Ángeles Blanco
FUE LA FIGURA central del XXII Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, organizado por Cinemateca Uruguaya. Recientemente premiado en los Festivales de Berlín y Mar del Plata, y homenajeado como Visitante Ilustre de la Ciudad de Montevideo, "Pino" Solanas sigue siendo, a sus 68 años de edad, el mismo espíritu crítico y comprometido de La hora de los hornos o su más poética Tangos, el exilio de Gardel. En un alto de su agitada estadía en esta ciudad, Solanas habló de su carrera, de la realidad argentina, y de su última película, Memoria del saqueo.
—¿Cómo se siente nuevamente en Montevideo, y luego del reconocimiento en la inauguración del Festival?
—Bueno, es algo muy emocionante. Tengo un especial cariño por Montevideo, una ciudad con tantos amigos y talentos, con tanta tradición democrática. En este país, la mayoría de los ciudadanos se pronunció contra las privatizaciones en un referéndum ejemplar. A nosotros no nos dieron esa posibilidad. Tampoco sé que hubiera pasado, porque hicieron que las empresas maltrataran por un par de años a los usuarios, y terminaran detestando a las empresas públicas. En definitiva la de anoche fue una noche única, inolvidable.
—¿Cómo presentaría Memoria del Saqueo?
—La película se gestó en los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Yo acababa de llegar de Europa, y a la semana siguiente se produjo ese estado de ebullición, de indignación popular. Anduve mucho con mis hijos, y no entendían nada. Me di cuenta, entonces, de la necesidad de una crónica que explicara cómo un país rico como la Argentina había terminado en semejante hecatombe. La película tiene algunos méritos: se mete en la trama oscura de la corrupción. Es algo muy nuestro decir "esa organización sistémica" para vaciar el Estado, donde participan banqueros y hasta organismos internacionales. Eso es la mafiocracia, porque las instituciones que debieron impedir o controlar no lo hicieron. El otro gran tema es que los planes de ajuste del FMI, y las traiciones de la clase dirigente argentina, terminaron en un genocidio social. En Argentina existen más de cien muertos diarios por falta de atención médica, u otro factor. La película abre conciencias y en los países de América Latina es un lindo espejo para mirar lo que no hay que hacer. Por supuesto que una película sola no puede dar respuestas a semejante tema. Yo intenté referirme a diez temas esenciales: la deuda externa; la crónica de la traición entendida como práctica y metodología de la acción política; la degradación republicana, esto es, la manipulación de la Justicia y el Parlamento para llevar adelante el modelo; el modelo económico con su famosa convertibilidad; las privatizaciones; el remate del petróleo; corporativismo y mafiocracia; la mafiocracia propiamente dicha; el genocidio social, y por último, el principio del fin. Es decir que estamos frente a una película concebida como ensayo cinematográfico, igual que La hora de los hornos. No se trata solamente del testimonio y el comentario, sino de hacer un cine de reflexión, y muy elaborado, porque tanto La hora de los hornos como esta película, tienen mucha elaboración cinematográfica, mucho montaje. Memoria... es, en definitiva, un hecho contundente sobre los efectos de la globalización y el modelo neoliberal.
UN BUEN ANTÍDOTO
—¿Cómo se gestó el trabajo de investigación?
—Fue un trabajo muy grande, realizado junto a una gran escritora, profesora y pensadora argentina, Alcira Argumedo. Hay treinta minutos de material de archivo, y una hora y media filmada por nosotros. La mitad la filmé yo, y la otra mitad con el equipo. Se hizo una sólida investigación histórica, entrevistamos a unos cincuenta entendidos. No todos aparecen en la película, porque no entraban. Una entrevista con cualquier experto, o un testimonio, te lleva media hora, o una hora de grabación, pero la película no te aguanta más de dos minutos, o dos minutos y medio..., es un trabajo difícil. La película es la que manda. Y también porque la asimilación tiene un tiempo. Memoria... termina en diciembre de 2001. Ya he hecho la investigación y comencé a filmar una segunda película que la complementa. No es la continuidad, sino el complemento. Sur no es la segunda parte de El Exilio de Gardel, pero son complementarias. El Exilio de Gardel habla del exilio exterior, y Sur del exilio interior en la misma época. Las dos tienen música de Piazzolla, las dos son películas donde el tango juega mucho. Esta segunda película, que terminaré este año, se llama Argentina latente, y habla de las víctimas de los planes de ajuste, pero desde las resistencias populares. Son los referentes sociales, hombres y mujeres en los barrios, en las fábricas o en los territorios, que se organizaron para hacer frente a la desocupación, o a la falta de alimento o trabajo. Abarca desde el gobierno de Duhalde, hasta Kirchner.
