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Ni veredas, ni aviones

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El soneto es una obra poética compuesta por catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Hay reglas para sus rimas. Su origen parece español gracias a los de Lope de Vega, Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Quevedo o Cervantes. No es así. Es italiano y se remonta a Dante Alighieri y Petrarca.

La palabra enmienda viene del verbo enmendar. Significa “Arreglar, quitar defectos, resarcir, subsanar los daños”.

De la conjunción de estas palabras surgió el refrán “es peor la enmienda que el soneto”.

Es que a veces el arreglo de una composición mala es peor.

Esto aplica a la gestión del gobierno del Frente Amplio en Pluna. Una mala decisión inicial fue objeto de horribles arreglos posteriores.

Sus coletazos llegaron esta semana cuando nos enteramos que hay otros 80 millones de dólares más de pérdidas.

El camino de errores comenzó con la pedante frase del ministro de Economía Astori: “lo que empieza bien, termina bien”.

Todo un presagio.

El contrato inicial que se firmó con el inversor fue muy malo. Este no tenía plata, aviones ni garantías.

El FA le dio el aval del Estado para comprar los aviones. ¡Aceptó un negocio hecho con la plata nuestra, la fianza del país!

En contrapartida solicitó al inversor una garantía para el caso que el Estado tuviera que responder por el aval.

Le ofrecieron hipoteca sobre los mismos aviones que se compraban y ¡aceptó!

Nadie se planteó que si para quien vendía los aviones la hipoteca no era suficiente tampoco lo era para el Estado. Si el valor no era aceptable para el vendedor era evidente que tampoco lo era para el país.

Lo que empezó mal terminó mal.

El proyecto quedó herido de entrada. El peso financiero del pago de la compra de los aviones fue insostenible.

Luego pasó lo conocido.

Problemas de caja, deuda con Ancap, el BROU y otros proveedores. Finalmente el cierre.

En ese momento intentaron enmendar el mal soneto y fue peor.

En 2012 nos llamaron de apuro con el senador Amorín a una reunión con los ministros de Transporte y Obras Públicas y de Economía. Con el reflejo propio de integrar un partido con vocación de gobierno fuimos a ayudar.

Nos informaron que la culpa de todo era de Varig y no de la privatización hecha por el FA. Que el país corría el riesgo de ser condenado en 3500 millones de dólares.

Leyó bien: tres mil quinientos millones de dólares.

Afirmaron que existía una sentencia de la Justicia brasileña que significaba un riesgo por ese monto y estaban trabajando con el gobierno los tres mejores estudios jurídicos del Uruguay. Anunciamos que nos entrevistaríamos con ellos.

Dudaron. Pidieron que con dos no habláramos. Nos llamó la atención.

Repartimos las llamadas con el senador Amorín. José pidió la sentencia a uno y no le suministraron la misma. Llamé a los otros dos y, sorpresa, ambos me respondieron que no estaban trabajando con el gobierno. Por lo contrario representaban a acreedores e inversores privados en Pluna contra el Estado.

A la salida de la reunión nos cruzamos con los senadores blancos, Carlos Moreira, Jorge Larrañaga y Luis Alberto Heber. Les contamos lo sucedido. Moreira me dijo “no les creo nada”.

Tenía razón.

Llamé a un abogado en San Pablo y averigüé sobre la sentencia de los 3500 millones. No existía. Lo que había eran unas pocas demandas, algunas ya rechazadas. Si se perdían todas no se llegaba al medio por ciento de la cifra.

Nos enteramos de más cosas.

Por ejemplo, que el FA le pagó despido y firmó una carta de indemnidad a Campiani cuando lo desvinculó. Carta de indemnidad que también le dio a Varig cuando recobró las acciones. Lo que impedía reclamar.

Además el FA contrató al abogado de Campiani que lo asesoró para modificar la ley de concursos de forma tal que los créditos del Estado tuvieran un privilegio que no tenían. Perjudicando a los créditos laborales y de otros acreedores.

Avisamos que era inconstitu- cional.

No escucharon.

Como si no fuera suficiente aparece otro error: el del remate de los aviones. Pusieron una base de 130 millones de dólares. Preguntamos por qué ese monto y respondieron que era la deuda. No distinguían deuda de valor del bien hipotecado. Primero de facultad, derecho civil, te mandan a marzo.

Avisamos que no valían setenta.

Insistieron y apareció Cosmo, el caballero de la derecha y el aval. Terminaron procesados el ministro de Economía y el presidente del BROU.

Se anuló el remate, los aviones se vendieron en setenta y quedó el agujero que se sigue agrandando y pagamos todos.

Me pregunto cómo fue posible tanta impericia. Si es que fue eso que supongo lo fue.

Recuerdo lo que un día me comentó un alto funcionario del gobierno del FA: “tomamos las armas para cambiar el mundo en los sesenta; hoy desde el gobierno no podemos arreglar las veredas”.

El problema que tienen es que el mundo socialista con el que soñaban fracasó. No existe. Entonces deben funcionar en uno capitalista en el que no sólo no saben manejarse.

No lo entienden.

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