Gabriel Sosa
VIDA Y OBRA no son lo mismo, ni tienen por qué parecerse. Muchos escritores con obras tremebundas y ambiciosas a sus espaldas llevaron reposadas existencias en pueblos chicos, y por lo general son más corrientes los Proust que los Hemingway. En el campo de la literatura fantástica la mansedumbre parece ser norma; como ejemplo momentáneamente célebre basta fijarse en J.R.R. Tolkien, que creó sus desmesuradas y trepidantes fantasías en los abundantes ratos libres de su apacible vida de profesor.
Howard Phillips Lovecraft es un caso típico. Nació y murió en la misma ciudad (Providence, capital del diminuto estado norteamericano de Rhode Island), no fue a ninguna guerra, no se enredó con ninguna causa política, no acometió grandes tareas, tuvo en toda su vida un solo (y leve) interés romántico, ni siquiera creó una obra excesivamente extensa. Pero esta obra bastante magra dejó una huella profunda, generó seguidores, fanáticos y continuadores, y sobrevivió para revalorizarse como uno de los legados literarios más singulares del siglo XX.
UNA VIDA DIFÍCIL. La vida poco notoria de Lovecraft ha sido resumida innumerables veces, sin que eso la haga más entretenida. Un buen resumen es el que hizo el español Eduardo Haro Ibars (en estilo más que levemente borgeano) para el prólogo de una recopilación de cuentos: "Diré que fue pobre y triste. Nació casi con el siglo, y lo sufrió; su época amada era el dieciocho inglés, pero supongo que hubiese detestado ese siglo de igual manera que detestó el veinte americano, porque los hombres que sienten nostalgias de otros tiempos no suelen encontrarse bien en ningún tiempo, en ningún lugar. Su madre debió ser una arpía impregnada de prejuicios sociales y raciales, que insultaba a su hijo (era muy feo) mientras lo cubría de bufandas; estaba convencida de que pertenecía a una aristocracia americana que en verdad nunca existió; y su padre era borracho y murió sifilítico. La infancia de HPL fue solitaria y triste, algo parecida a la de Jervas Dudley, el héroe de "El sepulcro", paseaba solo, leía con voracidad y adoraba a los Dioses de la Grecia Clásica. Se casó con una mujer que le recordaba a su madre. Vivió siempre en la pobreza, dedicado a corregir el estilo de cuentos de terror; le gustaban los helados y tenía muchos amigos, casi todos corresponsales. Murió joven, de cáncer de intestinos y de hastío. Lo demás está en sus obras."
Básicamente esa es toda la vida de Lovecraft, si se obvian los detalles interesantes. Sí era pobre, solitario y sumamente peculiar, pero era un auténtico excéntrico de estirpe. Nació el 20 de agosto de 1890, hijo de Susie Phillips y de Winfield Scott Lovecraft. A pesar de lo que dice Haro Ibars, el recién nacido sí tenía algún respaldo genealógico: los Phillips originales habían llegado en el Mayflower con los primeros peregrinos protestantes a América del Norte, los Lovecraft eran una familia de emigrantes ingleses (Howard fue el primer Lovecraft nacido en suelo americano) cuyos ancestros se pueden rastrear hasta el siglo XV.
Lovecraft padre era un viajante de comercio bastante eficiente, pero en 1898, en un hotel de Chicago, tuvo un ataque de locura al que siguió el diagnóstico terrible de sífilis terminal y, efectivamente, la terminación de su vida en un manicomio ese mismo año. Susie y su retoño se mudaron a la gran casona colonial del abuelo de Howard, el próspero Whipple Van Buren Phillips, quien fue su primera influencia literaria. Pero el abuelo Phillips muere en 1904, y la fortuna familiar, incluyendo la gran casona, se evapora casi por completo. Con catorce años, Howard termina viviendo con su madre en un apartamento alquilado.
