por Juan de Marsilio
.
Dice el refrán que el que avisa no es traidor. “Diego Ponce es un poeta extraño, y Ángelus, su obra prima, refleja dicha extrañeza” se afirma en la contratapa. No miente. En el prólogo, el poeta Gabriel Pereira cuenta que este libro es a la vez el segundo y el primero del autor, quien tras quemar los ejemplares de Serpientes para mi sed (2014), ha reelaborado, desechado, agregado y sustituyendo este Ángelus, que ya desde el título —nombre de la oración católica que recuerda la anunciación del ángel Gabriel a María— indica una búsqueda de algo más allá:
.
Yo sé que existeuna realidad superior
¡no desvarío!
Aunque tenga que manchar
mis pupilas con sangre
ahogado en la dolorosa belleza del caos
no cesaré hasta fundirme
en Orgía Divina.
Como bien expone Pereira en el prólogo, esta es una poesía de hondo y extraño lirismo, combinado con una intensa sensualidad, que trasciende lo erótico y hace un extraño y original manejo del color, en un proceso que en muchos aspectos tiene el aura intensa del romanticismo y en el que, como apunta el prologuista, es la poesía la que hace al poeta y no al revés. Sería deseable que todo poeta trabajase así, aunque no siempre al precio de quemar la obra previa, llevado por la poesía, de ópera prima en ópera prima, sin caer en la escritura rutinaria que a menudo se presenta como la madurez de la voz propia. Como escribe Ponce, es una poesía para descifrar, en trabajo análogo al del poeta al componer:
.
Aquella tarde se me llenaron los pies de historia
recorriendo los adoquines otoñales
mientras el sol se escondía
para que la luna en su cabello
se viese aún más clara
Es un desciframiento de a ratos arduo para el lector, pero vale la pena.
ÁNGELUS, de Diego Ponce. Yaugurú, 2025. Montevideo, 80 págs.