Critchley sobre el músico legendario

David Bowie o la búsqueda de sentido en el mundo

Critchley entendió que no podía escribir una biografía clásica, porque Bowie es inmortal.

David Bowie
David Bowie

Pocos días después de la muerte de David Bowie (10 de enero de 2016), Simon Critchley emprendió el libro Bowie (Sexto Piso, 2016, distribuye Escaramuza): “David Bowie ha sido mi banda sonora: mi compañero constante, clandestino. En los buenos tiempos y en los malos. Míos y suyos”. Y el resultado es memorable. A Bowie le correspondió ser el gran negador, el ‘doctor no’ del baby boom. Tras su desaparición, la sensación que se respira traduce que estamos ante un inmortal que muestra el mundo con mayor fidelidad que la colección de lugares comunes y de mentiras repetidas como verdad que heredamos.

Critchley comienza señalando: “La identidad es un asunto muy frágil. En el mejor de los casos, se trata de una secuencia de anomalías pasajeras, más que de una gran unidad narrativa. Como dejó sentado David Hume hace mucho tiempo, nuestra vida interior se compone de haces inconexos de percepciones, tirados por ahí como ropa sucia en los cuartos de la memoria”, de manera que “por medio de la impostura, y a causa de ella, sentimos una verdad que nos guía más allá de nosotros mismos, que nos lleva a imaginar otra forma de ser”. Pues, en medio de esa confusión, precisa Critchley que la genialidad de Bowie “consistía en convertirse en otra persona lo que durase la canción, y algunas veces a lo largo de todo un álbum o incluso de toda una gira. Bowie era un ventrílocuo”. Y añade: “por frágiles y espurias que sean nuestras identidades, [Bowie] nos dejaba (y sigue dejándonos) creer que podemos reinventarnos. De hecho, podemos hacerlo porque nuestras identidades son así de frágiles y espurias. Bowie, que, según parece, se reinventó a sí mismo sin límites, también nos hizo creer que nuestra propia capacidad para el cambio era ilimitada”.

Por otra parte, “se supone que las estrellas del pop, como el espantoso Bono, tienen que convertirse en versiones descafeinadas de Salman Rushdie y soltar tópicos liberales sobre el estado del mundo y lo que podemos hacer para remediarlo. Pero Bowie, aquí, desmonta esa complacencia liberal exponiéndola a una crítica sencilla y visceral. Las alfombras baratas con las que decoramos nuestros hogares las hace gente que vive en cabañas de mierda de camello. En lugar de entretenernos con fraudulentos programas políticos, Bowie afirma sencillamente que ‘no es ningún juego’. Esta mierda es algo serio”. En otras palabras: “La base, la constante, el fundamento de las obras más importantes de Bowie es que el mundo está jodido, agotado, viejo y acabado”.

Por eso mismo, señala Critchley, “La lucha por la realidad que es como Bowie describe toda su carrera artística, se revela un fracaso. No existe realidad fundamental con la que podamos dotar de sentido al mundo. Cuanto más luchamos, más nos acercamos a la nada. El sentido se disuelve en el sinsentido”. Esto explica que “la palabra nada aparece recurrentemente en sus letras y en los afectos que esas letras buscan señalar. Por ejemplo, en Heroes, Bowie canta: ‘no somos nada y nada puede ayudarnos’. En el núcleo de la música de Bowie encontramos la exaltación en torno a una experiencia de la nada y la tentativa de aferrarse a ella. Eso no significa que Bowie sea un nihilista. Au contraire. (…) ¿Dónde estamos ahora? He hablado ya de la disciplina extraordinaria de Bowie como artista. Es un creador de ilusiones que sabe que lo son. Aprendimos a seguirlo de una a otra, y al hacerlo, crecimos. Detrás de la ilusión no hay una realidad escurridiza, sino nada. Aun así, esa nada no es nada, por así decirlo. No es vacío, ni descanso, ni cese de movimiento. Es una nada tremendamente agitada, moldeada por nuestro miedo, sobre todo por nuestro timor mortis, nuestra terrible enfermedad hasta la muerte”. Bowie mismo lo dijo en la canción “I can’t give everything away”: “ver más y sentir menos/ decir no y querer decir sí/ ésta ha sido toda mi intención/ ése es el mensaje que envié”.

(reseñas tomadas de Gozar Leyendo)

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