A tener en cuenta

El Gobierno de la Nación argentino y el de la Provincia de Buenos Aires coinciden en la decisión política de impulsar la construcción del Canal Magdalena y en pasar del proyecto a las obras. La prensa especializada, técnicos y diferentes autores han enumerado las ventajas y beneficios que la nueva vía de navegación. Es un asunto complejo que, inevitablemente, todavía encierra muchas incógnitas. Incluyendo las que derivan de la cercanía de las elecciones.

Entre las numerosas razones esgrimidas por los partidarios del proyecto -que parecen ser la gran mayoría, o por lo menos los que llevan la voz cantante- figuran dos argumentos que tocan más directamente a los intereses uruguayos y que deberíamos analizar con detención.

La primera, que ya comentamos, se refiere al Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, suscrito en 1973. Se suele sostener como argumento a favor del proyecto que los buques que hacen uso del canal de navegación principal para llegar a Buenos Aires y los demás puertos argentinos, o para retornar al océano Atlántico, pasan por “aguas extranjeras” o deben “pedir permiso” a nuestro país. Estas afirmaciones reflejan, en el mejor de los casos, una sorprendente ignorancia de cual es el régimen jurídico de la navegación comercial y los canales pactado por Argentina y Uruguay.

En síntesis: primero, las aguas de uso común en el Río de la Plata no son “extranjeras” para argentinos y uruguayos, son, como dice el Tratado, aguas de uso común; segundo, los canales de navegación en esas aguas son administrados por el Estado que los construye; tercero, se aplica el instituto de la libre navegación; finalmente, no hay que pedirle permiso a la otra Parte para navegar por el río.

La segunda afirmación se refiere al impacto que tendría la obra sobre la posición de Montevideo como puerto exportador de servicios a la región. En este respecto es posible pensar en dos grandes temas: el transbordo y tránsito de cargas del puerto en sí mismo, y la venta de servicios a la navegación y las mercaderías en la Zona Alfa y similares, cercanas al litoral uruguayo.

Es aconsejable tomar nota de las declaraciones de un distinguido experto argentino quien opinó que “El primer y principal impacto favorable del Canal Magdalena sobre la economía argentina, sería la contratación de todos los servicios en el país”. Con ese fin, se plantearía instalar una “zona de servicios conexos a la actividad naviera en Punta Piedras, General Lavalle y San Clemente de Tuyú” capaces de ofrecer todos los “servicios que hoy se prestan desde Montevideo”.

Pero, en principio, los armadores, una especie conocida por su independencia, tomarán la decisión de utilizar, o no, la Zona Alfa y las demás áreas de servicios cercanas a la costa uruguaya de acuerdo a sus intereses, los costos y la calidad de los servicios ofrecidos. La idea de que la apertura del nuevo canal determinará automáticamente que los navieros abandonen los servicios disponibles en este lado parece demasiado optimista. De cualquier forma, es un llamado de atención para nuestro país.

En cuanto a la venta de servicios portuarios para el transbordo o tránsito de cargas. En este caso, la clave será lo que suceda con el Canal Punta Indio.

Son muchos los desafíos potenciales y sería aconsejable prepararse con tiempo para enfrentarlos.

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