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Componer música en la Unión Soviética bajo el dominio de Stalin no era una tarea sencilla

El arte debía servir al Estado, pero grandes genios esquivaron el laberinto totalitario y compusieron melodías que hoy son universales

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Michel Krielaars
(foto Annaleen Louwes)

Al son de la utopía, de Michel Krielaars
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Porque narra la difícil vida creativa de grandes nombres de la música bajo Stalin, tal el caso de Dmitri Shostakóvich, Serguéi Prokófiev, Mstislav Rostropovich y Mariya Yudina, entre otros. Siempre vigilados, sus creaciones a veces prohibidas, e incluso enviados a prisión en Siberia o ejecutados, sufrieron más que aquellos creadores de música ligera como Klavdia Schulzhenko, famosa por sus canciones de amor que tanto gustaban a Stalin, aunque también siempre estuvo vigilada. El libro es un fiel retrato de lo que significa vivir y trabajar en un clima de arbitrariedad, delación, crimen y terror, y aun así lograr crear melodías sublimes que han trascendido al tiempo, siendo hoy joyas de la Humanidad. (Galaxia Gutenberg)

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