Susie no era una muy buena influencia. Biógrafos apresurados recalcan el hecho de que vistió a Howard como una niña hasta los seis años, pero esto no estaba muy en desacuerdo con las costumbres de la época. Más perjudicial para el carácter del infante resultó que, una vez vestido de hombre, le reprochara sin cesar ser espantosamente feo, al mismo tiempo que lo sobreprotegía de manera enfermiza. Así, Howard se convirtió en un joven inseguro y recluso, que no siguió estudios regulares y que adquirió hábitos nocturnos. Leía compulsivamente, se formó un concepto del mundo ridículamente elitista e inmaduro que lo acompañó casi toda su vida, y el resto de sus días fue un constante pendular entre la inseguridad patológica y la conciencia de ser un genio y un gentilhombre.
La formación autodidacta de Howard fue clásica hasta lo ridículo. A los diez años leía a Pope, a Johnson, a Ovidio y la Ilíada y la Odisea. Aprendió latín por su cuenta, y a los doce años escribía poemas al estilo de Virgilio, Horacio y Juvenal. Antes había descubierto una versión de las Mil y una noches que lo entusiasmó tanto que se declaró musulmán y dijo llamarse Abdul Alhazred (el nombre haría carrera). Cuando llegó a los clásicos grecolatinos, decidió llamarse Massala. En 1905 escribió el primer cuento que consideraría digno de preservar, "La bestia en la cueva". En 1908 tuvo un ataque de nervios más serio que los que sufría habitualmente, y quedó cinco años recluido al cuidado de su madre y sus dos tías. Poco se sabe de esa época, salvo que el día en que cumplió 21 años lo pasó dando vueltas en tranvía por la ciudad hasta que el servicio cesó.
En 1913 salió de su retiro. Se había vuelto fanático de las revistas populares de ficción, y un relato de un tal Fred Jackson hirió tan profundamente sus sentimientos puritanos que escribió una larga carta en verso a la revista Argosy. La carta armó polémica, el editor de la revista le pidió más y Lovecraft se encontró a sus 22 años convertido en corresponsal de la UAPA (United Amateur Press Association), el equivalente en la época de los actuales foros de discusión de Internet, donde periodistas amateur publicaban y distribuían sus propias revistas. En la siguiente década Lovecraft se convirtió en toda una personalidad de la UAPA, publicando una revista (The Conservative) y llegando a presidente de la asociación. También escribió gran cantidad de artículos sobre astronomía, otra de sus pasiones, en el Providence Evening News, donde deliraba con afirmaciones tales como que la Tierra iba a ser destruida en el año 4328, pero que la humanidad iba a salvarse emigrando a Venus colgada de un cometa que pasaba.
En la UAPA fue donde Lovecraft publicó sus primeros cuentos, "La bestia en la cueva" y "El alquimista", pero recién en 1922 dejó de considerarse un ensayista y poeta y comenzó a tomarse su ficción en serio. Antes, en 1917, trató de alistarse en el ejército inglés para combatir contra los alemanes. Su madre se enteró y convenció al médico de la familia para que moviera influencias. Sin siquiera haber sido examinado, Lovecraft fue declarado un completo inútil y devuelto a su casa, bajo el estricto cuidado maternal.
LA OBRA. En 1921 una revista profesional, Home Brew, le encarga una historia en seis partes, un "cuento grotesco". El resultado es "Herbert West-Reanimador" (seis décadas más tarde convertido en película con el título Reanimator). Al año siguiente repite el encargo con "El horror oculto". Estos fueron sus primeros trabajos pagos, los que le abrieron los ojos ante la posibilidad de ganarse la vida escribiendo. En ese mismo 1921 muere su madre, internada en un manicomio, y Howard queda al cuidado de sus dos tías. En lugar de escribir a tiempo completo, se dedicó a hacer correcciones y reescrituras para otros. Es así que en 1924 la revista Weird Tales le encarga la revisión (en la práctica fue la casi completa escritura) de un relato de Harry Houdini, "Aprisionado con los faraones", donde éste cuenta su escape de una antigua tumba egipcia. Desde ese momento Weird Tales se convirtió en la principal fuente de trabajo para Howard, algo que le vino muy bien porque a esa altura era un hombre casado.
