María Victoria Salgueiro - La Nación (GDA)
La vida se organiza en ciclos de nueve años, según la numerología, y cada uno propone aprendizajes, desafíos y oportunidades diferentes. Esta disciplina parte de una premisa central: la vida es movimiento constante. Dentro de este marco, el Año Universal señala la energía colectiva que atraviesa a todas las personas del planeta entre el 1 de enero y el 31 de diciembre.
Para identificarlo, se reducen los dígitos del año a un solo número. En 2026, la suma es 2 + 0 + 2 + 6 = 10, y 1 + 0 = 1. De este modo, entramos en un Año Universal 1, una etapa asociada a los nuevos comienzos y al inicio de un ciclo completamente renovado.
María Laura Abad —terapeuta espiritual, especialista en terapias vibracionales y numerología sagrada— explica que este pasaje es especialmente significativo porque marca el inicio de un nuevo ciclo de nueve años.
“El Año 1 es mucho más que un nuevo año: es una puerta energética que se abre. Marca un comienzo real, un punto desde el cual todo puede renovarse”, afirma Abad.
Según la especialista, esta etapa invita a que emerja una nueva identidad, más alineada con lo espiritual, con la autenticidad personal y con quiénes somos de manera integral. La energía del Año 1 pide coherencia entre el pensar, el sentir y el actuar, y propone un profundo llamado a reinventarse, crear una vida con sentido y propósito, y alinear ese propósito también al servicio.
2025: el cierre del Año Universal 9
El 2025 fue un Año Universal 9, número vinculado a la sabiduría, la compasión, la humildad, la conciencia colectiva y la hermandad. Es un período que invita a cerrar ciclos, soltar lo que ya no tiene sentido y completar procesos pendientes.
“Todo lo que hayamos podido procesar y cerrar en el Año 9 influye directamente en cómo iniciamos el nuevo ciclo”, explica Abad. En numerología, el 9 representa el punto de síntesis, el final necesario antes de un nuevo comienzo.
2026: el nacimiento de un nuevo ciclo
El Año Universal 1 trae una energía de inicio, impulso, protagonismo, autenticidad y creación consciente. Es un tiempo propicio para tomar decisiones, avanzar con determinación y elegir con claridad el camino que se quiere recorrer durante los próximos nueve años.
Para Abad, la clave está en un equilibrio sutil: habitar plenamente el aquí y ahora, pero proyectar desde ese presente consciente el futuro que deseamos construir.
“Todo lo que sembramos en un Año 1 va a dar frutos a lo largo del ciclo que comienza”, sostiene.
La energía del 1: sincronicidad, alquimia y renacimiento
El número 1 activa con fuerza la sincronicidad, esa sensación de que ciertos hechos aparentemente casuales están profundamente conectados. Cuando entramos en ese ritmo —como retomar el compás de una canción— se vuelve más fácil percibir claridad, guía y dirección.
Además, esta vibración conecta con la energía del mago y el alquimista interior: la capacidad de transformar, reinventarse y convertir lo viejo en nuevo. Es la energía del ave fénix, el poder de renacer todas las veces que sea necesario como una forma de honrar la vida.
El Año 1 también invita a la excelencia, a la impecabilidad personal, a brillar desde la autenticidad y a abrir caminos propios, incluso cuando no coinciden con los de la mayoría. Es un año para innovar, actualizarse, renovar y asumir la independencia creativa.
Liderazgo y acción: ser protagonistas de la propia vida
La energía del Año Universal 1 impulsa un liderazgo consciente: primero sobre la propia vida y, desde allí, también para acompañar a otros. Es una energía activa y creadora, que invita a moverse, iniciar y atreverse sin quedar paralizados por la mirada externa.
Mientras el Año 9 ponía el foco en lo colectivo, el Año 1 resalta lo individual, lo único, aquello que nos diferencia.
“El Año Universal 1 tiene el empuje que nos hace mover el mundo; y cuando el mundo no se mueve, nos da la fuerza para movernos nosotros y crear uno nuevo”, resume Abad.
5 claves para aprovechar la energía del Año Universal 1
- Definir una intención clara y poderosa para este nuevo ciclo.
- Volver al presente consciente, donde nacen las mejores decisiones.
- Animarse a empezar, ya sea un proyecto, un cambio laboral, un viaje o una transformación interna.
- Prestar atención a las señales: la sincronicidad se manifiesta en coincidencias y oportunidades.
- Honrar la voz interna y seguir el propio camino, aunque no se parezca al de los demás.