscuro y sinuoso. En el 95, Clemente, obispo de Roma y discípulo de Pablo, cita textos de tres de los Evangelios, puesto que el de Juan aún no se conocía o tal vez no había sido escrito. Pero la lista de libros autorizados o citados por autoridades de la Iglesia va variando en los primeros siglos, a veces por desconocimiento y otras por sospecha de impureza. Sólo en el 367 se cierra la lista de libros canónicos tal cual es admitida hasta el presente. A un lado quedaron otros textos similares que, sin embargo, no entraron dentro de los admitidos: los llamados Evangelios apócrifos (palabra que en griego significa "ocultos" o "escondidos"). Son narraciones sobre la vida de Jesús, escritas entre fines del siglo I y principios del II y firmadas con nombres fingidos, que la Iglesia no aceptó como textos revelados. Sin embargo, aportan datos sobre el cristianismo primitivo y las tradiciones populares. Es durante el segundo y tercer siglo cuando se establecen criterios para distinguir los libros inspirados, basándose sobre todo en la posibilidad de que el autor haya sido cercano a un apóstol y que su contenido coincida con la idea de una Iglesia universal.
Muchos de estos datos y más precisiones fueron reunidos e interpretados didácticamente por Fernando Klein, antropólogo uruguayo, quien ha publicado en los últimos años dos libros en los que aborda temas bíblicos y religiosos. En De Jesús a Cristo. El hombre que fue convertido en Dios (2005) sistematiza gran cantidad de elementos históricos sobre la evolución del cristianismo desde la muerte de Jesús hasta el establecimiento de los dogmas definitivos de la Iglesia, así como el proceso de legitimación de los Evangelios. La presentación que hace Klein de Jesús se basa en el cotejo de los datos de los cuatro Evangelios canónicos, ampliados y enriquecidos a partir del análisis del contexto político y religioso de Israel. El autor presenta hechos documentados, citando con honestidad las fuentes conocidas e incluso planteando el margen de duda que ofrecen los escritos testimoniales. Proporciona, por ejemplo, un cuadro de las distintas sectas que existían dentro del cristianismo primitivo, dejando en evidencia de qué manera la consolidación de los dogmas católicos fue, muy a menudo, producto de negociaciones o de pugnas entre facciones, pero evitando los juicios de valor y las conclusiones complotistas. Otro tanto ocurre con el recuento de los pasos que determinaron la fijación arbitraria de Roma como sede de la Iglesia o la invención de la figura papal, o aun más la declaración casi extravagante que fijó el 25 de diciembre como el día de la Navidad. La obra de Klein se centra en el proceso que media entre la muerte de Jesús y su construcción como "Cristo" (que significa "el ungido"). Destaca el importante papel de San Pablo en la fijación de los fundamentos teóricos de la naturaleza de Jesús-Cristo y en muchas de las reglas finalmente triunfantes de la nueva religión. A él corresponderían los escritos más antiguos que se conservan sobre Jesús, a pesar de que nunca lo conoció. Según Hechos (IX:5) éste se le apareció en una visión, en su camino a Damasco, cuando aún se llamaba Saulo y respondía a las tradiciones fariseas, lo que habría motivado su conversión. El Nuevo Testamento refleja muchas discrepancias entre Pablo y los otros apóstoles e incluso diferencias doctrinales entre las ideas que defiende y las palabras atribuidas a Jesús por los evangelistas aceptados. Klein repasa con minucia estas diferencias y la forma en que evolucionaron. Algunas de las más significativas tienen que ver con el papel asignado a la mujer en el culto, la exigencia que hace Jesús de la vida comunitaria y de la donación de las propiedades a los pobres.
