Agua

HAY CONSENSO en que el teatro de vanguardia empezó la noche del 10 de diciembre de 1896 cuando se gritó la primera palabra de Ubú rey: "¡Mierdra!". Su autor, Alfred Jarry, un hombrecito que se caracterizaba por su eterna bicicleta, su manera de hablar "ubuesca", su revólver (hacía prácticas de tiro en los lugares más insólitos), su extraordinaria bondad y su macabro sentido del humor, para no hablar del alcoholismo que lo mató a los 34 años de edad, su autor, decíamos, ubuescamente, mayestáticamente, fue el "niño terrible" de la literatura. Y resulta muy dudoso que ese gran instintivo, ese "niño" que destruyó el mundo, por lo menos el viejo mundo teatral, haya sido consciente de los verdaderos alcances de su obra. ¿Qué significa Ubú rey? Hay infinitas interpretaciones. Claro que bien puede leerse Ubú rey y secuelas (Ubú cornudo, Ubú encadenado) como una demoledora sátira de la mentalidad burguesa. El Padre Ubú, por ejemplo, es glotón, cobarde, avaro, estúpido, de una ordinariez aplastante, traidor, etc. Madre Ubú, cuando pretende convencerlo de que asesine al rey y ocupe el trono, le dice: "Podrías aumentar indefinidamente tus riquezas, comer butifarra muy a menudo y pasearte en carroza por las calles". El sueño, expresado en forma infantil, brutal, jarrynesca, de todo burgués que se respete. Verdad que posiblemente Jarry no quería atacar a los burgueses; como buen "niño" sólo quería destruir absolutamente todo. Como un niño destripa un reloj. ¡Qué curiosa es la fundación del teatro moderno! Strindberg, Jarry, Artaud. Tres "locos" hicieron la revolución. Por supuesto, el más cuerdo y encantador fue Jarry. Ya que hoy día aparentemente está prohibido leer obras teatrales, quiero recomendarles (entre la profusa obra del buen Jarry, que también incluye desopilantes novelas como El supermacho o Hechos y opiniones del doctor Faustroll, patafísico) un pequeño volumen del Centro Editor de América Latina. Se titula Costumbres de los ahogados y reúne algunos de sus trabajos periodísticos. Entre otros muchos temas, no podía faltar el agua: "¿Cuándo llegará el momento en que ya no sea necesario recordar que los antialcohólicos son enfermos presas de ese veneno, el agua, tan disolvente y corrosivo que ha sido elegido entre todas las sustancias para las abluciones y lavados, y una de cuyas gotas, volcada en un líquido puro - el ajenjo, por ejemplo- lo enturbia?". En otro artículo, insiste: "Investigadores anónimos pero dignos de fe nos comunican, a propósito de nuestro reciente artículo sobre el veneno agua, sus observaciones personales respecto al poder destructivo de este agente aplicado a diversas sustancias alimenticias. El azúcar, parece, es desgastado y aniquilado por él en un instante. Nos ha faltado tiempo para controlar esta experiencia". (Por nuestro lado, con estas líneas apenas intentamos acercar nuestro humilde aporte a la disputa sobre el agua entre los ambientalistas, los alcohólicos y el Rey de España).

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