—¿En qué medida cree que Memoria del saqueo puede ser un instrumento de concientización, teniendo en cuenta que mucha gente no puede pagar una entrada, o que mucha otra gente, a la hora de elegir, opta por un entretenimiento fácil?
—Uno no lo puede hacer todo. Esta película es como un libro de historia. ¿Por qué no escribí un libro, sino que hice una película? Porque es mucho más fuerte oírle decir a Dromi "todo lo que debe ser del Estado no quedará en manos del Estado", que leerlo. Es el poder de la imagen. La mirada de Manzano..., lo que ves en la película, no te lo olvidás más. Por supuesto que una película no reemplaza la profundidad de un libro. Son complementarios. Tampoco una película o un libro cambian la realidad, pero contribuyen a cambiarla. ¿A cuántos puede llegar una película? Depende de las circunstancias y el trabajo que se hace con ese material, porque solas las películas no se exhiben, hay que exhibirlas. Todas las películas cumplen un ciclo, se estrenan comercialmente y después van llegando a los barrios y terminan en cassette, en DVD, etc. Así que a todos llega. Por supuesto que el cine es un hecho industrial: el que distribuye o compra una película, lo primero que debe asegurarse es pagar los gastos de compra. Ni en la televisión ni en el cine se ofrecen respuestas a los interrogantes que plantea la dura vida cotidiana. Este cine genera un espacio. Por supuesto, lo lindo sería que en Francia o en Italia hicieran una película semejante, porque en cada sociedad hay formas de manejo corrupto mafioso. Entonces, es un buen antídoto.
ARTE Y DENUNCIA
—¿En cuanto a su obra, qué es lo que prima, el artista o el denunciante?
—Yo soy una unidad. Eso mejor que lo opinen los críticos. No debe olvidarse que lo difícil de esta película no es escribirla, porque se han escrito investigaciones excelentes sobre la historia reciente. Lo difícil es inventar la película. Un film tiene una estética cinematográfica, una progresión dramática. Muchos otros pueden hacer investigaciones, pocos hacen películas así. Entonces, creo que lo mejor que yo hago son películas que jerarquizan el cine político histórico, no haciéndolo divertido ni aburrido, sino apasionante. La película emociona, eso es lo esencial. De pronto el crítico no habla de eso. Importante es también narrar didácticamente. Aparte de eso, que la película tenga un crecimiento dramático. Si no existiera el hecho artístico, sensible, estético de una película, no estaríamos hablando.
—¿A lo largo de su carrera, qué cosas ha cambiado y cuáles ha mantenido?
—A pesar de los reconocimientos y honores, sigo siendo el mismo, y las películas siguen siendo las mismas. Como he producido todas mis películas, he sido muy lento para trabajar. Tengo 68 años, 45 años de cine, y solamente pude hacer nueve películas, una cada cinco años. La mitad de lo que hacen otros directores. Son películas de alto riesgo, de fuerte compromiso, y sigo empezando de cero. Tengo que hacer una "vaca" enorme para poder financiar cada película. Después de tantos años de cine, tengo que seguir haciendo la infantería, uno, dos, uno, dos......
Las películas
Memoria del Saqueo (Argentina/Suiza/ Francia, 2003).
La nube (Argentina, 1998).
El viaje (Argentina/Francia, 1992).
Sur (Argentina/Francia, 1988).
Tangos, el exilio de Gardel (Argentina/ Francia, 1985).
Los hijos de Fierro (Argentina/ Alemania Federal, 1972-75).
Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (Argentina, 1971).
Perón: la revolución justicialista (Argentina, 1971).
La hora de los hornos (Argentina, 1968).