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Confesiones sobre películas y decisiones cinematográficas, con una franqueza que es gesto provocador

Recopilación de diez conferencias y clases de Lucrecia Martel

LUCRECIA MARTEL
Lucrecia Martel
(Féliz Ingaruca Abad/ GDA/El Comercio/Perú)

Un destino común, de Lucrecia Martel
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Porque recopila con una buena edición y selección, ideas vertidas por la directora de cine en conferencias u otros ámbitos, donde relata las circunstancias su trabajo de realizadora, su manera de pensar, actuar y relacionarse en las diferentes etapas de producción y creación. “Me gusta conversar con la gente” afirma Martel. “Las películas no son nada si no hay una conversación después (...) permite hablar con gente que jamás hubiéramos podido conocer”. El libro, organizado en tres secciones, incluye intercambios con el cineasta y escritor argentino César González, con la realizadora española Carla Simón y con la periodista Leila Guerriero. (Caja Negra)

Lucrecia Martel tapa.jpg

Va un extracto de Un destino común:
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Con el Nuevo Cine Argentino cambiaron algunas cosas. El Nuevo Cine Argentino en realidad era un montón de gente nueva que entró a la industria después de un período en el que la cultura estaba muy aplastada después de la dictadura. Uno de los grandes escollos que tuvimos que atravesar fue cómo manejar el habla en el cine, cómo manejar a los actores. En definitiva, el problema cuando uno trata de enfrentarse a los actores tiene mucho que ver con el lenguaje, con poder controlar los tonos y el ritmo de lo que se dice. Y lo que hicimos nosotros –directores ignorantes y nobles– fue, en la mayoría de los casos, trabajar con actores y no actores que no tuviesen un entrenamiento demasiado fuerte para poder recuperar cierta naturalidad en la forma de expresarse. Nosotros no teníamos armas para corregir eso, entonces necesitábamos gente que de por sí pudiese decir las cosas con naturalidad. Esto es parte del fenómeno de la gran cantidad de cine que se hizo con actores no profesionales: buscábamos personas a las que no había que explicarles cómo decir las cosas porque no teníamos experiencia para eso. Teníamos la necesidad de escuchar eso, pero no sabíamos cómo hacerlo. Además de la incorporación de no actores, implicó la llegada al cine de un montón de registros que no eran el habla de la clase media de Buenos Aires. Aparecieron los suburbios en las películas de Adrián Caetano, en las de Pablo Trapero, las formas particulares del habla de Palermo con Martín Rejtman, y en mi caso los rodajes en el interior, mezclando actores de Buenos Aires y de Salta.
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(tomado del primer capítulo, “Una pileta de natación vacía”, por Lucrecia Martel)

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