VOX DEI. De otro tenor es el libro del actual Papa, una obra erudita de exégesis del Nuevo Testamento, con abundante bibliografía teórica y referencias exactas a los textos bíblicos, centrada en la figura del Mesías. No es un catecismo simplificado para las masas, aunque busca el público amplio ya que nunca se aparta de un lenguaje comprensible y directo, y tiene un claro objetivo didáctico que está implícito en el Prólogo. Ratzinger no pretende contestar las abundantes versiones laicas que abordan a Jesús en la actualidad, ya desde el discurso histórico o pseudohistórico, ya desde la ficción, sino posicionarse en un debate que involucra a la propia Iglesia: la forma en que puede conciliarse el Jesús histórico con las "Sagradas Escrituras". Pero indirectamente acusa recibo de la alarma con que sigue la Iglesia las indagaciones científicas y sus ramificaciones cada vez más inesperadas y heterodoxas. Para Ratzinger, el resultado del método histórico alienta "la impresión de que, en cualquier caso, sabemos pocas cosas sobre Jesús, y que ha sido sólo la fe en su divinidad la que ha plasmado posteriormente su imagen. Entretanto, esta impresión ha calado hondamente en la conciencia general de la cristiandad. Semejante situación es dramática para la fe". Si los creyentes son sensibles a la oposición entre el Jesús histórico y las verdades de fe, que según el Papa comenzó a profundizarse a partir de la década del 50, la Iglesia corre el riesgo de "moverse en el vacío". Para contrarrestar esta tendencia, se propone delinear la figura de Jesús sólo a partir de los textos revelados, amalgamando el Antiguo y el Nuevo Testamento, sirviéndose del magisterio de los Padres de la Iglesia y de la amplísima tradición moderna en la interpretación de las Escrituras, y releyendo los textos desde el presente. No se trata de una lectura que priorice el contexto de producción, sino que parte del convencimiento, sólo proporcionado por la fe, de la actualidad de un mensaje que fue enunciado hace siglos, pero a partir del cual Dios sigue hablando hoy. Según Ratzinger, sin el convencimiento de la divinidad de Jesús, todo acercamiento resulta "vago, irreal e inexplicable". En el Prólogo deja claro que el estudio no tiene carácter magistral, es un acto individual con el que cualquiera puede discrepar.
OTRO JESÚS POSIBLE. En 1988, una película de Martin Scorsese sobre la vida de Jesús, suscitó un fuerte polémica. Basada en una novela de Nikos Kazantzakis (de 1951), el comienzo de La última tentación de Cristo advierte que se trata de una interpretación libre. Considerada a la luz de fenómenos posteriores, parece excesiva la reacción enconada que produjo el film en amplios sectores religiosos, ya que el argumento no cuestiona la divinidad de Cristo ni contradice la moral cristiana. Sí se permite desarrollar, mediante secuencias narrativas que no insumen más de cuarenta minutos, la posibilidad de que Jesús hubiera sobrevivido a la cruz, salvado a último momento por un milagro del Padre. En ese relato dentro del relato, Jesús se casa primero con María Magdalena, luego con María, la hermana de Lázaro, tiene descendencia y ya anciano, asiste a la prédica de Pablo anunciando su muerte y resurrección, lo que hace aparecer al cristianismo como una fábula interesada. Pero eso ocurre en la película sólo en la imaginación del personaje y la muerte es finalmente asumida, así como la condición, tan dolorosa, de reconocerse hijo de Dios. La última tentación de Cristo puede ser el desarrollo de una debilidad humana consignada en los Evangelios en apenas una frase de la oración de Jesús en Getsemaní: "Padre, aparta de mí este cáliz" (Mt. XXVI, 39; Mc. XIV, 36; Lc. XXII, 42). Sin embargo, la desviación pudo tener un sustento en otras tradiciones y teorías no oficiales sobre la vida de Jesús y el desarrollo del primer cristianismo, que en las últimas décadas han alcanzado primeros planos. En 1992 se publicó El enigma sagrado, de Michael Baigent, Henry Lincoln y Richard Leigh, y rápidamente alcanzó la categoría de best seller por la audacia de sus hipótesis. A su vez, sirvió luego de base a Brown para escribir El Código Da Vinci. El postulado central de El enigma sagrado es el matrimonio de Jesús con María Magdalena y la posibilidad de que su descendencia, conocida sólo por unos pocos, hubiera alcanzado altos puestos políticos en la Edad Media. Los autores cruzaban algunos puntos oscuros de los Evangelios con datos de textos apócrifos y con leyendas misteriosas asociadas a los Caballeros Templarios, como la del Santo Grial (que interpretaron como anagrama: San Greal, Sangre Real). El resultado era el presunto descubrimiento de un complot sostenido por siglos de ocultamientos y destrucción sistemática de pruebas, sobre el cual la Iglesia habría mantenido sus prerrogativas y edificado sus verdades. De hecho, ni siquiera es posible probar que Jesús perteneciera al linaje de David. Según Fernando Klein, la genealogía ilustre que proporciona Mateo (XXII, 41-45) consiste en una "autoafirmación" que sólo se basa en el "trasfondo antiguotestamentario". De haber sido Jesús descendiente de David por parte de su padre y de Sumos Sacerdotes por parte de su madre, sin duda era la figura ideal para ser transformado en Mesías y capitalizado por las facciones rebeldes de la época para intentar una revolución contra Roma.
