GUILLERMO BALTAR
HACE MÁS DE DOS décadas que Roberto Musso -junto a sus compañeros de El Cuarteto de Nos- viene construyendo parte de la identidad sonora del Uruguay. Compositor de extremos y circunstancias, raro entre los raros, Musso ha sabido captar -y tensionar- el hilo conductor entre diferentes generaciones. El álbum Raro, última grabación del grupo, plasma su síntesis compositiva. Es un elaborado trabajo donde algunas paranoias del Uruguay salen a flote, pero logrando un decir cosmopolita y contemporáneo con proyección internacional. En la edición de los premios Graffiti, la obra del Cuarteto se vio coronada con siete premios, incluyendo el de mejor disco, y el reconocimiento de Roberto Musso como compositor del año. Raro obtuvo una nominación a los premios Grammy 2007.
NO PASAR INADVERTIDOS.
-Visto a la distancia, han sido "raros" los caminos, los territorios por los que ha transitado el Cuarteto de Nos.
-Lo han sido. Por lo menos los caminos que hemos recorrido artísticamente con el grupo. No sé si por opción o porque nos tocó así. Cuando comenzamos a tocar, recién estábamos saliendo de la dictadura. Nuestra generación creció haciendo el liceo bajo la dictadura, la facultad en dictadura e irrumpimos un poco de entrecasa. En el inicio, cuando comenzamos a presentarnos, más allá de familiares y amigos, el público que tuvimos fue el universitario. El de Ingeniería por mi parte y el de Arquitectura por Santiago (Tavella) y Riki (Musso), que era lo que estábamos estudiando por aquella época; éramos como locatarios en esos territorios. Después comenzamos a tocar en festivales de Canto Popular y comenzamos a incluir indumentarias, escenificaciones de algunas canciones. Nunca pensamos que nos iban a conocer masivamente. Sólo pretendíamos no pasar desapercibidos cuando tocáramos. Después se fueron dando cambios con el público que nunca hubiéramos imaginado. En los primeros años del Cuarteto, nunca pensamos que algún día, por ejemplo, una canción nuestra iba a ser difundida en una discoteca para bailar. Eso sucede a partir del 93. Menos pensábamos aún en el hecho de trascender de generación en generación. Todo fue dándose paulatinamente y, a la vez, de forma tan contraria a la imagen que podemos dar. Nosotros somos cuatro personas muy cautas, nunca tuvimos -ni de adolescentes ni cuando nos conocimos- ideales de lo que queríamos con nuestra banda de rock, más allá de tocar, porque era lo que realmente nos encantaba. Nunca dijimos: "A los 40, a los 45 vamos a estar todavía rockeando". Siempre nuestros proyectos fueron a cortito plazo, hacer un disco, hacer un recital, hacer un ciclo de shows. Siempre hemos sido coherentes con nuestras ideas y creo que eso es algo que hemos conservado.
-En los 80 el entorno te condicionaba a desarrollar un discurso inteligente, pero es difícil mantenerlo. Pocos grupos lo han hecho como ustedes.
-A veces uno piensa que el tiempo te puede jugar a favor o en contra, depende de cómo lo mires. En el caso de la permanencia de las canciones en sí o el de poder interpretar su discurso, a nosotros nos ha jugado a favor, tal como ocurrió con las canciones que integraron el disco Otra Navidad en las trincheras. Capaz que en esa época mucha gente interpretaba que sus textos no eran muy inteligentes, que eran más bien como un chiste que se agotaría rápidamente en sí mismo, que pasaba la moda y chau. Sin embargo el tiempo demostró que no, que una persona diez años después puede escuchar esas canciones desde cero e interpretarlas y reconocer su vigencia a pesar de integrar el discurso del Cuarteto de esa época. Ahora, creo que en Raro están las canciones más inteligentes que he escrito. Canciones retorcidas, largas, fuera del formato pop normal. Me sorprendí al ver que a muchísimo público le impactaron muy rápidamente. Por eso nunca he subestimado la inteligencia del público, ni del actual ni del pasado.
-Siempre aludieron a determinados aspectos de la idiosincrasia nacional. Basta nombrar la canción "El día que Artigas se emborrachó" o la parodia sobre el poema de Zorrilla, "Tabaré, that`s right". ¿Te considerás en ese aspecto un compositor problemático?
