Soledad Platero
ANTES DE QUE los ojos azorados del mundo hubieran asistido a los crímenes del nazismo, antes de que se conociera la inconcebible cifra de muertos entre 1939 y 1945, y antes, sobre todo, de que esas muertes y esos atropellos fueran comunicables mediante imágenes instantáneas, hubo otra guerra en territorio europeo. Y fue una guerra tan traumática, tan dolorosa -la civilizada Europa ya no esperaba ese salvajismo en su propia casa- que fue conocida como la Gran Guerra. (Hoy se la denomina como Primera Guerra Mundial, pero eso se debe únicamente a que la humanidad superó en cifras lo que parecía insuperable: alrededor de 10 millones de personas murieron entre 1914 y 1918 por causa de la Gran Guerra, mientras que la Segunda Guerra acabaría con más de 60 millones.)
Cuando estalló el conflicto, Europa estaba celebrando su gran fiesta civilizatoria, y casi todos los frentes militares estaban lejos, en los confines imperiales que se ubicaban a lo largo y ancho del planeta, en regiones con nombres raros y costumbres salvajes. Es comprensible que volver a ver diezmados los campos de Flandes, vacías las despensas de Londres y enlutados los hogares de toda Europa haya sido un trauma que modificaría para siempre el modo de ver las cosas en Occidente. Las vanguardias artísticas y culturales que habían explotado con el siglo darían lugar, a partir de la intolerable realidad de la guerra, a formas de expresión que romperían definitivamente la creencia en las posibilidades de la representación y en la autoridad de las verdades compartidas.
Pero mientras duró la Gran Guerra hubo muchos tratando de dar cuenta de los hechos, en un lenguaje que todavía se quería próximo a la verdad. Algunos de esos esfuerzos son recogidos en este libro por Juan Gabriel López Guix, traductor y profesor de traducción en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Los textos elegidos por López Guix pertenecen a lo que se conoce como "dominio inglés", es decir que son relatos en lengua inglesa procedentes de diversos lugares de lo que era, en tiempos de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Británico. Pero no todos estos textos tienen al conflicto armado como asunto principal. Hay varios en los que la guerra es un dato tangencial que sirve de marco o referencia para hablar de otras cosas (la situación de la mujer, el estatuto incierto de los súbditos británicos de origen extranjero, la homosexualidad, el adulterio, la simple y ramplona condición humana) o para disparar esa puñalada de humor siniestro que es característica de los autores ingleses.
Es difícil señalar cuáles, de entre estos veinte relatos magistrales, son más representativos del golpe mortal que fue, para Europa, la Gran Guerra. No hay uno solo que no sea, a su modo, perfecto. Algunos de los autores -como Conrad, Saki, Mansfield o Kipling- han llegado a nuestros días sin que nada de su prestigio se haya desvanecido. Vale la pena leer estos cuentos para recuperar, más que los nombres propios que se han ido borrando, las páginas exactas, brillantes, inteligentísimas de la literatura europea en uno de sus más gloriosos momentos.
CUENTOS DE LA GRAN GUERRA, Juan Gabriel López Guix (ed.), Alpha Decay, 2008. Barcelona, 439 págs. Distribuye Aletea. Incluye textos de Arthur Machen, Rudyard Kipling, Vernon Lee, Ellen Newbold La Motte, Saki, Wyndham Lewis, A. Conan Doyle, Joseph Conrad, Lord Dunsany, Edith Wharton, Herbert Read, Swarna Kumari Devi, D. H. Lawrence, Mary Butts, Katherine Mansfield, William Somerset Maugham, Mary Borden, James Hanley, Richard Aldington y Radclyffe Hall.