Un mes antes de la muerte de su madre, Howard conoció a Sonia Heft Green, una viuda siete años mayor que él. En 1923 recibe lo que probablemente fuera el primer beso de su vida (tenía 33 años), y el 3 de mayo de 1924 se casa en Nueva York, donde vivía Sonia. En la luna de miel la pareja se dedicó a reconstruir el original de "Aprisionado con los faraones", que el novio había perdido en las corridas previas al casamiento.
Howard odió Nueva York. Racista furibundo (casado con una judía), la mezcla étnica de la ciudad le resultaba insoportable. Se demostró incapaz por completo de ganarse la vida, y debía vivir de los ingresos de su esposa. Sonia tenía una sombrerería que rendía lo suficiente como para que vivieran cómodamente, incluso para que Howard hiciera traer desde Providence sus muebles, porque no toleraba apoyar los codos en una mesa que no fuera la suya. Pero antes de cumplir un año de casados el negocio de los sombreros se complicó, y Sonia cerró la tienda. A fines de 1924 le surgió un trabajo en Cincinnati, a donde Lovecraft se negó a ir. Sonia partió, y Howard quedó solitario en Nueva York con sus muebles y su inoperancia.
En el siguiente año, empobrecido y miserable, aunque rodeado de amistades, Lovecraft escribió tres cuentos, dos de los cuales vendió a Weird Tales. El tercero, "En la cripta", fue rechazado por el director de la revista, con la excusa de que era "demasiado horroroso", extraño argumento para una publicación de terror. En setiembre el nuevo presidente de la UAPA le pide un ensayo muy largo para una nueva publicación amateur, The Recluse. Howard trabaja ocho meses y entrega un artículo de 120 páginas, Supernatural Horror in Literature, donde repasa la completa historia del género del terror desde la antigüedad clásica, con perspicacia y erudición. Este ensayo resultó a posteriori un tesoro invaluable para editores del mundo entero, que al publicar alguna de las obras mencionadas allí siempre pudieron elegir alguna frase alusiva que, dentro o fuera de contexto, podía presentarse como un respaldo del venerable Lovecraft a la edición en curso. La práctica sigue en uso.
Luego de una miserable temporada en Nueva York, Lovecraft fue rescatado. Su tía Annie lo reclama a Providence, adonde vuelve exultante con sus muebles y su único traje. Se instala con sus tías en un apartamento, y retoma su confortable y frugal vida anterior a la aventura matrimonial. Su actividad literaria se multiplica, tanto en producción de originales como en correcciones y reescrituras. El matrimonio con Sonia, nunca demasiado apasionado, termina por disolverse amigablemente, y a partir de ese momento las mujeres desaparecen de la vida de Lovecraft como preocupación u ocupación.
LOS MITOS DE HOWARD. En 1926 escribe "La llamada de Cthulhu", que sería la base de la parte de su obra más recordada y recordable. Lo protagoniza un arqueólogo que lentamente se va poniendo en contacto con pruebas de la existencia de un antiguo culto que adora a Cthulhu, una especie de deidad maligna que está en trance en el fondo del mar. Dicen los que saben que el nombre debe pronunciarse "Clulu". Otros que también dicen saber aseguran que se pronuncia "Túlu". Lovecraft, que se sepa, nunca se dignó a pronunciarse al respecto.