-A partir del humor también podés generar o transformar una letra en algo mucho más revulsivo. Se puede llegar a ser corrosivo y a decir muchas más verdades de este modo que a través de canciones más "serias" desde un punto de vista formal. Creo que nuestras canciones son serias por más dosis de humor que tengan. Están hechas con seriedad y creo que esa es la diferencia con otras que son estrictamente realizadas para jóvenes. Desde ese punto de vista pienso que algunas canciones nuestras quizás han logrado socavar el establishment. Por ejemplo, en esas canciones que mencionás. La canción sobre "Tabaré", si bien no pasó a mayores, fue una de las primeras que generaron polémicas sobre nuestro entorno y nuestra obra. Nos decían que cómo íbamos a cantar y a tratar así el poema de Zorrilla de San Martín, esas cosas que tenían que ver con un orgullo desmedido sobre la cultura nacional. Con la de Artigas pasó más por el lado del poder político. Fue como una avalancha, una bola de nieve terrible que iba creciendo y que uno hoy lo ve como algo tragicómico. Así lo veía entonces y lo continúo viendo ahora con el paso del tiempo. Hace diez años de eso y la canción sigue siendo una de las que más nos piden cuando vamos a tocar. O sea que no era simplemente una canción que había estado envuelta en una polémica sobre el patriotismo y el cuidado de la figura del prócer.
-Afortunadamente ha habido una desacralización de determinados mitos.
-No lo sé. La polémica generada en torno a "El día que Artigas se emborrachó", fue algo que amplificaron los políticos de aquella época. Era el gobierno de Sanguinetti. No creo que hubiese pasado lo mismo ahora, al menos quiero pensarlo. No podés hacer comparaciones en el tiempo. Igualmente, eso de desmitificar figuras ha estado en muchas de mis letras y en las del Cuarteto. Siempre hemos sido críticos con el patriotismo exacerbado y creo que con la canción de Artigas eso quedó marcado, sobre todo cuando el público que no te conocía y que ni siquiera había escuchado un disco tuyo, opinaba y decía: "Mirá, éstos se metieron con Artigas".
CANCIONES CON VIDA PROPIA.
-Aparte de los aportes de Tavella y de Riki, ¿te identificás como "el" compositor del Cuarteto?
-No. A veces me siento como que soy el responsable de los hits del Cuarteto, eso lo sabemos. Pero me encanta y pretendo que con el grupo seamos un gran monstruo de cuatro cabezas. Que haya canciones de tres compositores también contribuye a que el público sea tan heterogéneo. Que estén las cabezas de Riki y de Santiago como compositores, con tipos de canciones que yo nunca haría, me parece que contribuye a que nuestro repertorio sea muy fresco en sí, así como también los aportes de Alvin, por ejemplo.
-El Musso compositor, ¿cree haber llegado a cerrar un círculo que venía construyendo desde "Soy una arveja"?
-Raro fue uno de los pocos discos algo premeditados. Antes de ponerme a componer pensé mucho hacia dónde quería ir. En discos anteriores fuimos muy anárquicos: si teníamos treinta canciones, grabábamos las treinta. En este disco, en particular, pasaron varias cosas. Una era que sabíamos que el repertorio de grandes éxitos del Cuarteto nos iba a acompañar hasta que dejáramos de tocar. Por eso lo de premeditado: no quería repetir fórmulas, no quería hacer "Sólo un rumor/ Versión dos". Esas canciones las íbamos a seguir tocando, así que el objetivo era continuar con la esencia de lo que es Roberto compositor y lo que es el Cuarteto, pero encarnando personajes desde otra óptica, haciendo un tipo de canciones desde otro ángulo. Cuando salieron algunas, como "Ya no sé qué hacer conmigo", "Yendo a la casa de Damián" o "Invierno del 92", que fueron el esqueleto de lo que es Raro, tenía mis serias dudas de lo que podría pasar. Para mí eran canciones raras y de ahí salió el nombre del disco, porque se salían de ese formato habitual de canción típica del Cuarteto. Tenían humor pero tampoco el humor era tan bizarro, con personajes volados a los que les pasan cosas imposibles, sino que presentaban personajes más terrenales, improbables pero a la vez posibles. A veces, cuando escribís una canción, tenés una cierta percepción de lo que puede pasar con ella, pero no sabés con total certeza si lo que estás diciendo va a llegar a buen puerto. Si quien la escucha va a poder decodificarla a partir de algunas de las tramas que uno cree que ha pautado para que la canción sea descifrada. Pero hasta que la canción deja de ser de uno y comienza a ser de la gente no sabés qué puede pasar con ella. Pensaba que eran buenas canciones pero no tenía la menor idea de qué podría opinar la crítica y el público al respecto. Fue un riesgo porque se salía de lo tradicional, que ya sabíamos que podía funcionar como fórmula. Sí, admito que veo a Raro mucho más cercano al espíritu de "Soy una arveja" que al de Otra Navidad en las trincheras, por ejemplo. En ese aspecto, creo que éste ha sido un disco mucho menos predecible.
