La miopía se ha convertido en uno de los principales desafíos de la salud visual en la infancia y la adolescencia. En las últimas décadas, su prevalencia aumentó de forma sostenida y los especialistas advierten que los cambios en los hábitos cotidianos —más pantallas y menos tiempo al aire libre— están en el centro del problema. La pregunta ya no es si el fenómeno existe, sino qué se puede hacer para frenarlo.
Diversos expertos en oftalmología sostienen que una parte significativa de la pérdida de visión puede prevenirse o tratarse si se actúa a tiempo. La profesora Lauren Ayton, subdirectora del Centre for Eye Research Australia en la Universidad de Melbourne, ha señalado públicamente que cerca del 90 % de los casos de pérdida visual podrían evitarse o manejarse con hábitos saludables, actividad física y controles periódicos.
Una tendencia que preocupa
Un estudio publicado en el British Journal of Ophthalmology mostró que la proporción de niños y adolescentes con miopía pasó de 24,32 % en 1990 a más de 35,81 % en 2023, y proyecta que podría acercarse al 40 % en 2050. Las cifras son más elevadas en zonas urbanas y en población adolescente, lo que refuerza la hipótesis de que el estilo de vida tiene un peso relevante.
El doctor Esteban Travelletti, de la división de Oftalmología del Hospital de Clínicas, explicó que la miopía infantil puede estar influida por factores genéticos, pero también por variables ambientales como el trabajo de visión cercana, el uso prolongado de celulares y tabletas y la escasa exposición a espacios abiertos. Según advierte, estos factores pueden acelerar la progresión del trastorno.
En la misma línea, la doctora Flora Hui, científica clínica del Centre for Eye Research Australia, ha indicado que pasar más tiempo al aire libre favorece un desarrollo ocular saludable. Una de las teorías más aceptadas plantea que la luz solar estimula la liberación de dopamina en la retina, un neurotransmisor que ayuda a regular el crecimiento del ojo y podría reducir el riesgo de miopía.
Pantallas, descansos y prevención
Frente al avance de la miopía, los especialistas recomiendan medidas concretas y fáciles de aplicar en casa y en la escuela. Una de las más difundidas es la regla 20-20-20, promovida por la Mayo Clinic: cada 20 minutos frente a una pantalla, mirar durante 20 segundos un punto ubicado a unos seis metros. Este simple hábito ayuda a disminuir la fatiga visual.
La Academia Americana de Oftalmología también insiste en limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos y alternarlo con pausas activas y actividades al aire libre. Jugar afuera, practicar deporte o simplemente pasar más tiempo en espacios abiertos permite enfocar la vista a distancia y reduce la sobrecarga de visión cercana.
Aunque la miopía concentra la atención en la infancia, no es el único problema visual relevante. A partir de los 40 años suele aparecer la presbicia, asociada a la pérdida de flexibilidad del cristalino. Instituciones como Cleveland Clinic estiman que miles de millones de personas en el mundo la padecen, con síntomas como dificultad para ver de cerca, dolor de cabeza y cansancio ocular.
En el caso de cataratas y glaucoma, los controles periódicos resultan fundamentales para detectar cambios a tiempo y retrasar su progresión. No fumar, utilizar protección solar ocular y concurrir al oftalmólogo de manera regular son pilares básicos de la prevención.
En síntesis, la evidencia apunta a tres ejes claros para proteger la salud visual: moderar el uso de pantallas, fomentar el tiempo al aire libre y sostener controles oftalmológicos desde edades tempranas. En un contexto donde el mundo se mira cada vez más a través de una pantalla, recuperar el equilibrio puede ser la mejor estrategia para ver con claridad en el futuro.
En base a El Tiempo /GDA