CARTAS DE JESÚS. Michael Baigent es investigador y especialista en las culturas de la Antigüedad. Acaba de traducirse al castellano un libro de título provocativo y venta segura, Las cartas privadas de Jesús, que promete mucho y ofrece poco. Capitalizando el éxito anterior, se desarrolla como el relato de una investigación científica, basada en datos fragmentarios, como cualquier otra. El problema es que, en rigor, nunca pasa de las meras conjeturas. Si se toma al pie de la letra el testimonio del autor -y no como una novela, que es una variante posible- apenas se ofrecen como datos objetivos unos manuscritos de aspecto similar a los rollos del Mar Muerto vistos hace muchos años por Baigent y unas fotografías de los mismos cuyas copias y originales alguien hizo desaparecer. El resto son testimonios verbales de supuestos especialistas que alguna vez tuvieron experiencias similares. Hasta la última página el lector esperará confiado que, al menos, se describa la existencia de esas cartas que Jesús habría escrito en su defensa frente al Sanedrín. En el medio, hay capítulos que tratan sobre las experiencias del trasmundo en distintas culturas, que el autor conoce bien, así como documentación que prueba la eficacia de la Iglesia para afinar, siglo a siglo, la irrefutabilidad de sus doctrinas y combatir las resistencias, algunas veces con forzados argumentos intelectuales y otras por el ejercicio de la fuerza. Las hipótesis centrales de Baigent son dos: que Jesús nunca se consideró hijo de Dios y que habría sobrevivido a la cruz, salvado por un acuerdo entre las autoridades romanas y los extremistas zelotes. La forma en que intenta probarlas en base a los Evangelios y a las costumbres de la época es atractiva, incluso suficiente pero no alcanza a ser necesaria y deja varios flancos débiles. Escribir desde la certeza de la fe o desde la especulación es más fácil y más atractivo que plantear sólo caminos abiertos (o cerrados) a la investigación científica. Los primeros son discursos que se bastan a sí mismos y gozan de un público más amplio. La fe autosustentada y las teorías complotistas son más tranquilizadoras. Detrás de esas tramas misteriosas hay finalmente una explicación que deja afuera lo inexplicable, que siempre incomoda.
DE JESÚS A CRISTO. El hombre que fue convertido en Dios, de Fernando Klein. Ed. De la Plaza, Montevideo, 2005.
JESÚS DE NAZARETH, de Joseph Ratzinger. Planeta, Buenos Aires, 2007.
LAS CARTAS PRIVADAS DE JESÚS. Últimas investigaciones y documentos reveladores sobre la muerte de Cristo, de Michael Baigent. mr Ediciones, Buenos Aires, 2007.
Nota: el otro libro reciente de Klein es LA BIBLIA DESNUDA, Arcopress, Madrid, 2006.
La otra María
EL NOMBRE MARÍA admite más de setenta etimologías distintas. Su origen puede ser hebreo, pero también pudo migrar a esa lengua del egipcio, ya que aparece en la Biblia por primera vez en el cautiverio en Egipto, designando a la hermana de Moisés y Aarón (Núm. XII, 1). Su forma hebrea es Mrym, es decir, Miryam o Maryam, que admite varios significados, desde "rebelde" hasta "bella". Puede proceder del verbo marah, dominar, a la vez que en arameo marya es señor. De ahí la preferencia cristiana por el significado de "Señora". Si su origen fuera egipcio Mari Yam significaría "amada de Yahvé" o "la luz de Yahvé". La acepción "estrella de mar" ha sido una interpretación posterior que carece de fundamento etimológico.
Tres mujeres de nombre María ocupan lugares destacados en la vida de Jesús, lo que hace pensar que fue un nombre corriente en la época. Además de la madre, aparece María de Betania, la hermana de Lázaro, la que entre el deber y la devoción supo "elegir la mejor parte" (Lc. X, 42). La tercera, María Magdalena, es una de las figuras más discutidas y que más variaciones ha sufrido en la historiografía cristiana. Durante siglos se la consideró una prostituta arrepentida, por un error en la interpretación de los Evangelios. Es probable que haya sido una discípula de Jesús y aun la figura más cercana al Maestro. Algunos la proponen como esposa. José Saramago la inmortalizó como amante en El Evangelio según Jesucristo. El Evangelio de María Magdalena es hoy uno de los textos apócrifos más célebres.