-Hay un dejo muy "hip-hopero" que se emparenta con la influencia de Fernando Cabrera en su decir casi hablado, casi rapero de la canción.
-Como quería describir personajes desde un punto de vista distinto a los tradicionales de la banda, me pasó que precisaba canciones que tuvieran mucha palabra, mucha letra, y no hay forma que salga mucha letra si no lo hacés dentro de un rap o un hip-hop, porque una melodía más convencional se va del concepto. Por un lado creo que son las canciones que en el fondo me quedan mejor, las canciones en las que tengo posibilidades de decir mucha cosa y de mandar muchísima información y jugar con las palabras. Necesitaba de ese espacio para jugar. Por eso estas canciones han logrado ese formato mágico. Escuché mucho a Eminem, porque no me llega ese otro tipo de hip-hop más denso que existe. Me gusta el que se mezcla en un estribillo pop, esa cosa de escupir ideas y palabras. Fernando Cabrera es alguien a quien admiro muchísimo, un referente ineludible en la música uruguaya, que tiene un decir interpretativo muy especial. Es alguien a quien a veces, cuando escucho, me hace pensar: "¿Por qué esto no se me ocurrió a mí?".
-¿Creés que el público presta realmente atención al contenido de las canciones, que bucea por la profundidad de las letras del Cuarteto?
-Creo que hay de todo. A veces no sabés por qué tal canción tuvo tal impacto en la gente, y entre gente tan distinta. Sobre "Yendo a la casa de Damián" he tenido comentarios de personas de distintos estratos sociales y niveles de educación y a todos les llegó de manera diferente. Siempre digo que cada uno, según su forma de ser, interpretó a Damián como ese lugar al "que no pueden llegar". Creo que ese es el secreto de esa canción, el de presentarse como una madeja de muchísimas puntas, que cada uno puede escenificar o identificar, independientemente de cómo la decodifique. Pero creo que resume el camino que recorre uno en la vida misma yendo hacia un objetivo muy concreto, el destino que te pone sus piedras, uno que se distrae… No soy un compositor que escribe una canción en un alud, en una noche, y cree que ya está hecha. Yo las dejo madurar, que la canción me seduzca y me convenza de que está bien, hasta estar seguro de que la gente la podrá interpretar de maneras diferentes.
SEMBRAR AMBIGUEDAD.
-"Pueblo podrido" es una crónica exacta de Montevideo.
-Tiene dos lecturas. "Pueblo podrido" es, obviamente, Montevideo. Pero para cualquier chiquilín que vive en el interior es el pueblo en el que vive y para mucha gente es su pueblo o la ciudad en donde vive. Me gusta sobre todo esa ambigüedad que tiene, esa estrofa de "así quiero estar", los propios infiernos y los ajenos… Mucha gente nos dice que ven las canciones del Cuarteto como relatos de perdedores con luz de esperanza en el fondo. La gente se identifica con ellas. Las canciones son de gente perdedora, no del típico ganador al que le va todo bien en la vida. Somos "optimistamente" pesimistas.
-Eres parte de este "Pueblo podrido".
-Totalmente.
-Y así querés estar.
-Hay partecitas mías que están desparramadas por todas las canciones y en "Pueblo podrido" existe esa ambigüedad que me gusta dejar planteada. Eso de querer decir: "esto es un pueblo de mierda". Y que te puedan retrucar: "bueno, ¿por qué no te vas?". Ésa es la ambigüedad, y el "así quiero estar" para mí tenía muchísimo que ver con ese personaje que sabe que le van a preguntar por qué no se va.