A partir de ese momento, Lovecraft produjo relatos en tres vertientes. La primera la constituyen los relatos de terror clásicos como "El modelo de Pickman" o "Aire frío". La segunda, que venía desarrollando desde la adolescencia, fueron los relatos que seguían el modelo de su autor más admirado, el irlandés lord Dunsany (único de sus modelos a quien conoció personalmente, en una conferencia en 1919), situados en un universo onírico y poético: "Los gatos de Ulthar" o "Los otros dioses" son ejemplos típicos. Y por último está la vertiente que le proporcionó fama póstuma y relevancia dentro del género, los "mitos de Cthulhu", una serie de cuentos donde se muestra un universo en el cual la raza humana comparte la Tierra con seres supervivientes de épocas remotas, y con dioses o super seres prisioneros en el mar, el ártico o cavernas profundas. Estos entes son los perdedores de una inimaginable guerra cósmica, y los auténticos poseedores del planeta. Algún día serán libres, y ese día la humanidad desaparecerá. Mientras tanto sus seguidores y descendientes esperan a que se reanude la guerra. Los seres humanos, ignorantes del asunto, son un accidente sin importancia en toda esta historia del universo. Cualquier contacto, por lejano que sea, con Cthulhu o sus similares (de nombres tan impronunciables como Nyarlathotep, Shubb-Niggurath o Azathoth) acarrea indefectiblemente la destrucción inmediata o inevitable. O sea que en el mundo de los Mitos, todo es amenaza, peligro y certeza de destrucción. Los protagonistas de estos relatos viven sus vidas cotidianas y confiables, y de pronto se encuentran con que la realidad no es aquello en que viven sumergidos sino una trama oculta de dimensiones titánicas, en la que su único papel es ser arrollados y destruidos. La perfecta pesadilla terminal del adolescente que descubre la complejidad del mundo, el adolescente que Lovecraft fue toda su vida.
EL ESTILO. Repetitiva, excesivamente adjetivada, arcaizante, torpe. Eso es lo que más frecuentemente se dice acerca de la prosa de Lovecraft. Todo es verdad. Sin embargo, a pesar de sus fallas técnicas, este bicho raro de Providence creó un universo literario que ha fascinado a escritores contemporáneos y posteriores. Borges, que lo despreciaba, termina, un poco para su propia perplejidad, "perpetrando" un cuento con su estilo, "There are More Things". Ya en vida Lovecraft tenía una corte de seguidores. Este "Círculo Lovecraft", constituido entre otros por August Derleth, Donald Wandrei, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard y Frank Belknap Long, se vio por el resto de su vida asociado a su figura, algunos más a voluntad que otros. La obra de Lovecraft sobre los mitos es escasa: catorce cuentos, de los que Michel Houellebecq, gran fanático francés que le dedicó un libro de ensayo, separa ocho como los "grandes textos": "El llamado de Cthulhu", "El color que cayó del cielo", "El horror de Dunwich", "El que susurra en la oscuridad", "En las montañas de la locura", "La sombra sobre Insmouth", "Los sueños en la casa de la bruja" y "En la noche de los tiempos".
Quienes quisieron retomarlos y ampliarlos vieron sus obras, en varios casos muy superiores técnicamente al modelo, empalidecidas por el espíritu desolador y atrayente de los cuentos del maestro, quien logró una alquimia curiosa e irrepetible
Puritano, rabiosamente racista, reaccionario y casi fascista, frugal, reprimido y convencido de ser un caballero inglés del siglo XVIII, Lovecraft era sin embargo, y según testimonios unánimes de quienes lo conocieron, una persona encantadora. Su puritanismo era personal, y nunca censuró a quienes lo rodeaban (incluyendo alcohólicos, homosexuales y bon vivants). Su racismo era curiosamente epistolar, y aunque virulento hasta la caricatura no hay ningún testimonio de que lo haya expresado en persona, y menos contra una persona en concreto. Cuando se casó lo hizo con una judía, sin sentir el menor rechazo. Salvado por el testimonio de quienes lo conocieron, su xenofobia debe tomarse como rechazo y miedo a lo desconocido, a lo diferente. Cada vez que Lovecraft tomó contacto con algo de eso que decía odiar y despreciar, y para lo que rogaba la aniquilación, lo asimiló sin problemas. En sus cartas era un racista detestable, en persona era un amable retraído que disfrutaba enormemente de la compañía de gente afín, sin que le importara su procedencia. No es que fuera paradójico o contradictorio, era inseguro y equivocado. Era un hombre complejo y perdido, que sobre el final de su vida, lentamente, iba abandonando su coraza y aceptando el mundo. Llegó a convertirse en votante de Roosevelt en 1936.