-¿Te han preguntado sobre tus lecturas?
-Pocas veces lo han hecho. Generalmente me preguntan sobre mis influencias musicales y yo creo que, en realidad, sobre todo para alguien que compone letras, las influencias musicales son tan importantes como lo que leés, lo que ves en el cine, en el teatro o en la televisión. Todo te influye a la hora de componer. En la literatura un autor que me encanta es Bukowski. Lo leí de adolescente y me gustó, lo redescubrí después de los treinta y hoy tengo su obra completa. No es que me sienta identificado con él, pero sí con su tipo de humor, cómo lo maneja en algunas situaciones críticas que describe, sarcástico, corrosivo. Su narrativa está plagada de perdedores… García Márquez es otro autor que me gusta, o Cortázar, a quien he leído muchísimo, y también John Kennedy Toole, el autor de La Biblia de neón y La conjura de los necios. Otro que me parece interesantísimo es Raymond Carver. Me gusta leer cuando estoy de vacaciones.
-¿Como ves el tema de la adicción a la pasta base entre los jóvenes?
-Complicado. Además, ahora que estás en una edad en la que podés tener hijos adolescentes, lo ves un poco como cuando tus padres te decían: "la juventud está perdida". A veces pienso en referencia a eso y no sé si es que uno se vuelve más veterano y ve las cosas desde otra óptica, o si realmente está todo barranca abajo con la gente joven. Quiero pensar que no todo es tan trágico como se pinta en algunos aspectos, aunque sí hay situaciones preocupantes. Nosotros vivimos bajo una dictadura, los jóvenes hoy viven bajo el desempleo. Por otro lado pienso que han cambiado pila muchísimas cosas. Como dice un amigo mío: "prefería el siglo XX". Pero la droga siempre estuvo y nunca sabés hasta qué punto es que se le da demasiada trascendencia, hasta qué punto eso puede desviar la atención de otros temas.
CUARTETO PUNK.
-¿Qué recordás del primer éxito con "Andamio Pijuán"?
-"Andamio Pijuán" fue la primera canción propia que escuché en la radio. Fue el primer éxito del Cuarteto, el hit de esa época. Recuerdo que estaba en casa y cuando lo escuché pensé: "eso me suena". La hice en mi cuarto, pensaba describir a ese personaje que por algún trauma de chico, por alguna cosa que le pasó, permanece marcado toda la vida y que después no se le ha dado la oportunidad de cambiar. El público lo entendió y también le gustó mucho a los punkies de aquella época. Ese personaje oscuro que es "Andamio Pijuán"… Para mí el Cuarteto siempre tuvo una estética, el Cuarteto es un grupo punk y no hay vuelta. No nos vestiremos de negro y esas cosas, pero es el planchazo dado bien arriba. A lo largo de mi vida artística -que no puedo separar de mi vida personal, ya que el Cuarteto es una especie de brochette que nos une a los cuatro- me he sentido siempre respetado por gente que te dice que no está ni ahí con nuestro estilo, pero que reconocen el valor de las canciones y se pueden identificar con ellas. "Andamio…" fue la primera de nuestras canciones que supo captar la atención de públicos muy diferentes.
-Tras haber puesto el listón muy alto, ¿estás nuevamente componiendo?
-Estoy ahí. Tras el éxito de Raro llega un momento en que te preguntás: "¿qué hago después?". Ahora trato en lo posible de descontaminarme de lo que fue el disco. Hemos estado en España y en México, nos enfrascamos en giras y no me meto mucho a componer. Estoy con algunas ideas y estoy viendo adónde me llevan. Sé que van a estar más ligadas a Raro que a otras cosas anteriores del Cuarteto. Me gustó la idea de seguir profundizando en el lenguaje, con las rimas y los textos sobre personajes, con mucha información, obsesivas… Van a ser canciones de ese estilo, por lo que veo. Además, para el exterior va a ser el segundo disco del grupo, para el exterior somos Raro. No somos el grupo de veintipico de años y diez discos. Hay mucha carga en todo esto, pero yo funciono a presión. Somos de una generación que no estaba "permitida" para el éxito.