Su final fue cruel y prematuro. En 1936 comenzó a sufrir dolorosos trastornos intestinales. Un tipo como él preferiría morirse antes que someterse a la indignidad de un examen rectal, y eso fue lo que pasó. Para cuando se le diagnosticó (por observación externa) cáncer de colon, ya era tarde para cualquier tratamiento. Falleció el 15 de marzo de 1937, y a su funeral asistieron 4 personas. Su tumba no tiene lápida, pero sobre ella hay una columna que dice "Yo soy Providence".
LETRA Y PERSONA. No es justo dejar así a HPL. Es probable que él prefiriera una recargada y sombría descripción de su tumba, de las noches oscuras sin luna y de las sombras que se arrastran tras su (inexistente) lápida. Pero su obra produjo placer y estimuló la imaginación de muchas personas a lo largo de décadas. Vale la pena recordar que a Howard le gustaban los helados con locura (una vez lo llevaron a una heladería que tenía sesenta sabores distintos, y no hubo manera de sacarlo hasta que los probó todos). Era adicto al café, que tomaba con tanta azúcar que "el menjunje casi podía moverse sólo". Era un viajero tenaz, que adoraba hacer excursiones cada verano con el dinero trabajosamente ahorrado en invierno. Visitaba amigos (los tenía incontables) en cada ciudad a la que iba, viajaba en los medios de transporte más baratos, amaba la ciudad de Quebec y sobre el final de su vida se arriesgó a viajar a Florida, en donde la familia de un admirador de 16 años lo adoptó, lo hizo volver varias veces y le enseñó los placeres de tomar sol, salir en mangas de camisa (nunca se lo vio antes sin su saco) y recolectar naranjas. Era sociable, tolerante (en persona) y escribió más de 100.000 cartas a sus cientos de corresponsales. Una vez viajó en avión, otra en barco, y disfrutó enormemente ambas experiencias. Era una persona encantadora y curiosa, con una vida triste. Cada lector que alguna vez encontró placer en una de sus páginas debe sinceramente desear que en cualquiera de estas actividades mencionadas, alguna vez y profundamente, haya sentido felicidad.
Un libro casi existente
LA CREACIÓN MÁS célebre de Lovecraft no es ningún monstruo arquetípico venido de una estrella lejana, sino un libro. Su mitología se basa en una serie de libros imaginarios (y algún grimorio medieval real), que contienen las claves de su panteón. El principal es el Necronomicón, obra del "árabe loco Abdul Alhazred". Esta obra maldita fue objeto de varias prohibiciones a lo largo de la historia. Lovecraft reseña cuidadosamente todas sus ediciones y traducciones, desde el año 950. Una docena de ejemplares circulan por el mundo (de los Mitos). Uno de ellos está en la imaginaria ciudad de Arkham, otro en París, otro en Harvard, otro en Buenos Aires (sí, en la biblioteca donde trabajó Borges) y otros en manos de coleccionistas privados de dudosos intereses. Quien consulta el Necronomicón termina bastante mal. Hubo gente convencida de la existencia del libro, y en varias bibliotecas aparecieron completas y plausibles fichas bibliográficas del Necronomicón.
En librerías
LOS LECTORES EN castellano contaron tempranamente con una excelente selección y traducción de los cuentos de Lovecraft : El color que cayó del cielo, realizada por Francisco Porrúa (con seudómino) para su sello Minotauro. Las ediciones posteriores son abundantes. En Alianza Bolsillo figuran casi todos sus títulos, más su ensayo sobre el terror sobrenatural. Losada de Buenos Aires inició unas Obras Completas de las que apareció un solo tomo. La económica serie Lectores de Banda incluyó dos títulos: En las montañas alucinantes (conocida en otras ediciones como En las montañas de la locura) y, nuevamente, El color que cayó del cielo. La editorial Nordan-Comunidad ha difundido varios tomos de "Obras", en cuidadas ediciones. Actualmente circulan numerosos volúmenes pequeños que integran sus "Obras completas", muy fraccionadas, en el sello EDAF. Una curiosidad es El libro de Lovecraft de Richard A. Lupoff, en Valdemar, que no es un estudio sino una novela con interesantes fotos de época. Por último Sprague de Camp escribió Lovecraft. Una biografía, despareja pero con datos abundantes, también en Valdemar.